Daniel Ortega, de 44 años, en el cierre de campaña de su segunda candidatura presidencial, en 1990. Tomada de internet

Hace 32 años se realizó la concentración más grande del sandinismo: el cierre de campaña de 1990

Esa concentración masiva, donde Ortega se paseó frente a miles en su época de "gallo ennavajado", es historia. "Ahora son actos sentados con gente seleccionada que ellos invitan", dice un excomandante del FSLN

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Hace 32 años, miles de personas a pie y en caravanas de todas partes del país se concentraron en la Plaza Parque Carlos Fonseca Amador, actualmente conocida como Plaza de la Fe, en Managua. Era el cierre de campaña del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Daniel Ortega, de 44 años, en su época de «gallo ennavajado» como señalaba una canción escrita para la ocasión, y su compañero de fórmula, el escritor Sergio Ramírez, estaban completamente seguros de que ganarían las elecciones del 25 de febrero de 1990 con una abrumadora mayoría, como quedó en el imaginario tras la multitudinaria campaña ese 21 de febrero.

La vistosa y costosa campaña del FSLN, donde repetían «Ganamos, todo será mejor», para algunos expertos pasó a ser la concentración más grande de la historia de Nicaragua que engañó al sandinismo, pues días después perdían las elecciones ante doña Violeta Barrios de Chamorro. Desde entonces Ortega, quien asumió el pasado 10 de enero, no ha vuelto a reunir tanta gente en una plaza.

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Incluso, en el proceso de las malogradas elecciones generales del pasado 7 de noviembre no realizó campaña electoral. Y es que desde hace algunos años los actos de Ortega se resumen en un grupo limitado de invitados, allegados y trabajadores del Estado.

«Era un gran espejismo»

Un analista político, quien solicitó el anonimato por temor a represalias del régimen y que tuvo una participación muy de cerca en las elecciones de 1990, relató que no podría olvidar nunca el cierre de campaña del FSLN. «Esa fue realmente la manifestación política más grande que se había visto en Nicaragua y creo que después no se ha visto una manifestación más grande».

Este lunes 21 de febrero de 2021 se cumplen 32 años del cierre de campaña más grande del FSLN. LA PRENSA/Tomada de El País.

«Era algo verdaderamente impresionante, era un espectáculo aquella cantidad de gente, caravanas en autobuses, camiones yéndose a la plaza que fue totalmente desbordada como nunca antes y realmente tenía uno que impresionarse», agregó.

El analista recordó que Ortega «se entusiasmó tanto cuando vio aquella multitud que gritaba frenéticamente ‘¡ya ganamos!, ¡ya ganamos!’ y no cesaban de gritar eso. Pero era un gran espejismo».

«El voto castigo»

Sin embargo, el analista señaló que pese a la multitudinaria manifestación que «respaldaba» al Frente Sandinista «se sabía por encuestas creíbles independientes que las hizo la firma de Víctor Borge de Costa Rica que la tendencia era mayoritaria a favor de doña Violeta, sobre todo de doña Violeta más que de de la misma alianza política UNO».

«Ese mismo día, cuando terminó la gran concentración en la plaza y en todo lo aledaño que daba hasta la orilla del lago (Xolotlán), pasaba la gente de regreso y como disimuladamente y algunos hasta con descaro mostraban el dedo índice en señal del UNO. Eso te decía que la gente estaba diciendo ‘no se preocupen, nosotros vamos a votar por la UNO’ y así fue», narró.

La vistosa y costosa campaña del FSLN que lo indujo al llamado voto de «castigo» tenía como figura principal la imagen de Daniel Ortega como un carismático líder. LA PRENSA/ Tomada de Getty Imágenes.

Al respecto, un exmiembro de la Dirección General del Frente Sandinista, quien también solicitó el anonimato, coincidió en que al finalizar la campaña del FSLN «a mí me llamó la atención que en algunos camiones, buses que iban, la gente levantaba la V, que no era el 2 de nosotros, esa era la V de doña Violeta».

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«Ve qué jodidos estos, o se van burlando o nos van haciendo la seña», recuerda que le dijo a otro compañero. Pero mantenían la seguridad en el triunfo. Incluso, Barricada ─el desaparecido diario oficial del partido de Ortega─ divulgaba que el FSLN ganaría.

Edición del 26 de enero de 1990 de Barricada, órgano oficial del FSLN. LAPRENSA/Captura

Cuatro días después del cierre de campaña del Frente Sandinista, el 25 de febrero de 1990, la concurrencia en las urnas fue masiva y bajo mucha observación internacional. La coalición de partidos opositores de la Unión Nacional Opositora (UNO) que encabezaba Barrios de Chamorro triunfaba con 54.7 por ciento de los votos, contra el 40.8 por ciento obtenido por el FSLN.

Las elecciones del noventa han sido las más observadas en la historia de Nicaragua y se realizaron casi en medio de una guerra. El triunfo de doña Violeta marcó una transición a la paz y el inicio de una era de democracia que duró 16 años y finalizó cuando Ortega volvió al poder en enero de 2007.

Daniel Ortega, derrotado en las elecciones de 1990, coloca la Banda Presidencial a doña Violeta Barrios de Chamorro.

Los factores que llevaron al FSLN a perder en el 90

En 1990 el país estaba terminando una década de guerra civil que había dividido a la sociedad nicaragüense. El conflicto causó miles de muertos, heridos, mutilados, desplazados y destruyó la economía.

Ortega se enfrentaba al descontento popular, debido a la escasez de productos y el Servicio Militar Patriótico, una ley que obligaba a los jóvenes de entre 16 y 25 años de edad a alistarse en el Ejército Sandinista para ir a las montañas a combatir a la Resistencia Nicaragüense, denominada Contra.

«Lo que más quería la mayor parte de los nicaragüenses era que se terminara la guerra. Para mí, como analista político, hubo varios factores, pero ese fue el factor principal», dijo el analista.

El 14 de septiembre de 1983, en la Hacienda San Jacinto, Carlos Fonseca Terán fue el primer joven en firmar la inscripción del Servicio Militar Patriótico. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ BARRICADA

«Siempre en estos procesos históricos ocurren varios factores, pero en este caso el principal fue el de la necesidad apremiante que tenía y sentía la gente por el fin de la guerra, porque a pesar de los acuerdos de Sapoá que se hicieron en 1988, había pasado más de un año y la guerra seguía y la gente estaba verdaderamente cansada de eso», señaló el analista.

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En esa misma línea, el exmiembro de la Dirección General del Frente Sandinista recordó que en una ocasión Fidel Castro (q.e.p.d.) les dijo sobre el Servicio Militar Patriótico «que las causas se defienden voluntariamente, no impuestas». «Y el Servicio Militar fue impuesto, al parecer nosotros no supimos cuadrar las cosas, la única cosa buena que hicimos fue adelantar las elecciones», reconoció.

A la vez, el exmiembro del FSLN expresó sentirse «decepcionado del Frente Sandinista y no quiero volver a hablar nunca de eso». «Es difícil cuando uno se enajena de uno mismo, es sumamente peligroso. Ese sentimiento también es del poder», dijo en alusión a Ortega y su capricho por permanecer en el poder a cualquier costo.

Para el exmiembro sandinista, la derrota del FSLN en 1990 «fue una acción de una gloria que debió haber sido preservada e inmaculada», ya que «incluso en el proceso nosotros dejamos heridas que debieron haber sido curadas y hacer una patria grande como la queremos algunos que aún estamos pensando en ella».

La involución de la simpatía sandinista

Como coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de 1979 a 1984 y presidente de la República de 1984 a 1990 y luego desde enero 2007 al día de hoy, Daniel Ortega es la persona que más tiempo ha pasado al frente de la Presidencia de Nicaragua.

Para un comandante y exguerrillero sandinista, que también solicitó el anonimato, el FSLN desde el triunfo de la Revolución no ha tenido ninguna evolución. Al contrario, considera, ha ido involucionando. «La simpatía del Frente Sandinista equivale a decir Daniel Ortega, porque es el único candidato que ha habido en la historia de participación en elecciones del FSLN», precisó.

«En el noventa, los resultados electorales reflejaron el impacto de la guerra en el país: los muertos, el desgaste económico, la gente incluso que podía haber simpatizado en el sandinismo ya no resistía más y votaron en contra. Yo diría que lo sorprendente es que el Frente obtuvo alrededor de un 38 por ciento de los votos en unas condiciones bien difíciles, o sea, que había un núcleo muy duro», manifestó el exguerrillero.

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Luego, en 2006 —con tres intentos fallidos por regresar al poder— «fue igual, lo que pasa es que las fuerzas que competían con Ortega iban divididas y eso fue lo que le permitió a él ganar y ya tenía sometido de alguna manera al entonces presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas, y ahí hubo una situación rara, de que no se contaron todos los votos», señaló el exguerrillero.

Por lo tanto, «a partir de entonces es bien difícil saber cómo se movió la simpatía de Ortega sacando la cuenta por los votos, porque ya de las elecciones municipales de 2008 comenzó con los fraudes electorales, y se comenzó a eliminar al contendiente y eliminó partidos», agregó.

«Ya las mediciones electorales ya no eran mediciones verdaderas del apoyo que tenía o no tenía Ortega o tenían otros partidos. Cualquier simpatía que él (Ortega) habría sumado a su 38 por ciento tradicional, a partir de abril de 2018 la perdió», insistió.

A propósito, el analista político agregó que en el cierre de campaña de 2006 Ortega movilizó gente, pero no fue ni parecida a la del noventa.

Los actos políticos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo cuentan con un grupo limitado de invitados, aliados y trabajadores del Estado. LA PRENSA/CAPTURA DE PANTALLA

Del cierre de campaña masivo en el 90 a cero campaña en 2021

Para un sociólogo e historiador nicaragüense, que también solicitó la omisión de su identidad, «el Frente Sandinista nunca ha hecho campañas ni las ha mejorado, siempre ha partido del criterio de que la gente le va a decir que sí, siempre. Aun cuando ha perdido y aun cuando había perdido el poder en el acto mayor que fue en el noventa».

En este último proceso electoral (2021) «no se supo si había proceso de campaña ni para ellos (FSLN) como tal ni para los otros partidos políticos. Aunque estábamos en unas condiciones difíciles, pero aparte de eso, ellos no la mejoraron, es decir, consideraron que lo que habían hecho en los últimos 10 años era lo correcto y había que seguirlo haciendo», agregó el sociólogo.

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El riesgo de hacer campaña en Nicaragua

El exguerrillero señaló que mientras no hayan elecciones verdaderas en Nicaragua es difícil hacer una medición exacta del nivel de simpatía del FSLN o cualquier otra organización política.

«Sin embargo, en estas elecciones de 2021 no hubo campaña. No hubo porque no tenía ningún sentido hacer campaña», expresó. Porque, además, una campaña «le significaba (a Ortega) el riesgo de que eso volviera a movilizar a la gente. En el contexto volviera a salir la gente a las calles y se renovaran las protestas».

Oficialmente, el Consejo Supremo Electoral (CSE) refirió que la campaña se desarrollaría mayoritariamente de manera virtual a causa de la pandemia por la covid-19.

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No obstante, el punto más importante para la reciente historia de Nicaragua, según el exguerrillero, es que el 7 de noviembre pasado hubo una enorme abstención. El observatorio electoral situó la abstención arriba del 80 por ciento.

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