Erígone, Icario y la perrita Mera

Y ADEMÁS
Los observadores del cielo, las estrellas y las galaxias dicen que Virgo, o Virgen, es una de las constelaciones más grandes y visibles.

Según los astrónomos, la constelación Virgo se encuentra entre Leo al oeste y Libra al este del zodíaco, que según el diccionario de la RAE “comprende los doce signos, casas o constelaciones que recorre el Sol en su curso anual aparente, a saber, Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis”.

En la mitología griega hay dos versiones acerca del origen de la constelación Virgo y en una de ellas se dice que antes de aparecer en el cielo, era Astrea, la diosa de la justicia que era hija de Zeus y Temis.

Durante la Edad de Oro Astrea bajó del cielo y se quedó a vivir en la tierra entre los mortales. Vivió feliz durante mucho tiempo, porque la gente era buena, las personas se respetaban unas a otras, nadie tenía más de lo que necesitaba ni se apropiaba de lo que no le pertenecía. Pero pasó el tiempo y llegó la Edad de Hierro. La gente se desmoralizó, se dejaron de respetar unos a otros, las personas se llenaron de envidia, ambiciones y codicia y comenzaron a cometer crímenes de toda clase.

Astrea iba de un lugar a otro en busca del mejor lugar para radicarse, donde la gente conservara la inocencia o no se hubiera corrompido tanto. Finalmente se fue a vivir en los campos donde, según el poeta latino Virgilio, estableció su refugio. Pero hasta allí llegaba la maldad humana, todo estaba contaminado por el pecado, la especie humana perdió respeto a la justicia. Entonces Astrea, decepcionada, consideró que la gente estaba ya completamente perdida y optó por abandonar la tierra. Se fue al Olimpo y su padre, Zeus, decidió colocarla en el cielo como la constelación Virgo, Virgen, porque siendo ella representación de la justicia conservó la pureza virginal en todos los sentidos.

El otro mito sobre el origen de la constelación Virgo dice que esta, en la tierra, antes de morir, era una doncella llamada Erígone. Y esta es su historia.

Erígone era hija de Icario, un agricultor de las cercanías de Atenas, donde reinaba Pandión I. Pasó por allí Dionisos (o Dionisio), el dios hijo de Zeus y Sémele que andaba por el mundo predicando su nueva religión. Sin saber que Dionisos era un dios, Icario lo atendió como mandaba la ley de la hospitalidad, dándole de comer lo mejor que había en su modesta despensa.

Agradecido, Dioniso le regaló a Icario un brote de vid y le enseñó como cultivar la uva y el secreto de producir el vino. Icario dio a beber aquella bebida maravillosa a un grupo de amigos y vecinos que terminaron emborrachándose. Ya ebrios los hombres creyeron que Icario los había envenenado y lo asesinaron atrozmente.

Como Icario no llegaba a la cabaña donde vivía con su hija Erígone, esta salió a buscarlo acompañada por su perrita llamada Mera. Al encontrar el cadáver de su padre Erígone enloqueció de desesperación y se quitó la vida, colgándose de un árbol en el que su cuerpo quedó columpiándose. La fiel perrita Mera permaneció allí, cuidando los cuerpos de sus amos o tal vez esperando que volvieran a la vida, hasta que los vecinos encontraron los cadáveres y les dieron sepultura. Fue entonces que Mera corrió hasta la orilla de un precipicio de donde se arrojó para morir igual que Icario y Erígone.

Dionisos se enfureció por lo sucedido y castigó a la población de Atenas, determinando que cada cierto tiempo una doncella ateniense enloqueciera y se colgara de un árbol, igual que lo hiciera Erígone. Consultado el oráculo de Delfos por qué ocurría algo tan trágico, este dijo que las doncellas atenienses seguirían suicidándose mientras no se hiciera justicia a Icario. De manera que los atenienses buscaron a los asesinos hasta encontrarlos y hacerles pagar por su delito.

Erígone e Icario fueron llevados al cielo. Allí ella fue puesta como la constelación Virgo y él como la del Boyero, porque en vida con un buey araba la tierra. Pero también la perrita Mera fue subida al cielo, donde, desde entonces, es la estrella Proción, la más brillante de la constelación del Can Menor.

 

Opinión mitología griega archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí