Nolier Silva Peña tiene su cráneo en el estómago. Migró a Panamá hace más de dos años. ndemia lo dejó en el desempleo. Intentando ganar 20 dólares recibió una descarga eléctrica superior a los 13. 000 voltios. Estuvo doce días en coma. Los médicos no daban esperanza de vida. Su familia cree que su recuperación es parte de un propósito divino y verlo en casa es como un milagro.
Desde que Nolier Silva Peña volvió a casa este 12 de agosto no ha parado de escuchar los múltiples esfuerzos que toda su familia hizo para agilizar su recuperación y la fe que los hizo mover montañas cuando supo que el 6 de marzo una descarga eléctrica le había impactado y le dejaba nulas probabilidades de vivir. Al igual que hace cinco meses, los Silva Peña lo animan en su próxima operación y le aseguran que todo va a estar bien.
“Yo le estaba pidiendo tanto a Dios que me permitiera viajar a Nicaragua y dicen que la tercera es la vencida y esta es mi tercera, por fin estoy aquí”, dice Nolier de 35 años, con su voz inquieta, pero a la vez contenta por la sensación del viaje cumplido.
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Efectivamente. Este era su tercer esfuerzo por abandonar Panamá para regresar al país que le vio nacer. El primero, lo intentó hacer a mediados de julio y las autoridades de migración le dijeron que se lo reprogramaron para una semana después por razones que todavía no logró comprender. Le dejaron cita para la primera semana de agosto. Sin embargo, dos días antes de viajar se realizó la prueba anticovid y dio positivo. Su madre, su hermana y su cuñado fueron contagiados del virus y las autoridades panameñas le suspendieron nuevamente el viaje para cumplir el período de cuarentena.
“Estamos convencidos que después de tantos tropiezos siempre viene algo bueno”, dice Vany Peña Silva, hermana menor de Nolier. “Ya pronto viene su operación, de hecho nos urgía que llegara al país porque le conseguimos una cita para su futura valoración médica”, narra esta joven.
Volver el cráneo a su lugar
En un hospital de Panamá, los médicos le extirparon una parte del cráneo a Nolier Peña Silva y se lo colocaron en el estómago para salvar su vida y mantener bien alimentado una parte de su ser.
“Los doce días que estuve en coma solo me alimentaba con leche”, dice mientras señala en una fotografía, la bolsa que conduce este líquido y a la par otra que era por la cual le inyectaban sangre y una tercera con suero para mantenerlo hidratado. “Yo estaba ausente. Mi cuerpo estaba, pero yo no estaba ahí”, remata al verse con cables por todo su cuerpo. Este joven tiene prisa de que su cráneo vuelva a su lugar porque tiene un límite de seis meses para que no pierda el tamaño en caso contrario se reducirá.
La familia ha sido un pilar fundamental para Nolier Peña Silva, poco a poco le han dado a conocer los hechos acontecidos durante permaneció en coma inducido. “A Nolier le ocurrieron dos eventos, primero la descarga eléctrica y luego el golpe en la cabeza que cayó desde un tercer piso y le quebró el cráneo”, dice Vany, todavía incrédula de estar abrazando a su hermano. Hace casi seis meses esta escena era impensable.

“Yo sobreviví pero las deudas quedaron”
En cuatro días de hospitalización privada en Panamá, la deuda sumó más de 60 mil dólares. Los Silva Peña debieron elegir entre “dejarlo morir” o trasladarlo y arriesgarse a que Nolier se contagiara de Covid-19 en el hospital público San Martín, destinado a pacientes con esta enfermedad.
Mientras Nolier Silva Peña permanecía en coma, su familia realizaba distintas campañas en busca de la ayuda económica, el hospital les había dado tres meses para cancelar el saldo total. “Ella es mi mamá. Anda en las calles panameñas con una alcancía y la foto de mi hermano pidiendo para pagar la deuda de mi hermano”, recordó Nereyda Silva Peña, mientras mostraba una fotografía de hace casi seis meses atrás.
En las calles de Managua, la situación era la misma y en las redes sociales, la familia mantenía una campaña de ayuda permanente. Las alcancías eran sus mejores aliadas y a un lado habían dejado la vergüenza para apostarse en las principales paradas y buses. Cada granito de arena contó y era igual de importante. La familia lo logró. La cuenta hospitalaria fue cancelada y Nolier despertó después de permanecer once días en coma.
Médicos incrédulos
Cuando este migrante nicaragüense despertó, el personal de salud no podía creer y para evidenciar que ellos fueron parte del proceso de recuperación le solicitaban selfies a Nolier Silva Peña. En un primer diagnóstico a Nereyda, los especialistas le habían comunicado que además de estar su hermano en coma había perdido un riñón, un pulmón, tenía un brazo quemado y le advirtieron que perdería varios miembros de su cuerpo, pero lo más delicado era una lesión en el cerebro y por eso habían puesto un chip que ayudaría a monitorearlo, sin embargo le fue retirado cuando salió del coma.
Tras Nolier despertar, los médicos decidieron que por su bien era mejor que continuará su recuperación en casa porque en el hospital estaba a flor de piel la amenaza del Covid-19. “Mi madre dejó de trabajar y se dedicó a cuidar a mi hermano. Al inicio, preferíamos que él no se diera cuenta de todo lo que sufrió y tampoco que se preocupara por las deudas,lo más importante era su recuperación”, recuerda Nereyda.

El día del accidente
En los últimos meses, Nolier pasó de la talla 34 de pantalón a la 28 y después que le habían pronosticado la amputación de varios miembros de su cuerpo por el accidente del 6 de marzo, únicamente perdió su dedo anular de la mano izquierda. Le explicaron que a través de este dedo donde usaba un anillo de acero había recibido la descarga y la misma salió por su rodilla donde todavía tiene una fisura.
“Yo sé que Dios me ha ayudado y lo seguirá haciendo. Yo no tengo dinero para operarme en Panamá. Mi familia contactó a un especialista del Lenín Fonseca y me va a valorar dicen que es el mejor”, cuenta a LA PRENSA Nolier y se muestra entusiasmado de que por fin su cráneo vuelva a su cabeza.
La madre de Nolier, doña Leyda Peña Acosta esperará un poco para viajar a Managua, ella continuará apoyando a su hijo. “Creemos que mi mamá vendrá a finales de este año. El tratamiento médico de mi hermano es caro y necesitamos ese ingreso para continuar con su recuperación”, dice Vany Peña y explica que ella y su hermana Leidy van a cuidar de su hermano una vez haya pasado el proceso de cirugía.
“La verdad, nos sentimos muy agradecidos con Dios, primeramente, por que él tiene a mi hermano con vida. Ya volvió al país a pesar de sus intentos fallidos. Aprendimos a tener paciencia y saber que todo tiene su tiempo. Estamos confiados en encontrar un buen neurocirujano y yo creo que la fe nos mantuvo firmes, todo el tiempo”, dice Vany Silva. Su hermana Leidy coincide. “Al inicio, le parecía mentira cuando miraba las fotos y le contamos todo lo que hicimos por él como familia. Esta amarga situación nos ha unido más a los Silva Peña”, señala.
Nolier, Nereyda, su esposo y su mamá Leyda, emigraron a Panamá en busca de nuevas oportunidades. Para ambas mujeres era más fácil encontrar empleo como internas con un salario de 500 dólares mensuales, sin embargo, para los varones la situación era más complicada y la pandemia del coronavirus, les obligó a permanecer en cuarentena. “Nosotro somos cuatro hermanos y ahora estamos más unidos que nunca”, concluye Laidy Peña Silva.