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La exreo político Ivania Álvarez se fue al exilio el pasado 13 de julio para darle tranquilidad a su familia, porque, si ha sido por ella, explica en esta entrevista con revista DOMINGO, estuviera en Nicaragua luchando para que caiga el régimen Ortega Murillo aunque eso signifique ir a la cárcel nuevamente.
Álvarez, de 39 años de edad, psicóloga, comenzó en la política haciendo protestas en Tipitapa contra el problema de la basura, la escasez de agua, de electricidad y posteriormente contra el fraude municipal de 2008. Desde entonces lucha contra el orteguismo. En abril de 2018 ingresó al movimiento autoconvocado 19 de Abril de Tipitapa. Hoy es una de las lideresas adscritas a la Coalición Nacional.
En esta entrevista, Álvarez comenta el tema de los exiliados, del proceso electoral y de cómo se encuentra el proceso de unidad en Nicaragua. Además, critica a la iglesia por la realización del diálogo en mayo de 2018.
¿Cuál es su situación actualmente?
Estoy con mucha incertidumbre sobre el quehacer y el futuro de Nicaragua.
¿Qué le da incertidumbre?
Me preocupa la gente que está dentro de Nicaragua, que está sufriendo asedio. Los familiares que están ahí con sus presos, que parece que están quedando en el olvido. Y me preocupa la situación económica y de salud también. Siento que cada vez nos va a costar más volver a levantar Nicaragua. Con tanta gente yéndose ese futuro está más lejano.
¿Qué le hizo salir al exilio?
Es la primera vez que salgo al exilio. Fue para darle tranquilidad a mi familia. Yo estaba preparada para soportar esta parte del asedio y para volver a la cárcel, pero la tranquilidad de mi familia me hizo buscar un mejor espacio y sobre todo quiero seguir aportando y para eso necesitaba un poco de seguridad.
¿Cómo le está cambiando la vida?
Es muy difícil, sobre todo cuando no lo planeas. Te quedas sin saber qué hacer, en un país extraño, con gente que no conoces. Yo no le deseo esto a nadie. Entre la cárcel y el exilio creo que es más difícil el exilio.
¿Cómo describiría lo difícil de ir al exilio?
Uno, la salida no la haces por voluntad. Es el primer golpe, que lo que estás haciendo no es porque vos lo decidís, sino que estás siendo obligado a desplazarte. Lo segundo es que, por muy bonito que sea el lugar, por muchas comodidades que podas ir alcanzando, estar lejos de tu familia, de tu lugar, no lo compensa nada. Lo otro es la incertidumbre. ¿Cuándo regresar? Yo me lo pregunto todos los días.
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¿Conoce experiencias de otros exiliados? ¿Cómo hacen para mantenerse económicamente? Especialmente al principio.
La gente se va con poco o con ayuda de alguna persona. Algunos se van aventurando casi con nada. Muy poca ropa porque no podés cargar mucho más que una mochila, un bolso. No podés tener tres o cuatro pares de zapatos, ni podés tener tantos trajes. Lo que quepa en una mochila, que es con lo que podés salir por veredas. Lo primero que hacés es buscar un espacio donde estar y un trabajo. Lo que esté a tu alcance económico. No vas a tener las mejores comodidades. Te acomodás donde sea, a veces en los peores lugares porque son los más baratos. La idea es que tengás donde dormir y no estar en la calle. He conocido de gente que me ha dicho que sí estuvo en la calle. Solo les ajustó para dos o tres días de hospedaje. Es salir con muy poco, sin rumbo, sin conocer a nadie. El futuro te lo vas haciendo en el camino.
¿Qué tan angustiante es la salida? Me imagino que hay miedo que le capturen.
Depende de cada caso. En mi caso, yo estuve manejando más de ocho horas, escapando de los motorizados para avanzar hacia la frontera. Luego buscar el punto ciego. Eso lleva muchísimas dificultades y peligros. La gente te vuelve a cobrar y te dicen que, si no, te van a denunciar, te van a echar la Policía. Cerca de la frontera yo dormí en el piso, estuve sin tomar agua bastante tiempo. Para algunos es más difícil, para otros más fácil. Cada quien tiene un nivel de riesgo. Yo, después de haber sido perseguida tantas horas, estaba con miedo todo el tiempo porque sentía que me iban a agarrar.
¿Cómo quedan ustedes en sus reclamos después de salir obligados de su país?
En mi caso, yo tengo muchísimas ganas de seguir aportando para derrocar a la dictadura. Tengo muchísimas más fuerzas. Es lo único que me sostiene porque sé que, si eso pasa, puedo regresar. Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para seguir denunciando a Ortega, para seguirle exigiendo que se vaya y exigirle mi regreso. Esa sensación la tengo todos los días. Es algo que me mueve. Pero también me vine con un sentimiento de la gente que se quedó presa, que me pesa mucho. Gente que está ahí y que luchó por los presos políticos. No sé qué más hacer para seguir pidiendo su libertad, aparte de denunciar. Tengo un sabor de deuda con mis compañeros, con quienes han estado conmigo en todo este tiempo. Ese sentimiento de impotencia tiene que ser motivador para seguir buscando la salida de la dictadura.
¿Cómo siente que se está tratando el tema de los presos políticos?
Ha sido igual como lo hemos hecho con el resto de los presos políticos. La denuncia, el acompañamiento a la familia, el acompañamiento legal. Creo que en este momento han redoblado las medidas. Por ejemplo, cuando yo estuve presa a nosotras nuestros familiares les dejaban pasar los tres tiempos de comida, nos dejaban ver una vez a la semana, aunque sean 20 minutos, dejaban pasar nuestros medicamentos. Cuando íbamos a los juzgados, nuestros abogados podían entrar. Todo eso hoy ya no existe para ellos. Están viviendo otra fase del trato a presos políticos, que ya era cruel pero que ahora simplemente es inhumano. Que no sepamos si comieron, si bebieron, si viven, tener en esa incertidumbre a los familiares es inhumano.
¿Qué es lo peor y lo bueno que tiene este régimen?
Yo no le encuentro nada bueno (ríe). Lo peor es lo deshumanizante. No solo con sus adversarios, sino con su propia gente, que la obliga a contagiarse de Covid, a asistir a actos para validar sus candidaturas, sus liderazgos, que la obliga a entregar una parte de su dinero para el partido, que la obliga a hacer cosas comoapoyos en caravanas y demás. A mí me parece que es deshumanizante que una maestra, un médico, una enfermera, se tenga que poner la bandera, la pañoleta para poder guardar su trabajo, tener esa plaza para poder comer. Del Frente Sandinista no queda nada. De la tiranía de los Ortega Murillo, que han construido en los últimos 14 años también va quedando poco. Solo les quedan quienes tienen algún beneficio económico. Lo peor es eso, deshumanizarte, tenerte preso como animal, obligarte a salir, huyendo, negarte la entrada a tu país. Y a los que se suponen que son su propia gente, obligarlos y verlos como mercancía. Ese grado de deshumanización no puede durar mucho.
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Con sus compañeros de lucha, ¿qué análisis han hecho del régimen en los últimos días?
Sin límites. Habíamos tratado de hacer análisis, de ver por dónde iban, si daban condiciones para las elecciones o poquitas, pero definitivamente las abolió. Él es un designado ya. Él no es un candidato porque un candidato compite y él no está compitiendo. Él se designó como el único ganador. Para nosotros está desmedido. No hay nada que los haga retroceder en su afán de mantenerse. Y ante eso hemos visto dos cosas, una nueva estrategia de lucha y una propuesta de plazos más largos que tienen que analizarse. La tercera ruta es el apoyo de la comunidad internacional, pero estamos claros que tenemos que hacer nuevas estrategias de lucha para guardar la seguridad y seguir ejerciendo presión interna. Ortega está sin límites y es totalmente peligroso para cualquiera de nosotros. Toca reestructurarse.
¿Qué han abordado sobre esas nuevas estrategias de lucha?
Compartir nuevas estrategias con gente que se ha enfrentado a regímenes parecidos con este, aunque definitivamente no hemos encontrado algo tan cruel, donde se ocupe tanto los órganos de represión como la Policía y el Ejército. Ya hablamos de clandestinaje, de desplazamiento forzoso de algunos liderazgos, de la salida del país de otros, de nuevos aliados y de ejercer presión con un poco más de táctica. Otra cosa es hablar con claridad y transparencia, que ya no hay confianza en esos partidos políticos, que la oposición debe renacer y para eso quedarán atrás algunos que considerábamos oposición como empresarios o como políticos que tuvieron oportunidades de apoyarnos y no lo hicieron. Todo eso es parte de la estrategia. A los jóvenes es difícil hacerles saber que esto va a durar más tiempo porque quieren todo rápido. Ya se desencantaron muchos de abril, por lo mismo, porque han pasado tres años. Todo eso toca reestructurarlo.
¿No han encontrado un régimen peor que el de Ortega?
Ortega es el resultado de estos proyectos de dictaduras cubana, venezolana, pero con un poco más de apoyo en el tema de logística como lo ha hecho Rusia y un poco más asesorados en temas de derecho, pues trata de vestir la democracia. Para eso también recibió apoyo de la izquierda latinoamericana. Ortega es una nueva versión de todas estas dictaduras de izquierda y apoyada por Rusia.
«Tenemos que hacer nuevas estrategias de lucha para guardar la seguridad y seguir ejerciendo presión interna. Ortega está sin límites y es totalmente peligroso para cualquiera de nosotros. Toca reestructurarse». Ivania Álvarez, exreo político.
Decía que los jóvenes se han desencantado porque han pasado tres años desde abril de 2018. ¿Cómo ha evolucionado la situación de Nicaragua desde entonces?
El momento de victoria, que no se va a quedar sin resultado, es el 19 de abril. Ver en las calles la multitud de gente, sandinistas, no sandinistas, de todo, colaborando, solidarizándose con los chavalos. Eso va a tener resultado. Los poderes fácticos van a querer sostenerse siempre y no podemos volvernos a dejar engañar. Vienen investidos de solidaridad, investidos por la Iglesia, pero sus objetivos para mantenerse en el poder no van a cambiar. Siempre van a querer utilizar al pueblo. Después de abril han nacido muchos movimientos que están ahí, que no han muerto.
¿A quiénes se refiere?
A los socios de la dictadura. Empresarios que han pactado por años los tráficos de madera, la explotación de las minas, de todos los recursos naturales, que han invadido las tierras de los indígenas y que se vistieron de azul y blanco. La iglesia tomó como referencia, para dialogar o hablar por el pueblo, a estos poderes fácticos.
¿Sacerdotes, obispos?
Diría la institución como tal, que en abril creyó que esto no era una dictadura y que se podía arreglar en una mesa, que para eso interfirieron poniendo los locutores. Ese reconocimiento le hace falta a la iglesia.
¿El diálogo obstaculizó la lucha?
Sí. Se puso en una mesa lo que se estaba resolviendo en las calles. Lo que la gente gritó desde el 20 de abril era que se vayan, que se vayan ya. Y lo gritábamos todos. Jamás hablamos de negociaciones, jamás hablamos de poner a los mismos en los mismos puestos, jamás hablamos de que se quedara Ortega platicando, jamás hablamos de que se convirtieran a las personas de la lucha en monedas de cambio como lo fueron los presos políticos. Jamás se habló tampoco de canjear la justicia, que fue por lo que salió la gente el 20 de abril, cuando ya habían matado chavalos. Eso no es negociable. Eso no se puede llevar a una mesa. Se tiene que llevar a los juzgados, se tiene que investigar, se tiene que castigar.
¿Por qué permitieron ese diálogo entonces?
No podría responder eso porque ni yo ni mi organización (movimiento 19 de Abril de Tipitapa) fuimos llamados a los diálogos, ni la gente que estuvo en los tranques fuimos llamados al diálogo, ni se nos preguntó si eran negociables los tranques o si eran negociables las protestas. Creo que los que fueron creyeron, al igual que la iglesia, que el régimen podía ceder, dejar el poder. El aprendizaje es ahora. En ese momento lo que hubo no fue una muy buena intención de los chavalos que participaron de la Alianza y de los demás, de creer que con Ortega se podía negociar.
¿Fueron muy ingenuos?
Sí. Hay ingenuidad política por parte de los jóvenes y alguna alevosía y ventaja por parte de los empresarios, que querían que el resultado de la lucha les favoreciera para obtener más poder.
¿El proceso electoral cómo lo están viendo?
A tres meses de estas elecciones, lo poco que quedaba de esperanza de que pudiésemos como nicaragüenses participar, o tener opción en ese proceso electoral, ha fracasado. No hay un solo argumento por el que se pueda decir vamos a ir a las elecciones. Ortega va a contar los votos. Tiene la estructura electoral en todo el país, acompañada de los zancudos, de los partidos colaboracionistas, que se prestaron a entregarle las estructuras, que inclusive se prestaron también a llenar las casillas de candidatos. Y que se prestan muy seguramente a legitimarlo el 8 de noviembre. Ante eso, el camino que se está labrando con la comunidad internacional, es el desconocimiento del proceso electoral como resultado de todas las arbitrariedades. Ahora toca hacia adentro, que la ciudadanía nicaragüense reconozca que este proceso electoral no tiene una sola garantía y que por ende no podemos avalar sus resultados.
¿Qué ha pasado con la Coalición Nacional?
Desde su nacimiento sufrió ataques muy, muy fuertes. Empezando por la Alianza Cívica. Ellos fueron quienes nos dijeron que como condición para hacer la coalición los partidos políticos debían de estar invitados, una cosa a la que la unidad se opuso y que luego de tres meses tuvimos que ceder porque estábamos siendo presionados por los territorios, por todos, que había que sumar esfuerzos. Luego fuimos minados por partidos como Yatama y el PLC. Y luego atacados por la propia Alianza Cívica, que dijo que ya no le gustaba así como estábamos y que se salían y se fue con CxL. El espacio de la Coalición nació con demasiadas desventajas y sin personería jurídica como tal. Cayó ante los ataques de los propios grupos que se le unieron. De último del PRD, que la abandonó porque se sintió que no estaban siendo respaldadas sus posiciones y que sintió que perdió la personería jurídica por insistir en estar en un espacio de coalición.
¿Ya no existe?
Está compuesta en este momento por la unidad del movimiento campesino y los grupos autoconvocados, pero, lógicamente, tras la redada de quienes componían el directorio, Chepe Pallais, Tamara Dávila, Félix Maradiaga, Violeta, que eran nuestros representantes. Luego Medardo Mairena. Fue un gran golpe para la Coalición. Sí existe. Están ahí los representantes de cada organización tratando de salvar lo que queda, sobre todo en el tema territorial, que es donde más presencia tenemos.
¿Está moribunda entonces?
La Coalición es la sobreviviente del esfuerzo de unidad. Si queda muy poco, eso es lo que queda de la unidad. Si se ve débil, esa es la unidad.
¿Qué sienten al no haber logrado la unidad?
Me siento satisfecha. Al menos hemos dejado claro, hemos destapado los rostros de quienes no quieren a Nicaragua.
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¿Quiénes?
Primero es Ortega. Esa misma actitud hacia el país la tienen todos los que están acompañando a Ortega en su circo electoral. Sin excepción.
Ante ese circo electoral, ¿qué esperas?
Resistencia del pueblo. Espero resistencia de los ciudadanos nicaragüenses. Que hagamos algo juntos. Y lo que podemos hacer juntos, en seguridad, sin exponernos, es desconocerlo. Es quedarnos en casa desconociendo y no prestarnos a su farsa.
¿No hay que ir a votar?
No. Cerremos las puertas de nuestras casas. No estamos compitiendo.
Si no se va a votar, ¿cómo se saldrá de la dictadura?
Resistencia. Resistencia. Ningún régimen es eterno. Ningún régimen se puede sostener por las armas tanto tiempo. La dictadura va a caer. Va a llegar el momento en que vamos a tomarnos las calles otra vez, en que vamos a limpiar las instituciones y donde Ortega se va a ver obligado, sí o sí, a poner un proceso electoral creíble, observable y competitivo. Mientras eso no pase, estos es solo el juego de la dictadura. Nadie va a ver un partido de futbol sabiendo que los jueces y un equipo ya tienen los resultados.

Plano personal de Ivania Álvarez
Ivania del Carmen Álvarez Martínez, de 39 años de edad, es licenciada en psicología por la UNAN-Managua. Ha sido maestra por muchos años, de secundaria y de universidad.
Es soltera y sin hijos.
Es de una comunidad que se llama Los Laureles, a 18 kilómetros de Tipitapa. Toda su familia es comerciante. Tiene cuatro hermanos, ella es la menor. Su madre es Francisca Martínez, de 71 años de edad. El papá, Antonio Álvarez, falleció en octubre de 2018 a la edad de 73 años. «Mi papá era un campesino, no pudo ir a la escuela. Estoy segura que se sentiría orgulloso de saber todo lo que hemos sacrificado como familia. Lo que hemos aportado al país. No hemos cometido delito. Hemos ofrecido trabajo. No está conmigo, pero sé que se sentiría muy orgulloso», dice Álvarez.
Tiene dos mascotas, dos perritos que se llaman Lucas y Sasha, que dejó en Nicaragua y espera verlos pronto.
Le encanta escuchar música, ver deportes en la televisión y hablar con la gente.
Fue dirigente estudiantil y en Tipitapa protestó por el agua, el polvo, la energía, la basura, por las mujeres. Contra Ortega lo hace desde 2009, después del fraude de las elecciones municipales de 2008. «Nos pusieron un alcalde, César Vásquez, que ya sabíamos que se nos había llevado todo y seguía. Que solo lo nombraran de Managua me sacó de onda», explica.
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