Las Leyes de Murphy

Algunas personas que escriben artículos para periódicos o revistas, de vez en cuando hablan de la Ley de Murphy con el fin de ilustrar o explicar alguna idea o argumento. Se refieren específicamente a la conocida sentencia de que, “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Edward Murphy fue un notable ingeniero aeroespacial estadounidense que nació el 11 de enero de 1918 en la Zona del Canal de Panamá y murió en Nueva York, el 17 de julio de 1990. Se preparó y graduó en la Academia Militar de West Point y fue piloto de combate en la II Guerra Mundial. Posteriormente trabajó en el Instituto de Tecnologías Aéreas de Estados Unidos, allí se distinguió e hizo famoso por sus aportes a los sistemas de seguridad de navegación aérea, incluso del proyecto espacial Apolo.

Además de sus innovaciones tecnológicas, Murphy elaboró una serie de reglas de fácil comprensión por su lógica contundente e irrefutable, las que llamó “Leyes de máxima fatalidad, provocadas con el mínimo esfuerzo”. Su propósito era explicar a los diseñadores —pero también a todas las personas de cualquier disciplina profesional—, que en la elaboración de diseños de toda clase siempre se debe considerar el peor de los escenarios posibles, para no ser sorprendidos cuando ocurren resultados distintos de los que se pretenden.

Las Leyes de Murphy son 33, incluyendo la antes mencionada. Todas son de máxima importancia, como por ejemplo la de que “Cuando parece que ya nada puede ir peor, empeorará”. O las de que “Los problemas complejos tienen soluciones erróneas”, “La causa principal de los problemas son las soluciones que algunos aportan”, “La ineficacia y la estupidez del personal corresponde a la ineficacia y la estupidez de los jefes”, “No se debe repetir un experimento que haya salido bien”; y, “No hay nada tan pequeño que no pueda manifestarse o provocar una explosión violenta”.

Los expertos en estrategias políticas aconsejan tener en cuenta las Leyes de Murphy para diseñar los planes de acción, sobre todo en lo que se refiere a la lucha electoral y la práctica de gobernar. Pero son muchos los políticos de toda clase que no siguen este sano consejo. Tercamente no lo hacen a pesar de que la experiencia histórica siempre demuestra que cuando los grandes proyectos políticos son diseñados sin tener en cuenta las sabias advertencias de Murphy, se puede cometer errores —y de hecho se cometen—, los cuales en algunos casos llegan a ser catastróficos e irreparables.

En Nicaragua, la certeza de la ley o el enunciado de Murphy de que no hay nada tan pequeño que no pueda provocar una explosión violenta, se comprobó plenamente en abril de 2018, cuando la represión gubernamental de una pequeña protesta estudiantil —igual a muchas que habían ocurrido hasta entonces en el país— provocó el poderoso estallido social que estuvo a punto de derrocar al régimen de Daniel Ortega y causó la profunda crisis que hasta ahora no se ha podido resolver.

También en Nicaragua, y en Venezuela, por el empecinamiento en imponer un diseño de poder político como el de Cuba los gobernantes desafían a Murphy y su ley de que, “Distorsionar la realidad para que se ajuste al modelo conduce inevitablemente al fracaso”.

A pesar de las enseñanzas de la historia, de las ciencias políticas y de la lógica de las Leyes de Murphy, pero sobre todo por ignorancia o arrogancia, hay quienes por aferrarse a sus proyectos fallidos causan desastres cuyas consecuencias tiene que pagarlas la gente inocente.

Editorial régimen de Daniel Ortega represión archivo
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