Rey Martínez no tiene complejos. Habla en el lenguaje de la calle, dice lo que piensa, sin pensar muchas veces lo que dice. Es de esos pugilistas que creen sobre todas las cosas en su potencial. Desde que entró en el boxeo ha puesto su confianza en tres cosas: su capacidad de asimilación y pegada mortal, combinada con un atrevimiento natural por buscar los intercambios para ganar o morir. Martínez en la mayoría de entrevistas muestra una confianza desbordada. Unos le pueden llamar “calentar la pelea”, otros falta de humildad, sin embargo, la realidad es que se ha mentalizado día y noche que noqueará a Román González. “Quiero ser el primer mexicano en hacerlo”, señaló semanas atrás.
Las últimas declaraciones para Boxing Scene demuestran que tiene tanta confianza que ya ha planificado su futuro. “Después de vencer a Chocolatito, puedo volver a bajar y enfrentar a Sunny Edwards. Después de vencer a Sunny Edwards, buscaré a los otros campeones en peleas de unificación. Si no puedo conseguir esas peleas, siempre tenemos la opción de volver al peso supermosca y buscar las mejores peleas allí”, confesó. El problema de Martínez es que tendrá enfrente a un tetracampeón mundial que a pesar de cumplir 34 años no ha decrecido en intensidad de boxeo tal y como se reflejó en la segunda pelea contra Juan Francisco Estrada.
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Tener planificado el futuro para Martínez no es completamente negativo, pero a veces la sobreconfianza produce ceguera, ocultando las debilidades y convirtiéndose en un blanco más accesible para el oponente, en este caso Chocolatito un sabueso para olfatear debilidades y martillarlas hasta conseguir el triunfo. Por su parte Chocolatito se muestra callado como en todas sus peleas, palabras cortas y respuestas generales. Está enfocado en demostrar en el ring que el tiempo aún no lo ha derrotado. El nicaragüense no hace planes, al menos públicamente como Rey Martínez, aunque es el favorito para ganar el próximo 5 de marzo en San Diego, California.