A propósito de que el recién pasado 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, se me ocurrió escribir sobre Safo, la insigne poetisa griega calificada por Platón como “la décima Musa”.
El tema lo tomo también del libro Bulfinchs Mitology (en español La Mitología de Bulfinch), que me obsequió el buen amigo Carlos Muñiz, como ya tomé antes los de “Nisus y Escila”, y “Simonides y el lamento de Dánae”.
Safo, como Simonides, tampoco es un personaje de la mitología, pero sí legendario. Fue una poetisa romántica de la antigua Grecia, la más grande de aquella época y de todos los tiempos según algunos.
Las leyendas que se tejieron alrededor de la vida y obra de Safo la convirtieron en un mito. El mito de que se enamoraba de mujeres y tenía relaciones sexuales con ellas, haciéndola el arquetipo del amor lésbico, llamado así porque ella era originaria de la ciudad de Mitilene, en la isla de Lesbos.
Sobre Safo publiqué un artículo en LA PRENSA del 17 de febrero de 2012, con el título “La musa Erato y la poetisa Safo”. Pero era más sobre Erato, la musa de la poesía de amor, pues el artículo fue escrito con motivo de que se estaba celebrando en Nicaragua el octavo Festival Internacional de Poesía de Granada.
Bulfinch no incluye a Safo en su libro por su supuesta inclinación al amor pasional hacia otras mujeres y a la relación sexual con ellas.
En realidad, según los historiadores no hay ninguna prueba de que Safo practicara el sexo con otras mujeres. Lo único que hay son suposiciones a partir de interpretaciones de algunos de sus poemas, de los cuales, por cierto, solo se rescataron algunos fragmentos. Como el que cité en el artículo que he mencionado antes, el cual dice:
De ellas ver quisiera su andar amable,
y la clara luz de su rostro,
antes que a los carros lidios,
o a mil guerreros llenos de armas.
Pienso que en este verso en vez “de ellas” Safo pudo haber escrito “de ellos” y en la traducción convirtieron el masculino en femenino… ¿quién sabe?
La periodista cultural española especializada en arte e historia, Ana Echeverría Arístegui, escribe que en la sociedad griega antigua no existía prácticamente la relación sexual entre mujeres. Y en el caso de la famosa isla de Lesbos, de la que se derivó la palabra lésbico como amor y relación sexual entre mujeres, señala que realmente “la innovación erótica que los griegos atribuían a sus habitantes… no era el sexo entre mujeres, sino la felación”.
Agrega la mencionada periodista española en un ensayo publicado en ABC cultural, que “de lo que nosotros llamamos lesbianismo existen muy pocos testimonios. En los coros femeninos de Esparta, las cantantes solían alabar la belleza de la solista, pero podría tratarse de una táctica para promocionar a una amiga como futura esposa, más que de una expresión de erotismo”.
De lo que sí hay referencias históricas es de que Safo se casó siendo bastante joven con un comerciante rico, quien murió al poco tiempo pero le tuvo un hijo al que llamó Cleis, el mismo nombre del padre de ella.
Se conoce también que Safo se enamoró profundamente de un apuesto varón llamado Faón, quien era tan hermoso, según la leyenda, que la misma diosa Afrodita se enamoró de él, aunque no se sabe si lo habría seducido.
Pero el apasionado amor de Safo hacia Faón no fue correspondido. Y en despecho, dice el escritor español José Antonio Pérez-Rioja en su Diccionario de Símbolos y Mitos y Leyendas, “se precipitó en el mar desde lo más alto de la roca de Leucade”, donde según la tradición solían suicidarse las personas que sufrían por frustraciones amorosas.
Es lo mismo que cuenta Bulfinch sobre Safo, la poetisa inmortal. Por su parte, el mitólogo francés Jean Francois Michele Noël agrega que después de la muerte de Safo, los habitantes de Lesbos la divinizaron, erigieron un templo para rendirle culto y grabaron su efigie en las monedas.