Desde su retorno al poder, Daniel Ortega y ahora la pareja dictatorial, ha pretendido acomodar la realidad de Nicaragua a sus ideas y el interés de eternizarse en el poder. Esta intencionalidad cogió fuerza a partir de abril del 2018, cuando la insoslayable realidad nacional de la explosión social sobrepasó por mucho sus intereses continuistas.
El antojo de adecuar la realidad a sus ideas, y no sus ideas a la realidad, ha sido una constante en todas las dictaduras, sobre todo las de izquierda, que han perpetrado innumerables atropellos contra los espíritus libres y valientes que se atreven a plantarle cara a sus nefastos empeños.
En la Rusia estalinista hubo un espeluznante catálogo de ejecuciones, encarcelamientos y destierros cometidos por el dictador de turno en contra del pueblo ruso, Iósef Vissariónovich Dzhugashvili, conocido como Stalin. Él fue uno de los mayores criminales de la historia pues masacró a su propio pueblo con extremada brutalidad. Cabe recordar que en una de sus locuciones este asesino fratricida dijo: “aniquilaremos sin piedad a cualquiera que amenace mediante la acción o incluso mediante el pensamiento, la unidad del Estado.
Las estadísticas estalinistas son sobrecogedoras, ejecutó si piedad ni misericordia a más de un millón de miembros de su propio partido en las llamadas purgas. En los campos de concentración llamados Gulags, esclavizó a dieciocho millones de personas. Con su sádico poder provocó la hambruna que mató ocho millones de ucranianos entre 1931 y 1933.
“La muerte resuelve todos los problemas, sin hombres no hay problemas”, solía decir Stalin. No cabe duda que las ideas de Stalin no coincidían con la realidad rusa y afanosamente buscaba acomodarla con el látigo de la crueldad.
Paradójicamente, el genocida más grande en la historia es también el menos conocido y menos señalado en la prensa libre. Sus despiadados crímenes horrorizan hasta las conciencias más curtidas y cauterizadas. Cuando Mao Tse-Tung, intentó cambiar la realidad china con su mal llamado Gran Salto Hacia Adelante, esta idea fue descarrilada por la realidad yendo a parar en las profundidades de la mayor hambruna jamás vivida por la humanidad. Los historiadores más conservadores creen que en el exterminio que se dio entre 1958 y 1962 dejó más de cuarenticinco millones de muertos.
Al respecto Mao Tse Tung dijo: “es preferible que la mitad de la población muera para que otra mitad coma bien”. Siendo Mao presidente del Partido Comunista y Liu Shao Shi el presidente de China, éste último le dijo a Mao que los dos eran los culpables de la hambruna que había diezmado a la población rural. Mao enfurecido dijo que Liu era su peor enemigo y lo hizo encarcelar, matándole de hambre en su celda en 1969.
Los Ortegas parecen querer seguir un guion y libreto parecidos, pues a fuerza de represión, destierro y encierro pretenden cambiar la realidad nacional en la que sus ideas delirantes no hallan sitio, una realidad inamovible en la que ellos intencionalmente están ausentes.
Todo eso ha causado el gran aislamiento internacional de la dictadura que condena al pueblo nicaragüense a indecibles penurias.
Claro, para ellos es más fácil echarle la culpa a la oposición de las sanciones, que aceptar que sus absurdas ideas continuistas no tienen cabida en el mundo contemporáneo.
Por ello digo que de los tiranos descolocados Líbranos Señor.
El autor está exiliado en Costa Rica.
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