En un artículo anterior (Nicaragua es una novela distópica –7 de julio del año en curso) expliqué como la dictadura de Ortega se parece mucho a numerosas obras de ficción que narran una sociedad distópica donde líderes tiránicos gobiernan con mano dura, deshumanizando a la población a través del uso de la propaganda oficialista, educación adoctrinada y un sistema de control policial y militar, entre otras cosas.
Casi todas las obras que mencioné en ese artículo fueron escritas durante la época de la Guerra Fría —el momento histórico más fascinado por revolucionarios que pretenden ser como Josef Stalin o si prefieren, la reencarnación de Sandino—.
Pero también existe literatura moderna que uno puede leer y hacer la comparación con quienes les encanta aterrorizar a su propio pueblo con el fin de obtener y atornillarse en el poder.
Qué mejor obra —para así atraer a una audiencia más juvenil— que el Mundo Mágico de Harry Potter y su villano Lord Voldemort.
Ahora, no pretendo ser un gran experto en todo lo que tiene que ver con los libros de Harry Potter ni tampoco busco despertar la ira de su fanaticada aquí en Nicaragua, pero no es tan difícil ver como un villano literario comparte ciertas características con un villano en la vida real. La autora, J.K. Rowling, tuvo que haber tomado de figuras históricas para así crear a su antagonista principal. Además, esto es apenas un pequeño ejemplo —podría dar múltiples que abarcan una serie de 7 libros… Quizás para en otra, pero mientras tanto, quisiera ofrecer este análisis, comparando a los dos “Señores Oscuros”— tanto en el Mundo Mágico como en nuestro paisito.
Para mi que en Nicaragua hay un Voldemort: Existen muchos blogueros y artículos en línea que exponen que el antagonista de la serie de Harry Potter fácilmente podría compararse con Adolf Hitler. La verdad es que existen muchas similitudes entre la Alemania Nazi y lo que llegó a hacer Voldemort —un villano calmado— al tomar poder sobre el Ministerio de la Magia, pero pienso que “Ya Saben Quién”, a pesar de ser un dictador a corto plazo, fue sobre todo un gran terrorista. Voldemort utilizó la táctica del terror, a través de los “Mortífagos”, esos seres encapuchados e incondicionales que espantaban y mataban para así controlar a quienes no alineaban a sus ideales. ¿Suena conocido? Esos que le sirven a la versión nicoya de “El Que No Debe Ser Nombrado” son los paramilitares y policías que mantienen la “paz” en una Nicaragua donde el asedio, secuestro y la muerte están a la orden del día. Voldemort no tiene por qué literalmente ensuciarse las manos cuando tiene a personas que son fieles a su causa para ocuparse de los “nacidos de Muggles” (los Azul y Blanco “golpistas” en nuestro caso) o para aplastar a nuestra versión de la Orden del Fénix —la oposición nicaragüense que hoy se encuentra secuestrada—. Son ellos que se ocupan de la destrucción de viviendas, como en el caso de la casa del barrio Carlos Marx y de la separación de familias enteras por medio de la muerte, cárcel o el exilio.
Claro, Voldemort —al tomar control del Ministerio de la Magia— se convierte en algo parecido a un dictador y hace cosas que también alguien en Nicaragua ha llegado a hacer: la persecución de los “Muggles”, reformar las leyes del Mundo Mágico a su gusto y antojo para así tener más dominio sobre todos, etcétera. Pero es a través del terror sobre las personas que “El Innombrable” sobresale como villano y donde el daño colateral es lo de menos cuando lo que se busca es la inmortalidad o seguir como presidente hasta más no poder.
Sin embargo, hay algo que tanto Voldemort como alguien en Nicaragua son culpables de haber hecho y la misma señora Rowling llegó a enfatizar a través de la voz del profesor Dumbledore:
“¡El propio Voldemort creó a su peor enemigo, como hacen todos los tiranos! ¿Tienes idea de hasta qué punto estos temen a la gente que someten? Todos los opresores comprenden, tarde o temprano, que entre sus muchas víctimas habrá al menos una que algún día se alzará contra ellos y les plantará cara”.
Nicaragua no es un mundo mágico a pesar de que a veces parece que vivimos en una especie de Macondo, pero sí, el régimen de alguna forma, aunque sea mínima, teme a las personas que oprime. Si no fuera así no estuviera en plan “vamos con todo” contra sus opositores, tiene que saber que el fin está cerca y eso cualquiera lo teme, ya sea su fin en este mundo —como Voldemort— o en el poder.
¿Cuándo? Nadie lo sabe, pero hasta la misma compañera (o si prefieren, Bellatrix Lestrange, para encajar con el tema) reconoce que “nada ni nadie es eterno” —tanto para los villanos literarios como los de la vida real—.
El autor es maestro de Literatura y escritor de obras que relatan los inicios de la rebelión de abril en Nicaragua.