La música sacra y el sonido de la máquina de zurcir resuenan en una vivienda de adobe, ubicada en el barrio San Felipe, situado en el centro del departamento de León. En este hogar habita Moisés Abraham Molina, de 34 años.
Abraham es un joven que desde hace más de 15 años elabora túnicas y cabelleras para imágenes religiosas, así como ornamentos para sacerdotes y obispos.
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Molina no oculta su pasión por la confección sacra y comparte con los lectores de LA PRENSA que su trabajo lo inició “como un pasatiempo” a la edad de 16 años, “cuando quise hacer un vestido para mi virgen de madera”. Este religioso agrega que en su empresa Devine Creations comenzó bordando para los vecinos.
“Cuando hice el primer vestido con bordados para mi virgen, mis amigos y familiares me dijeron que estaba muy bonito y que les hiciera vestimenta para sus imágenes. Al inicio pensé que se estaban burlando de mi trabajo”, relata entre sonrisas, al mismo tiempo que su mirada se centra en el bordado que realiza a una túnica roja que enviará a Costa Rica.

Aunque el taller sacro nace en la casa de sus padres, cuenta que en abril de 2018 viajó a Costa Rica por dos semanas a vacacionar, pero por la crisis sociopolítica de ese año lo obligó a exiliarse en ese país y seguir con su trabajo, esta vez en sociedad con un escultor religioso que reside en Alajuela.
“En Alajuela me asocié con Edgar Rodríguez, del taller La Casa de los Santos. Él realiza las imágenes de vestir y yo confeccionaba las túnicas y vestidos. Mi trabajo me daba para sobrevivir y darme mis gustos”, dice mientras mide con el centímetro las dimensiones del bordado que hace de manera artesanal. El joven regresó al país, pero dejó establecidos contactos y desde Costa Rica le hacen encargos.
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Molina no estudió arte y confección, su talento es natural. Sus bordados son elaborados de manera artesanal, sus dibujos a mano son exactos y los borda en una pequeña máquina de coser, lo que le otorga un valor agregado muy alto a sus diseños.

“Mis bordados son originales y por ser artesanales la gente me los pide y sin regatear me pagan el costo que sea. Mis bordados por ser artesanales obtienen un valor más alto que los computarizados y la gente sabe apreciarlos y no dudan en pagarlos”, expresa.
Proceso de cabelleras
Aunque Abraham sigue incursionando en el mundo sacro, también elabora cabelleras de pelo natural y sintético, un proceso muy delicado.
“Para hacer una cabellera, primero tomo la medida de la cabeza de la imagen, luego tomo el cabello, lo zurzo uno por uno con cuidado y con mucha calma sobre la tela, luego procedo a hacer los colochos”, detalla.

Sus cabelleras han sido muy demandadas por los católicos de León, quienes a «ojos cerrados» se las encargan para vestir a sus Nazarenos (imagen de Jesús crucificado o con la cruz a cuestas). Moisés Abraham dice que ya no es necesario que sus clientes las pidan desde el exterior a como normalmente lo hacían.
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«Las pelucas antes las pedían desde Guatemala, por lo general son de cabello sintético, pero yo las hago de cabello original y eso es lo que les ha gustado a mis clientes», expresa.
Viste a la Virgen de El Viejo
Entre los trabajos realizados por este diseñador está haber vestido a la Patrona de Nicaragua, Nuestra Señora de la Concepción, en El Viejo, departamento de Chinandega, lo que lo llena de orgullo a él y a su familia que es muy católica.

“Nunca me imaginé que mis bordados iban a gustarle a la gente y gracias a Dios tuve la dicha que me llamaran y me dijeran que si podía hacer un manto para la Patrona de Nicaragua, por lo que acepté inmediatamente. No cualquiera tiene ese honor”, dice con los ojos brillantes por la emoción.
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De acuerdo con Abraham, su salto a la fama se dio cuando por primera vez vistió a la Virgen de Los Dolores, en la Ciudad Universitaria, donde la población pudo apreciar por primera vez su trabajo. “Recuerdo que esa vez el sacerdote de esa iglesia me felicitó y me encargó hacer más vestimentas para la Virgen. Ese vestido iba con bordados en hilos de plata”, relata.
Hilos traídos desde el extranjero
Los hilos color oro y plata que le dan el toque perfecto a sus bordados son traídos desde Estados Unidos, aunque reconoce que en Nicaragua los puede encontrar con facilidad, no son de la misma calidad.

«El hilo que venden en Nicaragua se revienta rápido al momento de trabajar el bordado. No son de muy buena calidad y prefiero mandarlos a traer del exterior, aunque con la pandemia se hace difícil el ingreso a Nicaragua», explicó Molina.
Según Molina, la temporada alta en su trabajo en Nicaragua es para Semana Santa, las purísimas y fiestas patronales de León, en cambio en Costa Rica sus días fuertes son para Semana Santa, la Virgen de El Carmen y Navidad.
