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Nicaragua

Daniel Ortega y Rosario Murillo en un acto en Managua. LAPRENSA/AFP

Por qué la alerta de EE. UU. a inversionistas llega en mal momento para Daniel Ortega

El problema es que la inversión local y extranjera es fundamental para reducir el desempleo, segmento laboral que se ha ensanchado a raíz de tres años de recesión, donde cerca de 200 mil personas han perdido sus trabajos, lo que ha elevado la tasa de pobreza.

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La advertencia que Estados Unidos hizo a inversionistas de que deben «ser extremadamente cautelosos al invertir en Nicaragua bajo el gobierno autoritario del presidente Daniel Ortega» se emitió el mismo día que el Banco Central local admitió en su balanza de pago que en el primer trimestre de este año  los flujos de inversión extranjera estaban dando signos de recuperación, aunque si el saldo a marzo se compara con igual periodo del 2020 hay un desplome del sesenta por ciento.

El Banco Central de Nicaragua divulgó este 21 de julio, el mismo día que el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió la alerta, de que entre enero y marzo de este año los flujos de inversión extranjera ascendieron a 54.3 millones de dólares, por debajo de los 135.6 millones de dólares observados en el primer trimestre del año pasado, previo al impacto de la pandemia en la economía nicaragüense.

El saldo a marzo  fue el resultado de un ingreso total de 133.4 millones de dólares en inversión extranjera, pero hubo una salida de capital de 79.1 millones en similar periodo, para un neto de 54.3 millones de dólares, es decir que salió más capital de lo que al final se quedó.

A la inversión extranjera directa ya le estaba yendo mal después del estallido de la crisis sociopolítica en abril del 2018. La pandemia debilitó aún más la fragilidad de este indicador, cuyo cimiento fue erosionado por el aumento de la incertidumbre tras la inestabilidad política, pero el reporte del Gobierno de EE. UU. echa otra palada de tierra a la aspiración del régimen de Ortega de reactivar este motor este año, que en la última década había soportado parte del crecimiento económico.

«El Gobierno de Nicaragua busca inversión extranjera directa para proyectar normalidad y apoyo internacional en un momento en que la inversión extranjera prácticamente se ha detenido luego de la violenta represión de las protestas pacíficas por parte del Gobierno a partir de abril de 2018», dijo el Departamento de Estado de Estados Unidos en su reporte.

Y agregó: «Como las fuentes tradicionales de inversión extranjera directa huyeron de la crisis política en curso, el Gobierno ha buscado cada vez más inversiones extranjeras de otros países como Irán y China. Los incentivos a la inversión se dirigen a empresas centradas en la exportación que requieren grandes cantidades de mano de obra no calificada o poco calificada».

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Lejos de la recuperación, pero estaba dando signos positivos

Pero más allá de ello,   el flujo de inversión extranjera en el primer trimestre de este año está lejos de los 223.2 millones de dólares que se observaron en igual periodo del 2017, es decir un año antes del estallido de la crisis política en abril del 2018  y  la pandemia en el 2020. En ese año convulso, incluso, en el primer trimestre 2018, en la balanza de pago el BCN registró 286.3 millones de dólares, flujos que no se han vuelto a observar desde entonces.

«La economía de Nicaragua todavía tiene un potencial significativo de crecimiento si se pueden superar los desafíos institucionales y del Estado de derecho y se puede restaurar la confianza de los inversores», condicionó Estados Unidos en su reporte: «Declaraciones sobre el clima de inversión 2021: Nicaragua», colgado en el sitio web del Departamento de Estado.

Y si bien en el arranque del año electoral había profundizado aún más los tres años de nerviosismo de los inversionistas por la recesión y crisis política, los números muestran que el flujo registrado en el primer trimestre de este año estaban dando señales de recuperación en el contexto pandémico.

Muestra de lo anterior es que el saldo de 54.3 millones de dólares de este año es 221 por ciento mayor que lo registrado en el trimestre último del 2020, es decir octubre-diciembre. En ese último periodo del año pasado, el BCN había reportado apenas 16.9 millones de dólares, el segundo flujo trimestral más bajo en la última década.

En concreto, según el reporte del BCN, luego que en el primer trimestre del año pasado ingresaron 135.6 millones de dólares; en el segundo tramo similar llegaron 19.7 millones de dólares, pero ya en el tercer trimestre se registró una histórica caída a 10.1 millones de dólares de dólares.

Desde el 2012, que es año a partir del cual el BCN desagrega el ingreso de inversión en cada trimestre, el nivel más bajo que se había reportado hasta el primer trimestre del 2018 (es decir previo a la crisis política y pandemia) ocurrió en el cuarto trimestre del 2016 cuando ingresaron 81 millones de dólares por este concepto.

Cuando se conoció el reporte de EE. UU. el economista Maykell Marenco dijo que tras el anuncio se había incrementado el riesgo de que si un inversionista tenía planes de traer su capital o estaba en proceso de incorporarlo a la economía, este desistiera.

“Actualmente el riesgo país aumentó, de tal manera que la fuga de capital será mayor porque si antes había una actividad económica y ahora supone mucho riesgo, inmediatamente el inversionista va a buscar cómo deshacerse de esos activos y trasladar su inversión a otro país menos riesgoso”, afirmó.

Entre los factores de riesgo que Estados Unidos menciona a los inversionistas señala la aprobación de leyes represivas, la falta de transparencia en la publicación de datos, el aumento de la corrupción, la ausencia de vuelos comerciales, los antecedentes de expropiación, las reformas fiscales que dañan los márgenes de ganancia de los inversores, entre otras cosas.

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El peso de la inversión

El problema es que la inversión local y extranjera es fundamental para reducir el desempleo, segmento laboral que se ha ensanchado a raíz de tres de años de recesión, donde cerca de 200 personas mil han perdido sus trabajos, lo que ha elevado la tasa de pobreza.

La inversión extranjera en Nicaragua se había convertido para el Gobierno en un flujo tan importante como las remesas. Muestra de ello es que, según datos oficiales, en el 2014 —el mejor año de esta inversión para Nicaragua entre el 2006 y 2020—, este indicador ascendió a 1,077 millones de dólares, casi similar a los 1,138 millones de dólares en remesas.

Ahora la brecha entre la inversión extranjera y los envíos de dinero se ha ensanchado. En el 2020, por ejemplo, la inversión extranjera totalizó 503 millones de dólares, mientras que las remesas sumaron 1,682 millones de dólares, según cifras oficiales.

Hasta el 2017, previo a la crisis política, la inversión extranjera totalizó 1,035 millones de dólares y las remesas 1,390 millones de dólares.

Y aunque el gobierno de Ortega está haciendo esfuerzos por traer inversión de países con los que Nicaragua no tiene un vínculo económico fuerte, lo cierto es que en el Programa Económico y Financiero del quinquenio 2020-2024 el  Ejecutivo del régimen deja en evidencia su pesimismo.

Al respecto proyecta captar entre 2020 y 2024 unos 1,006.3 millones de dólares en inversión extranjera, lo que no supera ni siquiera lo que recibió en el 2017, cuando el saldo ascendió a 1,035.4 millones de dólares.  Es decir un poco más de 200 millones anuales en el quinquenio antes mencionado.

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