Las “democracias” de Putin y Xi Jinping

Los autócratas de Rusia y China, Vladímir Putin y Xi Jinping, aseguran que en sus países hay democracia. Solo que su democracia es distinta a la de Occidente, dicen, porque la cultura y filosofía de la vida en sus países son diferentes. 

Incluso sostienen que sus Estados son más democráticos que Estados Unidos, Europa y los países de Asia que han seguido el modelo occidental, porque en estos la democracia solo es política y en los de ellos es también económica y social.

Sin duda que la cultura y las tradiciones nacionales influyen en los sistemas políticos de los distintos países y le imprimen su sello particular a la democracia. Hay notables diferencias de cultura y tradiciones entre Francia, Costa Rica y Estados Unidos, por ejemplo, pero sus sistemas políticos son iguales en lo fundamental, se inspiran en los mismos valores y principios, y se sostienen en iguales instituciones. Si no existen estas instituciones es imposible que haya una genuina democracia. 

La ciencia y la práctica de la política enseñan que hay un denominador común mínimo que identifica a todas las democracias, independientemente de cómo se  concretan en la realidad de cada país. Ese mínimo denominador común es la existencia no solo en el papel sino también en la práctica, de las libertades de asociación y movilización política, de opinión y de prensa, de confesión religiosa, etc. Además, elección periódica de los gobernantes, alternabilidad en el poder y rendición de cuentas. Así como el Estado de derecho, la separación de poderes y la justicia independiente. Y que el poder se someta a la ley, no que esta se subordine al interés de los poderosos.

Los líderes autoritarios hablan de que sus sistemas de poder son democracias económicas y sociales, populares, directas, participativas o revolucionarias. Los comunistas soviéticos y de los países de Europa Central y Oriental que fueron sometidos por la Unión Soviética al final de la II Guerra Mundial, llamaban oficialmente  “democracias populares” a sus regímenes, pero ellos mismos decían que eran una modalidad de la “dictadura del proletariado”.

El húngaro Gyorgi Lukáks, uno de los más importantes teóricos marxistas leninistas de esa época, acuñó el concepto de que el régimen comunista era una “dictadura democrática” porque ofrecía la “posibilidad de crear las formas organizativas con cuya ayuda las amplias masas trabajadoras puedan defender sus intereses frente a la burguesía…”

Eso es palabrería. La verdad es que para que haya democracia en cualquier  país, además de tener las instituciones antes mencionadas, también debe cumplir los tratados y acuerdos de derecho internacional que establecen los requisitos fundamentales del sistema democrático. En particular la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que rige para todos los países del mundo, y para los Estados del hemisferio occidental también la Carta Democrática Interamericana.

Los países donde los gobernantes no  respetan esos documentos constitutivos de la democracia, no pueden ser democráticos. Aunque sus líderes autocráticos como Putin, Xi Jinping y sus asociados en América Latina y el Caribe, se empeñen en asegurar lo contrario.

Editorial China Vladimir Putin Xi Jinping archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí