Niso, el rey del mechón púrpura y su hija Seila

Tomo el tema de este mito del libro Bulfinch´s Mytology, así titulado en inglés porque en este idioma está escrito. Es obra de Thomas Bulfinch, erudito escritor estadounidense del siglo XIX, nacido el 15 de julio de 1796 y fallecido el 27 de mayo de 1867. 

Este libro  me lo obsequió el buen amigo Carlos Muñiz, quien en los artículos que publica en LA PRENSA se identifica modestamente como “bachiller del Colegio Centro América”. Y consta de tres partes: La era de la fábula o Historias de dioses y héroes; La era de la caballería andante o Leyendas del rey Arturo; y Leyendas de Carlomagno o Romances de la Edad Media.

El mito griego que tomo de este libro tiene el título en inglés Nysus and Scylla, que los mitólogos que escriben en idioma castellano traducen como Niso y Escila.

Pues bien, Niso era rey de Megara, ciudad cercana a Atenas. Lucía en la cabellera un vistoso mechón de color púrpura (algunos decían que era de oro), que, de acuerdo con un oráculo divino, mientras lo conservara sería invulnerable. Nadie lo podría derrotar ni matar. 

El rey Minos, de Creta, declaró la guerra a Atenas para vengar la muerte de su hijo, Androgeo, quien fuera asesinado en una competencia deportiva por el rey ateniense Egeo. El ejército cretense invadió la región del Ática y puso sitio a la ciudad de Megara que se interponía en su avance hacia Atenas. Seis meses duraba ya el asedio cretense hasta que la ciudad de Atenea cayó por algo que nadie podría imaginar. 

Niso tenía una hermosa hija llamada Escila, quien durante el asedio de los cretenses solía subir a la  muralla que protegía la ciudad y desde allí miraba el ejército enemigo acampado en la llanura. 

En ocasiones observaba al rey cretense Minos, quien se movía entre sus tropas arengándolas para mantener en alto su moral combativa. De tanto ver la gallarda figura del rey cretense, Escila se enamoró de él. Y urdió un plan para ayudarle a tomar la ciudad hasta entonces inexpugnable, y pedirle su amor como recompensa. 

Una noche cuando Niso dormía en su aposento, Escila entró y le cortó el mechón púrpura que lo hacía invulnerable y le daba invencibilidad frente a sus enemigos. Después salió furtivamente de la ciudad amurallada, fue al campamento de Minos y le entregó el mechón púrpura de su padre para que pudiera tomar la ciudad.

Minos se horrorizó ante semejante deslealtad de aquella mujer con su propio padre, la despreció, insultó  y echó de su campamento. Pero aprovechó la traición de Escila para atacar a la ciudad que fue sometida fácilmente y el mismo el rey de Creta mató a Niso.

Humillada, avergonzada y arrepentida por la terrible felonía que había cometido, Escila se encaminó hacia el mar y desde lo alto de un acantilado se arrojó contra las rocas, para quitarse la vida. Sin embargo, antes de que se estrellara fue convertida por los dioses en alondra. Y su padre, Niso, que al morir había sido transformado en gavilán, la persiguió en el aire, le dio alcance y castigó a la hija traidora matándola a picotazos.

Opinión
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