Marzo 2020 marcó un antes y un después en el mundo. El 11 de ese mes se declaró pandemia a la covid-19 y para entonces los países empezaban a cerrar fronteras, prohibir actividades públicas y decretar aislamientos.
Las autoridades en Nicaragua no tomaron ninguna de estas medidas y, al contrario, el Gobierno nunca dejó de promover actividades masivas. Sin embargo, ante los llamados de la comunidad médica los nicaragüenses que pudieron se aislaron, empezaron a trabajar desde casa y dejaron de realizar prácticas básicas como saludar de beso, velar a sus difuntos masivamente, entre otras cosas.
A medida que ha avanzado la vacunación y, aunque las variantes se han vuelto más contagiosas pero menos peligrosas, muchas de las prácticas se han ido relajando. Sin embargo para un gran cantidad de personas estas llegaron para quedarse.
Muestras de afecto y saludos
Las primeras recomendaciones de las autoridades de salud incluyeron: mantener distancia física de las personas con quienes no se convive y evitar saludos de manos, abrazos y besos.
Esto supuso, según psicólogos consultados, un cambio drástico para los nicaragüenses, acostumbrados a dar muestras efusivas de cariño. El psicólogo Kevin Vega explicó que cuando el contacto físico se elimina, el cuerpo resiente la ausencia y eleva los sentimientos de tristeza, soledad, lejanía, entre otros, que llevan a desestabilizar a las personas.
Más presupuesto para compras
Otras medidas para evitar los contagios fueron: lavado constante de manos y, en caso de no poder hacerlo, uso de alcohol; uso de mascarillas y desinfección constante de superficies. Los precios de todos estos productos se elevaron al inicio de la pandemia e incluso hubo un momento donde apenas se lograban encontrar en el mercado.
Ahora, aunque se sabe que la principal forma de contagio es de persona a persona por medio de gotitas que se liberan cuando se estornuda, tose o habla, las medidas de limpieza no han dejado de ser recomendación básica.
Las familias tienen que incorporar a sus compras cotidianas el alcohol, mascarillas y productos desinfectantes. Esto supone más gasto para los hogares integrados por personas que salen a trabajar y que estudian, quienes deben asegurarse, al menos, un cubrebocas al día.
Casas convertidas en oficinas o centros de estudio
Las empresas que pudieron enviaron a sus trabajadores a laborar desde sus casas. De igual forma hicieron los colegios y universidades privados, ya que el Estado no decretó cerrar las escuelas públicas. Esta medida no aplicó para gran parte de la población nicaragüense con trabajos informales.
En algunos hogares —de quienes podían— se tuvieron que acondicionar espacios para que las personas trabajaran o recibieran clases de forma virtual. Muchos no estaban acostumbrados a esta forma de laborar o estudiar, poco común hasta entonces en el país, pero tuvieron que irse adaptando.
A medida que lo picos de contagios fueron descendiendo, muchas de las empresas retomaron los trabajos presenciales y los colegios o universidades pasaron a modalidad «semipresencial», es decir estudiando algunos días en casa y otros asistiendo a los centros de estudio.
Pero todo indica que el trabajo remoto —que puede ser ejercido ya no solo desde casa— es una de las transformaciones que llegó para quedarse.
Cambios en los velorios y entierros
La tradición en Nicaragua, al igual que en otros países, es que cuando una persona muere se debe velar por un día y una noche. La casa del fallecido se llena de amigos, parientes y vecinos que acompañan a la familia en el luto. Se suelen repartir meriendas y al día siguiente llevar el cuerpo al cementerio, a donde también asisten la mayoría de las personas que estuvieron en la vela.
Pero cuando la covid llegó, esta práctica se vio interrumpida, primero porque al inicio se pensaba que los cadáveres de las personas que fallecieron por covid podían transmitir el virus y segundo por la aglomeración de personas que representan las velas y los funerales.
Muchas familias tuvieron que llevar los cuerpos de los difuntos directo del hospital al cementerio, sin siquiera abrir el ataúd por orden del hospital. A decenas les tocó llorar a sus muertos en soledad y sin recibir un abrazo de pésame.
Nuevas medidas de higiene
También la covid trajo nuevas medidas de higiene básicas, pero cuya necesidad se vio a raíz del virus. Por ejemplo lavar las compras del mercado o supermercado, más allá del peligro que pueda representar en los contagios, las personas la realizan para desinfectar productos que han pasado de mano en mano.
Echarle alcohol o lavar los billetes y monedas; usar la mascarilla incluso en reuniones familiares porque alguien tiene tos, y restringir las visitas en los hogares o las salidas son otras de las medidas que aún se siguen poniendo en práctica.