El valor superior de los DD. HH.

Con motivo de la celebración de la Fiesta Nacional de Francia, el miércoles 14 de julio, el embajador de este país de Europa en Nicaragua señor Brieuc Pont envió un significativo mensaje al pueblo nicaragüense. Entre otros conceptos de suma importancia, el embajador Pont dijo que para su país, Francia, los derechos humanos son el bien más precioso, pero además aseguró que “en ninguna parte los Derechos Humanos, porque son universales, son un tema de política interna”.

Este mensaje del embajador de la República Francesa es de suma importancia para Nicaragua, donde el régimen dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo rechaza de manera intransigente y desafiante los diversos y numerosos pronunciamientos y acciones de la OEA, la Unión Europea y otras entidades y gobiernos de la comunidad democrática internacional, que condenan las violaciones individuales y colectivas a los derechos humanos de los nicaragüenses y exigen su debido respeto. Según el régimen de Nicaragua, esas son intromisiones en los asuntos internos del país que violan la soberanía nacional y su derecho a la autodeterminación.

Es cierto que, por ejemplo, la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA) establece en su artículo 1 que ninguna de sus disposiciones “autoriza a intervenir en los asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros”. Y el inciso e del artículo 3 manifiesta que “Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado”.

Pero se refiere al “derecho a elegir” de los ciudadanos en comicios libres, limpios y legítimos. No se trata del “derecho” de ninguna persona o partido a imponer por la fuerza y mediante farsas electorales un régimen político dictatorial. Y para que no haya ningún equívoco, la Carta Democrática Interamericana que es complementaria de la Carta de la OEA, indica claramente lo siguiente:

“Artículo 3. Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Como ha dicho el embajador de Francia en Nicaragua, los derechos humanos no son un tema de política interna, su valor es universal y su respeto una obligación del Estado. Lo cual es válido no solo para la República Francesa sino para todos los países y gobiernos del mundo.

El filósofo del derecho Enrique Haba Müller explica al respecto que, en la época actual, “el orden jurídico interno y el internacional conforman una estructura de sentido unitario, quedan solidariamente comprometidos a proteger los derechos humanos (…). El derecho internacional público tiene hoy, además de la dimensión que se refiere a las relaciones entre los Estados mismos, una segunda dimensión, nueva: la de las obligaciones de los Estados frente a sus propios súbditos, precisamente en materia de derechos humanos”.

De manera que nadie tiene derecho ni razón para alegar intromisión extranjera cuando se trata defender los derechos humanos, que incluyen los derechos políticos y las garantías democráticas para todas las personas.

Editorial Derechos Humanos en Nicaragua OEA archivo
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