Si de verdad queremos recuperar nuestra democracia perdida, debemos estar conscientes que recobrarla requerirá sacrificios de todo tipo y sobre todo de unir criterios y dirigirlos en una sola dirección. De lo contrario, seguiremos dependiendo de las decisiones que adopte la comunidad internacional con relación a nuestra problemática social.
Quiero dejar claro antes de iniciar mi análisis que trataré este tema con prudencia, pues no tengo el más mínimo interés que el gobierno me mande a chipotear aduciendo que violé la ya Ley 1055 o cualquier otra que se les ocurra. Digo esto ya que después de leer la declaración de los proponentes de la doctora María Asunción Moreno para candidata presidencial del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL), cuando les preguntaron que si no tenían temor de que ella (María Asunción) corriera la misma suerte de Arturo Cruz y Juan Sebastián Chamorro, su respuesta fue: si eso pasa, escogeríamos otro candidato. Bien por ellos, que pueden reponer al que les vayan echando preso, pero mi familia no tiene con quien reponerme.
Dicho esto, permítanme enumerarles tres cosas en las que parece haber consenso en nuestra “oposición”. La primera, que la única opción para salir de la dictadura es por medios democráticos. Segundo, que tanto los Estados Unidos como la Unión Europea y Canadá no deben hacer uso de lo que dictan sus respectivas leyes con relación a los tratados internacionales que suscriben con otros países, en otras palabras, que no interrumpan unilateralmente sus tratados comerciales con Nicaragua porque afectarían a nuestros “pobres”. Tercera; que hay que participar en las próximas elecciones, aunque las circunstancias actuales continúen como están.
Sobre las tres cosas antes mencionadas tengo un criterio diferente, el que espero que la agudeza mental y experiencia política de mis amigos lectores la descifren, yo me abstendré de extenderme en más comentarios por el momento, pues como dije anteriormente, si al gobierno se le ocurre que violé alguna de sus leyes, me mandan a chipotear.
No quiero finalizar este escrito sin dejar de referirme a los acontecimientos que están sucediendo en Cuba, en donde un pueblo cansado de “comunismo”, de un partido único, hastiados de vivir bajo el capricho de un grupo de vividores que les controlan todos los aspectos de sus vidas, se están rebelando de una forma jamás vista en sus sesenta y dos años de existencia. He seguido con mucha atención las expresiones de los cubanos en las diferentes manifestaciones y he podido descubrir que hay dos razones que podríamos considerar como fundamentales para que esa explosión de que estamos siendo testigos se esté produciendo; la primera es que se han hastiado de vivir sin vislumbrar un futuro mejor y la segunda, a mi juicio la más dramática, es la hambruna que sufre el pueblo en general. Las distintas tomas de videos que nos llegan, nos revelan imágenes de un pueblo famélico, desnutrido, casi en harapos. Mientras tanto el buró político o como le llaman a los responsables de semejante debacle social se empecinan en echarle el muerto a su archienemigo del norte.
En síntesis, es la hambruna la que está impulsando al pueblo cubano a salir a las calles y protestar aún a riesgo de ser aniquilados por un régimen que ha demostrado todos estos años ser insensible a sus reclamos. Lo que demuestra que lo que la política y los políticos no logran, lo hace el hambre y la falta de medicinas. Personalmente soy escéptico sobre el resultado de esta explosión popular, pues es posible que la aplasten a cualquier precio, aunque este sea una montaña de cadáveres, centenares de desaparecidos y miles de detenidos.
Sin importar cuál sea el final de las demostraciones que estamos viendo en Cuba, considero que la lección o moraleja es que el hambre y la desesperanza no les temen a ningún tipo de política de represión por muy cruel que esta sea.
El autor es comentarista político.