El académico de España, Carlos García Gual, presentó el 21 de marzo recién concluido, en la sede de la Real Academia Española (RAE) en Madrid, su último libro titulado Prometeo. El mito del dios rebelde y filántropo.
García Gual, académico y helenista conocedor amplio y profundo de la mitología griega, conversó en la presentación de su obra con otra eminente personalidad literaria española, la escritora y filóloga clásica Irene Vallejo.
La información acerca del evento literario fue presentada en la página web de la RAE, en la cual se reporta que García Gual aseguró que “la mitología griega tiene ese encanto especial de que no está fijada en una Biblia para siempre… Es reelaborada una y otra vez por poetas y pensadores”. Pero el de “Prometeo —siguió diciendo el helenista hispano— es el mito más claro en ese sentido: tenemos una versión antigua épica que está en los poemas de Hesíodo; también en la gran tragedia de Esquilo; posteriormente en una narración de Platón; y en cada uno de esos relatos va apareciendo un nuevo rostro de este personaje inquietante”.
Ciertamente, los mitos griegos siempre han sido reelaborados por mitógrafos, mitólogos, poetas y escritores especializados en los temas clásicos de la antigüedad. Sin embargo, los mitos no cambian, conservan siempre su sentido y mensaje original.
Prometeo, dice García Gual, es “un antiguo dios, un titán que, por un lado, destaca por su inteligencia y se puso al lado de Zeus en la lucha contra los titanes, pero, por otra parte, por amor a los hombres, por filantropía, desobedeció al dios supremo y robó el fuego para salvar a la humanidad de la muerte y del frío, y por ello tuvo que sufrir por muy largo tiempo”.
No he leído este libro de Carlos García Gual, pero poseo varias versiones del mito de Prometeo, las que más allá de sus diferencias mantienen —como ya se ha dicho— el sentido original del dios primordial que reta a Zeus y se sacrifica por el bien de la humanidad.
En la Teogonía, de Hesíodo, que como se sabe narra el origen de los dioses y describe su linaje, Prometeo es hijo de Jápeto y nieto Gea (la Tierra) y Urano (el cielo), los primeros dioses después del Caos.
Como ha dicho García Gual, Prometeo es uno de los titanes que no apoyó a sus hermanos cuando quisieron derrocar a los dioses del Olimpo, más bien respaldó a Zeus.
En la versión del mitólogo y mitógrafo francés de la primera mitad del siglo XIX, Jean Francois Michele Noël, Prometeo tuvo la idea genial de crear al hombre. Para eso contó con la ayuda de Atenea, diosa de la inteligencia y la sabiduría, quien le dio a los hombres el temor de la liebre, la sutileza de la zorra, la ambición del pavo real, la fiereza del tigre y la fuerza del león.
Pero no les dio inteligencia ni habilidad para cocinar sus alimentos y protegerse del frío, de manera que los hombres fueron iguales e incluso inferiores a los demás animales, que al menos tenían sus cuerpos cubiertos con apropiadas pieles.
Insatisfecho por eso con su obra, Prometeo decide robar fuego del cielo para darle inteligencia a los hombres y con esta la capacidad de cocinar su comida. De esa manera los hombres dieron el gran salto cualitativo de la animalidad a la humanidad.
Zeus se enfureció por la osadía de Prometeo y mandó a Hermes que lo apresara, lo llevara a una montaña del Cáucaso y lo encadenara allí a una roca donde un águila le roería el hígado eternamente.
Pero Heracles (Hércules) liberó a Prometeo de su suplicio, y como era hijo de Zeus convenció al dios supremo que lo perdonara y quitara el castigo.
El sentido de este mito, dice Michel Noël, es que Prometeo es un dios civilizador que baja a la tierra y termina sacrificado por el bien de la humanidad, la que después es glorificada gracias a su liberación, o sea a su resurrección.