Cristofer “el Látigo” Rosales parecía haber encontrado el camino para volver a tener una oportunidad para ser campeón mundial. Se medía a un peleador mexicano de 13 peleas, número 14 en el ranking de las 112 libras, mientras el excampeón mundial nicaragüense estaba en el primer puesto. Ganar era cuestión de tiempo, sin embargo, el muchacho Ángel “el Camaleón” Ayala devoró por completo al primo de Chocolatito. Lo inutilizó, convirtiéndolo en un peleador errático, lo hizo ver lento e impreciso, sin pegada, sin capacidad para cerrar los espacios, acortar el ring y cambiar de estrategia. Rosales perdió por decisión unánime (120-107, 116-111 y 116-112) en México y se despide del chance titular en el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Rosales era el hombre de experiencia, había podido sortear a Daigo Higa y Paddy Barnes, pero a pesar de haber mostrado una buena condición física, la cual le sirvió solo para terminar en pie la pelea, la noche del sábado, se vio extremadamente limitado, frágil en estrategias y sin recursos para resolver a un muchacho azteca mucho más completo, que entraba y salía golpeando con certeza a Rosales, que descargaba la mano izquierda a su antojo en gancho, que cambiaba de guardia y enloquecía al capitalino, que lograba burlar las mejores combinaciones de su rival con movimientos de cintura, pasos hacia atrás o a los costados, que lo derrotó en todos los terrenos, incluyendo en el intercambio como sucedió en el tercero y séptimo asalto cuando hizo tambalear a Rosales tras combinaciones de izquierda y derecha rapidísimas al rostro y dejarlo jadeando en el quinto con golpes al hígado.
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A Cristofer solo le alcanzaba con un nocaut para ganar, pero si vio debilitado, aun cuando físicamente lucía con mucho más peso. Sin necesidad de hacerlo, el Camaleón se fajó en el último asalto, parte de su inexperiencia para dar espectáculo, aún así, Rosales no lo pudo encontrar, su lentitud en los despliegues e incapacidad para mantenerlo en las cuerdas o esquina, le daba la oportunidad al oponente de salir con mucha tranquilidad. Desesperados por lo que veían, Marcos Caballero y Róger González, esquinas del Látigo, le decían que tomara la iniciativa y entregara todo para noquear, pero fue inútil, ese peleador que vimos coronarse ante el japonés Higa y que impresionó en su primera defensa de la corona mundial ya no existe. Tendrá mucho por hacer si quiere regresar al reino de los monarcas mundiales.