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La verdad
Hace 388 años el científico italiano Galileo Galilei fue sometido a un juicio sobre la verdad. Él aseguraba que la Tierra y el resto de los planetas giraban alrededor del Sol, y la Iglesia, el Santo Oficio, daba por una verdad incuestionable que el Sol y resto de planetas giraban alrededor de la Tierra. Galileo fue condenado por contradecir la “verdad”.
Mentiras
Durante mi cita al Ministerio Público, la fiscal que me entrevistó leyó una frase de una de mis columnas que más o menos decía así: “Cristiana Chamorro no está siendo procesada por lavado de dinero sino porque puede derrotar a Daniel Ortega en unas elecciones con mínimas garantías”. “¡Usted está cometiendo delito aquí!”, me dijo molesta. “¿Acaso usted conoce las pruebas que tenemos? ¿Usted es experto en lavado de dinero para asegurar eso?” «No, no lo soy —le dije—. Es mi opinión y está basada en dos hechos: uno, que hasta ahora ustedes no han presentado ninguna prueba que demuestre que el dinero que llegó a la Fundación es ilegal; y dos, que su detención se produce justo después que ella manifestó su intención de ser candidata».
Inquisición
Si esta discusión fuese en una tertulia de amigos o en un debate académico, pues no tendrían mayores consecuencias las diferencias de opinión que la fiscal y yo tengamos en el tema. El problema es que la Fiscalía dice estar dispuesta a llevar a la cárcel a quien diga mentiras, y para ellos la definición de mentira es tan simple como la que tenía la Santa Inquisición en tiempos de Galileo: mentira es todo lo que contradice lo que ellos consideran verdad. No hay razonamiento ni posibilidad de refutarlos. Ellos son dueños de la verdad. La verdad es la que ellos digan. Punto.
Juicios
Incluso, podría no ser tan grave el asunto, si este país fuese uno donde las instituciones funcionaran independientemente y se siguieran los procesos tal cual mandan las leyes. La Fiscalía llevaría su desacuerdo a los tribunales y un juez, se supone imparcial, determinaría si mi opinión es o no un delito. El problema es que nada de eso funciona así aquí. La Fiscalía es solo un hilo de una red que lejos de buscar justicia, o la verdad misma, sigue consignas. Y lo que se diga arriba, por disparatado que sea, será la verdad para ella, para la Policía, para los jueces, para los carceleros y para su base de simpatizantes.
Al revés
El asunto es que, desde hace un tiempo para acá, mucho más en los últimos meses, la verdad, lejos de hacernos libres como dice la Biblia, está llevando a la cárcel o al exilio a los nicaragüenses. La gran mayoría de los presos políticos están en la cárcel básicamente por contradecir el discurso oficial del régimen. Esto tiene que ver con una retorcida interpretación de la verdad en ese neolenguaje que, como en la novela 1984, de George Orwell, todo lo pone al revés: la escasez es abundancia, la mentira es la verdad y el odio es el amor.
Delitos
La verdad en Nicaragua, desde el punto de vista del régimen es que aquí hubo un intento de golpe de Estado, que los opositores son golpistas, terroristas y asesinos, que los obispos son “hijos del diablo”, que las multitudinarias marchas de 2018 nunca existieron porque en realidad eran “puchitos”, que a LA PRENSA no le han retenido ningún papel, que aquí cayó un meteorito en septiembre de 2014 y que nadie tiene que dudar siquiera de que Daniel Ortega y Rosario Murillo fueron elegidos para gobernar por siempre porque el pueblo así lo quiere, y ellos son el pueblo. Contradecir esto, o querer demostrar lo contrario con instrumentos científicos, es delito, tal cual lo fue en el juicio contra Galileo en abril de 1633.
Hogueras
Nadie es dueño de la verdad. La verdad es una categoría muy resbalosa. Para el tiempo de Galileo la inmensa mayoría de las personas, incluso las más estudiadas, estaban convencidas que Galileo estaba equivocado. Que la verdad era la que decía la Iglesia. Luego se demostró que los equivocados era ellos y el acusado de mentiroso decía la verdad. Por eso resulta peligrosísimo, como se está demostrando, que estemos en las mismas como si no hubiesen pasado casi 400 años. Que quienes tiene las armas, la Fiscalía, los tribunales, la hoguera, se crean dueños de la verdad y condenen a la cárcel —porque a la hoguera sería ya demasiado—, a quienes los contradigan.
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