En el centro, el General José Dolores Estrada. A la izquierda, Rafael Herrera en El Castillo. Arriba, los caballos de la Victoria. A la derecha la Casa Hacienda de San Jacinto y la pedrada de Andrés Castro. Un homenaje a los héroes de Septiembre, obra de Carlos Mejía Godoy. LA PRENSA/Cortesía

Las profesiones que algunos artistas pinoleros comparten con la música

Fuera de los escenarios algunos pintan, dibujan, dan charlas psicológicas y hasta diseñan estrategias. Conozca más de ellos.

Se les ha visto en los escenarios y en un sinnúmero de conciertos, en actividades benéficas, pero muchos no conocen qué otras actividades realizan para sobrevivir o simplemente lo hacen como pasatiempo. Conozca más de ellos:

Ceshia Ubau: Una de las más reconocidas del medio artístico musical es Ceshia Ubau Molina, cantautora y compositora nicaragüense cuyo estilo musical es la fusión del folclor de Centroamérica con nuevos sonidos del mundo.

Ubau lanzó su álbum debut, Con los ojos del alma, que contiene los sencillos Las mujeres de mi tierra y La canción de güis en 2017. Y uno de sus más recientes temas es Habría que sembrar girasoles, un poema de Francisco Ruiz Udiel que musicalizó con el fin de rendirle homenaje y mantener vivo su mensaje de esperanza.

Actualmente se dedica a la música y a la psicología. «Yo facilito procesos de psicoeducación en formación de derechos humanos y prevención de violencia de género aquí en Costa Rica y paralelamente continúo con mi proyecto como cantautora, el cual está muy sustentado por las herramientas que da la psicología para el desarrollo humano, porque mi fin con la música es aportar al crecimiento personal y crear perspectivas de lo que sucede en el mundo, tanto externo como interno de cada persona», dice la psicóloga y artista, quien se graduó de la UCA en mayo de este año.

Ceshia Ubau lanzó su álbum debut, Con los Ojos del Alma, que contiene los sencillos “Las Mujeres de mi tierra” y "La Canción de Güis" en 2017. LA PRENSA/Cortesía
Ceshia Ubau lanzó su álbum debut, Con los ojos del alma, que contiene los sencillos Las mujeres de mi tierra y La canción de güis, en 2017. LA PRENSA/Cortesía

Su tesis fue sobre musicoterapia en el proceso de sanación de mujeres sobrevivientes de violencia de género. «¿Por qué psicología?… Siempre he tenido desde pequeña la inquietud de encontrarle explicaciones a la forma en que los seres humanos nos relacionamos y nos desarrollamos y yo sentía que quería tener las herramientas para poder aportar a lo que yo observaba que era conflictos sociales, individuales, entonces decidí estudiar psicología para formarme como una persona, que pueda aportar a esta transformación de conflictos», añade Ubau Molina, quien actualmente estudia Educación Musical. Un tiempo dio clases de piano a niños y aspira dedicar parte de su vida a la docencia.

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De acuerdo con la cantautora sí se puede sobrevivir de la música, «he conocido muchos artistas que lo hacen, a mí me parece admirable y también con una alta capacidad de diversificación, porque vivir del arte es posible, pero si uno no es parte de una industria masiva, lo mejor es diversificarse entre dar conciertos, clases, hacer talleres, producir canciones, grabar y aprender un poco de todo, de hecho el año pasado lo hice, me dedicaba cien por ciento a la música», refiere.

¿En estos tiempos de pandemia cómo les ha golpeado a ustedes como artistas?

«Creo que de muchas formas, sobre todo porque una mayor fuente de ingreso son los conciertos y estos se vieron pausados por la pandemia, y con justa razón, sin embargo creo que ha sido una buena oportunidad para reinventarnos y reestructurar nuestros proyecto artísticos, personalmente así pasó con mi proyecto. Ha afectado a las personas, a todos los artistas en general porque dar terapias on line no es lo mismo que presenciales», señala.

Familia de músicos

Las cámaras y los escenarios son testigos de la pasión y el compromiso que tienen los músicos con su público. Tal es el caso de los hermanos Mejía Godoy.

Luis Enrique Mejía Godoy: Su primera canción fue un bolero, «pero considero mi primera canción Hilachas de sol que escribí cuando me decidí por ser un cantor de canciones sociales. Esta canción le da título a mi primer disco de larga duración grabado en Costa Rica en 1971″, cuenta.

Viene de una familia de músicos, su padre guitarrista y marimbero. Desde temprana edad se entusiasmó por tocar la percusión, pero fue la guitarra lo que lo cautivó para cantar y componer a partir de los 15 años.

Es autodidacta. Nunca estudió música formalmente, aprendió viendo a los amigos que tocaban guitarra.

Si no se hubiese dedicado a la música… «Yo quería estudiar Medicina, pero también me inclinaba por la Arquitectura, profesión que está más relacionada con el arte», dice.

Luis Enrique Mejía Godoy. Su primer canción fue un bolero, "pero considero mi primera canción “Hilachas de sol”, dice. LA PRENSA/Cortesía
Luis Enrique Mejía Godoy. Su primera canción fue un bolero, «pero considero mi primera canción Hilachas de sol”, dice. LA PRENSA/Cortesía

Al consultarle si alguna vez se ha arrepentido de la profesión que eligió, sostiene que nunca. «La música, la poesía, el canto, el dibujo, el arte y la cultura me han dado el privilegio de comunicarme con la gente, cantar por los sin voz y entrar en el corazón y la conciencia de mi pueblo».

Se define como un artista, un creador sensible a los temas sociales y políticos, y «siempre he estado íntimamente relacionado con mi realidad. Me considero un artesano de la palabra y del sonido. Un trabajador de la cultura. Estoy cumpliendo 50 años de vida artística», añade.

¿Considera que los artistas pueden sobrevivir solo de la música?…

«Creo que sí, pero en Centroamérica es muy difícil porque no se reconoce esta profesión u oficio desde el punto de vista económico, y además no se respetan los derechos de autor. Hacen falta fuentes de trabajo, y escuelas y conservatorios de música, a la vez que las instituciones den trabajo a los músicos como profesores de música, productores musicales, y miembros de orquestas, como sucede en otros países de la región, como Costa Rica, por ejemplo. Pero el trabajo del artista siempre es difícil y complicado, sobre todo cuando uno quiere tener libertad para expresarse.

Luis Enrique dibuja y escribe poesía. LA PRENSA/Cortesía
Luis Enrique dibuja y escribe poesía. LA PRENSA/Cortesía

Además de cantar, Luis Enrique dibuja y escribe poesía. «Volví a encontrarme con el dibujo hace más de quince años. De joven dibujaba en el colegio. Los temas que me interesan son mi raíz nicaragüense y latinoamericana, el mestizaje y todo lo que tiene que ver con nuestra identidad… Dibujo perfiles de mujeres, volcanes, guitarras, serpientes emplumadas, el Macho Ratón del Güegüense, algunos en blanco y negro y otros en colores», cuenta.

Aunque no ha realizado ninguna exposición presencial, tiene una expoventa permanente en su página web, donde también pueden encontrar selecciones de poemas, cuentos y relatos cortos y canciones.

Escribe poesía desde hace más de 30 años, las que ha publicado en suplementos culturales de periódicos y revistas de cultura en Nicaragua y otros países. Asimismo tiene el Cuentos y relatos breves, publicado por el Centro Nicaragüense de Escritores; un libro autobiográfico Relincho en la sangre, con Editorial ANAMÁ de Nicaragua y una segunda edición este año, editada por Pentagrama en coedición del Departamento de Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, México.

Además publicó un libro-arte Qué tiene la música, con textos de sus canciones, poemas y dibujos en blanco y negro en la Editorial La Nana Creek Press, en Nacogdoches, Texas, en el 2018.

Juan Solórzano: Desde los 15 años se sumergió en el mundo musical y desde ese primer acorde no ha parado de tocar. Es licenciado en Mercadeo y Publicidad, pero la música es su aliada perfecta. Ha dado cientos de conciertos, impartido clases y diseña estrategias.

«Tengo muchos años de dar clases de guitarra, me nace de la necesidad de transmitir a los más jóvenes lo que yo he aprendido y tengo la idea de servir de ayuda para la nueva generación de músicos de este país. Ya hace unos años produje a una cantautora y ahora estoy con otro», dice Solórzano, quien estuvo dando clases de música online, pero tuvo que parar para dedicarse a su proyecto personal.

Juan Solórzano, cantautor nicaragüense. LA PRENSA/ Archivo

«El reto de dar clases virtuales es humanizar la enseñanza, respeto muchísimo a los que pueden transmitir conocimiento eficaz y eficiente por esta vía», reflexiona.

«Estoy en el área de marketing en una prestigiosa empresa de lubricantes de este país y estoy muy contento», refiere el músico quien asegura que sí se puede vivir de la música, «pero hoy día en medio de esta pandemia es muy difícil, hay que buscar alternativas dignas y acordes a tu naturaleza», comenta, y añade que entre producciones y sencillos suman 8, Clandestino, Jalando la carreta, Cantares Nicaragüenses vol 1 y 2, Soy puro pinolero, Venga a disfrutar, Se llamaba María y Grafito.

Carlos Mejía: Los conciertos que ha dado en Nicaragua son incontables, al igual que los ha hecho desde el exilio. Alforja campesina, Nicaragua, Nicaragüita; La viejita de Mozambique, Panchito escombros, La Tula Cuecho o la Leona de tiempo completo, son parte de las hermosas obras de este músico, compositor y cantautor nicaragüense.

«Sin dejar la creación musical, estoy dedicado a otras obras muy diferentes a las que siempre he hecho yo y siempre enmarcado en la identidad nacional, sobre todo en la nostalgia infinita que tengo por mi pueblo Somoto, por Nicaragua en general, pero mucho mi pueblo, más ahora que está sufriendo de una manera terrible lo de la pandemia», refiere don Carlos quien actualmente está dedicado un poco al dibujo y a la pintura, incursionando en un campo al que nunca había entrado,  la tinta china y el juego de la luz y las sombras.

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¿Desde cuándo empezó a dibujar y pintar?

«En realidad los Mejía Godoy, tanto los hermanos como las hermanas, siempre hemos hecho como decíamos en Nicaragua, en el norte, en Somoto, siempre hicimos pichingos de toda índole, desde niños, sin ánimos de imaginarnos que algún día podíamos dedicarnos a este oficio, en orden histórico el primero que empezó a avanzar en este terreno fue mi hermano Armando… a Somoto llegó terremoteado un pintor muy conocido de apellido García, el cual se caracteriza por paisajes y construcción de personajes, con una enorme capacidad expresiva, él fue su maestro. Posteriormente mi otro hermano Chico Luis quien siempre dibujo a nivel de afición empezó a involucrarse en la tinta china, obteniendo gran éxito de críticas y de ventas, porque ha colocado sus dibujos en algunas instituciones, él se especializa en arquitectura colonial. Después empezó Luis Enrique balbuceando… y el último de la fila fui yo, como un hobie, ya mayor empecé a incursionar en la caricatura, sobre todo aprovechando que a la casa de los Mejía Godoy llegaban personajes, familiares y amigos», cuenta Carlos.

Carlos Mejia Godoy, cantautor nicaragüense. LA PRENSA/ARCHIVO

«Empecé con cosas muy sencillas, casi como autógrafos de palomas, volcanes y al estar tanto tiempo confinado, sin dejar de dedicarme a la música empecé a soltar las manos, al tener más tiempo empecé a meterle mano a la pintura, al óleo, acrílico, un poquito a la acuarela, pero de repente empecé a descubrir de que tenía la influencia de mi hermano Armando en su etapa primitivista, de mi hermano Chico Luis en cuanto al uso de la luz y las sombras, claroscuros, de las casas coloniales, etc. y de mi hermano Luis Enrique las texturas de la plumilla… y así apoyándome en esas influencias de mis hermanos he logrado hacer algunos trabajitos sin ánimo de ponerle precios, pero en el futuro montar una exposición aquí en San Francisco cuando pase la pandemia», manifiesta.

Sobre la temática de sus obras refiere que podría ser una historieta, pues se inspira en los arquetipos, en los personajes, en la Tula Cuecho, Clodomiro, Quincho Barrilete y en los dibujos trata de darle vida a estos personajes, «aunque hay paisajes, estampas, pero siempre apoyado en la identidad nacional».

«Envío un infinito abrazo a mi gente, con el amor de siempre. Frente al altar de la patria, de cara a la celebración de las fiestas de septiembre, seguimos soñando en una Nicaragua en paz y dignidad», finaliza Mejía Godoy, quien asegura que desde que despegó con la vocación musical ni un solo día de su vida ha dejado de componer y actualmente le está dando vida a sus nostalgias de Somoto, como personajes callejeros de su natal, la montaña, el río que ya desapareció.

¿Cómo está sobrellevando la pandemia?

«Trabajando duro, muy entretenido, obviamente a través de las redes sociales mantengo contacto con mis amigos, leo mucho, leo diez veces más que antes, veo televisión por lo menos tres horas al día, no solo noticias y cuestiones deportivas, estoy muy entusiasmado con el éxito de Jonathan Loáisiga, ese pícher estelar que se está convirtiendo en el cerrador de los Yankis de Nueva York, un verdadero orgullo cuya familia conocí desde niño».

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