Arnol Rizo era un jugador llamado a ser figura del beisbol nacional y reinar por mucho tiempo por su habilidad de robar bases, ganar bases por bolas y su bateo de contacto, además de su amplia cobertura en el fildeo. Era el jugador sensación. Feniba lo había llamado para ser parte de la Selección Nacional y ser parte de los Juegos Centroamericanos, en León era visto como el prospecto hecho realidad y hasta los Orioles de Baltimore habían mandado a un scout para valorar si lo firmaban para el beisbol organizado. No obstante, todo cambió en 2017 cuando salía de un cumpleaños en la finca Santa Rosa. Eso marcó un antes y un después en la carrera del ahora mejor bateador del Pomares (.480).
Esa noche Rizo viajaba desde Malpaisillo en su moto, pero en una curva no la pudo controlar y se estrelló. Ese error le costó caro. Quedó fuera de la selección y del beisbol por dos meses, la herida en su pie derecho que fue grande se le infectó y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Rizo había perdido más que solo 60 días de tiempo, perdió la confianza en sí mismo. Rizo debía empezar de cero a entrenarse, se sintió solo y sus “amigos” se esfumaron. “En esos momentos te das cuenta que solo tenés a la familia”, explica.
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Sus números bajaron considerablemente. Terminó la temporada siguiente por debajo de .300 de promedio y en las dos siguientes ni siquiera llegó a .200 (.156 y .143). El equipo de León lo había dejado en espera porque no le interesaba inscribirlo por ese pobre rendimiento. “No todo fue culpa del accidente, pero en cierta forma fue el principal responsable. Hay muchas cosas que te hacen perder la confianza y lo mío cada vez se fue haciendo más grande”, comenta Rizo.
Para sobrevivir, Rizo se dedicaba junto con su actual esposa a trabajar en una panadería, haciendo reposterías. “Siempre me ha gustado el trabajo y uno debe aprender a subsistir en lo que salga. En ese tiempo todo me estaba saliendo mal y todos me daban la espalda”, confiesa. Ahora Rizo siente que ha superado esos años amargos en los cuales aprendió a salir de ese poso de las angustias para regresar nuevamente al foco mediático que se merecía, producto de sus proyecciones, pero que había quedado enterrado. “No pienso en ser líder de lo bateadores siendo honesto, quiero tener una buena temporada, ganar el título con León y regresar a la Selección Nacional”, dice.
Con 30 años se sigue sintiendo un joven, con la diferencia que posee 11 años de experiencia en primera división. “Trato de transmitirle a los nuevos jugadores del equipo lo poco que sé. Somos un grupo muy maduro que está en un gran momento. Solo espero seguir creciendo, seguir estableciéndome como un buen jugador. La vida me ha enseñado mucho a tan corta edad”, concluyó.