Después de una década, MGM regresa a la carrera por el Óscar a Mejor Película contra los gigantes del stream, con una comedia romántica adolescente que junta a un galardonado y elogiado realizador cinematográfico, con una pareja de jóvenes que nunca habían actuado en su vida. ¿El resultado? Algo maravilloso.
Porque el cine de Paul Thomas Anderson también puede ser así: nostálgico, y al mismo tiempo, refrescante, lleno de vida. Ya lo demostró en los 90, con Magnolia y, especialmente, Boogie Nights. Pero lo vuelve a hacer con una cinta que, al igual que sus protagonistas, no tiene miedo de alocarse y buscar su verdadero ser: Licorice Pizza, una película que tiene todos los elementos necesarios para pasar la prueba del tiempo y convertirse en el nuevo clásico moderno.
En ella, conocemos a Gary, un joven actor de 15 años, y Alana, quien dice sacarle diez años más, pero la película no termina de confirmar, que se conocen en una toma de fotos para la escuela. En su primer encuentro, ambos protagonistas desarrollan un interés y curiosidad mutua. Gary por mostrar su versión de caballero con porte y Alana con las ganas de saber qué hay detrás de un actor quinceañero con una seguridad tan alta de sus capacidades y del mundo que tiene que mostrarle a ella.
Es a partir de ese momento es en el que ambos protagonistas comienzan a guiar el metraje de dos horas, en una despampanante viaje de emociones, en donde se muestran como amigos, socios de negocios y, por supuesto, dos personas cautivadas a tal punto de perderse y encontrarse a sí mismo durante el proceso de su enamoramiento.

Es una historia de amor que junta a dos personas que nunca han actuado en su vida, como si lo hicieran desde tiempos inmemorables, porque así de bueno fue el ojo de Paul Thomas Anderson para seleccionarlos en su película… O podríamos decir, su corazonada.
Cooper Hoffman muestra destellos de la leyenda del cine Phillip Seymour Hoffman, en la antes mencionada Boogie Nights. Pero hay algo más en su papel que hace que sea tanto un tributo al legado de su padre, como su encuentro de identidad actoral a medida que avanza la trama. Sin embargo, la revelación de Licorice Pizza es Alana, quien a pesar de tener una trayectoria en el mundo del espectáculo y la industria musical, no deja de sorprender lo que logra transmitir en cada plano que aparece en la película y los sentimientos que esconde su personaje con tan solo la mirada y su sonrisa.
Alana es la pieza fundamental de la película y la que controla el descontrol en el que su personaje se ve sometido a través de sus decisiones, impulsadas por las ganas de seguir el paso de la persona que la cautiva.

La química que desarrollan es hermosa y necesaria para la película, porque al final, es su historia de amor la que brilla dentro de la adrenalina de unos Estados Unidos en los años 70, bajo el mando de Nixon y un embargo de petróleo.
Y es que Anderson, al igual que Tarantino en Once Upon A Time In Hollywood, no se limita al hacer pequeños cambios históricos a favor de desarrollar de una mejor manera su trama. Pero al contrario de Once Upon A Time, Licorice Pizza no pretende servir de homenaje al Hollywood de los 70, sino brindarle a sus personajes un entorno que funcionara como ambiente para su libertad, independencia, atracción sexual y por supuesto, amor.
Pues es en algunas crisis en donde Gary y Alana encuentran la manera de crear un modelo de negocio para acrecentar su deseo de comerse el mundo, mientras intentan descifrar qué es lo que en realidad sienten el uno por el otro.
Para ello, son distintas las situaciones y distintos los personajes que les ayudan a través de la historia, entre ellos un carismático Sean Penn y un espectacular Bradley Cooper, cuyo tiempo en la película pudo haber sido crucial para no obtener su nominación en la categoría de Mejor Actor de Reparto. De hecho, el casting de la película presenta una variedad de actores que juegan un papel importante para el viaje introspectivo de Gary y Alana.
La época es solo un acompañante más del viaje narrativo de sus protagonistas, con un sin número de elementos que le permitan representar la vida del adolescente promedio, llena de gozo, de alegría y locura sin remordimiento que puede, en algún momento de la vida de sus personajes, llegar a presentar un agotamiento físico, mental y emocional demasiado grande.

Es acá donde Anderson brilla con luz propia en lo que podría ser uno de los mejores trabajos de su carrera, con una puesta de escena impecable y un montaje que va en perfecta sintonía con lo que viven los protagonistas de su guión.
Anderson no tiene pretensiones en sus encuadres, pero cuando lo hace, es de una manera sutil y justificada en función de su historia. Como lo es el primer abrazo de Gary y Alana, o los primeros planos a la sonrisa de Alana, o los planos secuencias en acciones cotidianas. No trata de ensalzar, sino de aportar, de construir y de brindarle una identidad a la película.
El ritmo de la película pasa de acelerado a demorado, haciendo una convergencia con la introspección de sus personajes. La primera mitad es mucho más activa, mientras que el tercer acto, aún sin detenerse, le presenta al espectador un deseo de parar, o bien, llegar a un punto final en su historia, que es exactamente lo que desean sus protagonistas en ese mismo momento.
Pero si hay una cereza en el pastel, es lo bien que trabajó la música. Sirviendo como una pieza narrativa que no solo brinda atmósfera al filme, también funciona como acompañamiento de los puntos más emocionales de la película, presentando a veces como catarsis y otras veces como anarquía.

Licorice Pizza es una película maravillosa, con una historia de amor sincera e intrigante, que evoluciona en cada minuto de su metraje y muestra diversas facetas de amor, desde un sentimiento romántico platónico, hasta admiración, pasando por una palpable tensión sexual y un deseo de superación inspirados el uno por el otro, pero que puede llegar a ser demasiado para ellos, logrando así pelear por un amor que podría ser el correcto, pero en un tiempo equivocado.
Es una expresión de la adolescencia en su máximo esplendor, sin rebasar exageraciones y alejándose de elementos que harían a una cinta ‘coming of age’ mucho más seria de lo que en realidad debería ser, mostrando la realidad en las distintas caras que tiene la etapa más complejas de la vida del ser humano.
Licorice Pizza se estrenó esta semana y está disponible en salas de cine nicaragüenses.
Licorice Pizza (2021)
★★★★★