Betty es una perra de dos años, fue abandonada por su familia cuando apenas tenía uno en el refugio de animales, Casa Hogar Lucito, en Managua. Hasta la fecha, nadie la ha querido adoptar porque cuando las personas la miran, le tienen miedo, porque es de una “raza peligrosa”.
Ilse Díaz Suazo, directora de la Casa Hogar Lucito, asegura que Betty es todo lo contrario, corre por todo el lugar, juega con los otros animales rescatados y no ataca a nadie. Cuando llegó al refugio, cuenta Suazo, estaba en malas condiciones: permanecía amarrada, deshidratada, con pulgas y garrapatas. Además, gruñía a los trabajadores del refugio. “Ninguno de nosotros del hogar nos podíamos acercar, ninguno, porque ella tenía un tanto de ser agresiva, no agresiva, esa no es la palabra, creo que una perra que la acaba de abandonar su familia y está en un lugar nuevo, obviamente va a estar en alerta”, explica Suazo, quien también dirige la Organización Ambiental Nicaragüense.
Ahora, el comportamiento de Betty es otro. “La gente cree que porque es una perra grande no puede cambiar, pero los perros se adaptan, si ellos se sienten en confianza, si se sienten protegidos y que no tienen que estar alerta ellos no tienen porqué atacar por defensa”, agrega.
El pasado 8 de julio, Rocco y Simba, dos perros según sus dueños de raza pitbull, atacaron y agredieron a un adolescente de 14 años en Chinandega. La agresión provocó que el menor perdiera su ojo izquierdo y sufriera lesiones en otras partes del cuerpo. El joven llegó a la vivienda donde estaban los perros a comprar un chocobanano y cuando fue atendido por otra menor, los perros, a los que habían soltado ya que permanecen amarrados con mecates, se salieron y se abalanzaron contra él.

Al respecto, el doctor Enrique Rimbaud, médico veterinario, asegura que ninguna raza es mala ni ataca por naturaleza, son las personas quienes orientan y adiestran a los perros para ese fin. “La gente suele entrenar a los perros para defensa y ataque; y ahí se equivocan, porque un perro no puede discernir entre lo bueno y lo malo”, sostiene.
En datos concretos, Rimbaud señala que en Nicaragua, a partir de las estadísticas del Ministerio de Salud (Minsa), hay unas 500 personas al mes que son mordidas por perros, es decir, más de 6,000 personas al año. En el caso de la raza pitbull, refiere que podrían ser unas 10 personas al año y se cuestiona por qué no se escucha de esas otras 6,000 personas que fueron mordidas y solo de los pitbull se habla. “Porque a la gente le gusta el sensacionalismo y la prensa es profundamente amarillista, y el pitbull vende, el resto no”, dice.
Además asegura que esos datos corresponden a personas que acuden al Minsa luego de que fueron mordidas. “Hay muchos que son mordidos por chihuahuas, shih tzu, pomerania, terrier de yorkshire, que no van porque les da pena decir que fueron mordidos por perros minúsculos. En el ranking mundial de personas afectadas por mordeduras graves de perro, el pitbull y el amstaff ocupan los lugares 23 y 28 respectivamente, la raza que más muerde personas de gravedad es el pastor alemán, y la gente lo ve y dice que bonito”, explica.
Por su parte, Ilse Suazo está convencida de que la forma de crianza influye en el comportamiento de las mascotas, en general. “Lastimosamente acá la gente tiene los pitbull para demostrar que tienen un perro fuerte, un perro agresivo, que va a hacer daño. Nosotros hemos visto casos que la gente los entrena para que maten gatos, para que cuiden la casa; entonces le meten eso al animal de que sean agresivos, de que ataquen. Cuando los animales se encuentran en esos ambientes, obviamente, pues ellos van a reaccionar así conforme a la violencia que le hayan dado y eso pasa en la mayoría”, dice Suazo.

No todos son pitbull
Wilber Martínez, médico veterinario y criador de la raza american staffordshire terrier en Nicaragua, explica a LA PRENSA que el comportamiento de un perro pitbull y su agresividad nunca va dirigida hacia el ser humano, ya que su función zootécnica es ser un perro de pelea. Agrega que se debe tomar en cuenta que no todos los perros con orejas cortadas, aspecto fuerte, con cabeza grande, volumen en su cuerpo y gran masa muscular es un pitbull, ya que dentro de esa raza hay otras categorías como el american bully, american staffordshire bull terrier, el bull terrier o estos son producto del cruce entre razas diferentes.
“Se espera que esos perros no deberían ser agresivos, sin embargo, se dan casos esporádicos que pueden presentar un comportamiento inadecuado por la mala crianza, eso puede suceder no solamente con el pitbull, eso puede suceder con el rottweiler, con el doberman, con el pastor alemán, pastor belga malinois, porque la gente se enamora de la moda, miran un perro fuerte que el vecino sacó a pasear y (dicen) se ve bonito el perro y yo quiero tener también ese perro”, señala.
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Martínez atribuye los casos de agresiones a dos razones. La primera dice es porque el dueño no está preparado para criar este tipo de perros y no cuenta con el tiempo para sacarlo a pasear, que se ejercite, ni las condiciones en su vivienda. Esto provoca que el animal permanezca en un ambiente de estrés. “No está castrado, está con sus testículos, está con full testosterona, es un perro que está super estresado, se crió amarrado, se crió al fondo del patio, no fue sociable, no le enseñaron desde chiquito a convivir con niños, no le enseñaron desde pequeño a convivir con otros perros, animales, entonces eso es una bomba de tiempo, pero yo lo generalizo, eso sucede con todas las razas”, sostiene.
La segunda razón tiene que ver con que las personas han desviado el carácter del perro, es decir, los dueños los utilizan como perros guardianes para que cuiden la casa y generen miedo; y manteniéndolos amarrados y encerrados provocan que el perro desarrolle su instinto territorial, proteja su zona y se vuelva agresivo. Martínez destaca que las personas son las que alimentan la agresividad del animal al no corregir su mal comportamiento y no enseñarle disciplina, pues al salir de la casa tras romper la cadena o de donde estaban encerrados, van directo a agredir.
A esto se suma que el cruce indiscriminado ha provocado que el carácter de los animales sea “impredecible”, ya que dentro de cada raza se maneja un estándar sobre el carácter que debería tener el perro. “La gente cruza pitbull con boxer, con rottweiler, rotweiler con el doberman. Entonces cruzaron a la (perra) pitbull que era mansa, le echaron un rottweiler bravísimo y ahí salieron unos perros todos bravos”, asegura Martínez.

“No están atacando la raíz del problema”
Tras una agresión, el doctor Rimbaud asegura que es “un disparate” hablar de sacrificar a los perros, ya que de acuerdo a lo que dispone la Ley de Protección y Bienestar Animal, Ley 747, se le debe quitar al dueño el animal y darlo en adopción “a otra familia que le tenga paciencia, le de amor y cariño y un cuido adecuado”.
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En tanto Ilse Suazo, directora del refugio de animales, asegura que “no están atacando la raíz del problema que en parte es la educación de las personas, en el país hay mucha ignorancia y sobre todo no hay respeto en las leyes, hay una ley, la Ley 747, pero al final la ley no se ejecuta, se podría decir que no hay quien proteja a los animales en la parte legal”. Agrega que otras alternativas podrían ser que el dueño de las mascotas reciba una multa, ya que es el responsable directo de que haya pasado eso; y prohibirles que puedan tener mascotas.
Recomendaciones
Wilber Martínez asegura que la mejor solución para evitar las agresiones de los perros está relacionada con la persona que va a adquirir al animal, si está preparada o es novata en la crianza de este tipo de raza o de otras. Si ocurre lo último, Martínez recomienda mejor no tenerlo. Por su parte, Suazo recuerda que los perros son una responsabilidad, no un juguete; y son muy dependientes de sus dueños por lo que deberían asegurarse de:
– Tratar a la mascota con amor y respeto
– No tenerlo tirado al fondo del patio como si fuera un objeto.
– No tenerlo amarrado, “no darle palo día y noche porque hay gente que tiene muchos problemas, frustraciones, y se desquitan con las mascotas”.
– Sacarlo a pasear. Hacerlo sociable desde pequeño, que interactúe con otros perros, con otras personas.