Equidad de género pero en la represión

Las diversas convenciones internacionales, las leyes locales y la práctica de la equidad de género en la actualidad, representa uno de los más grandiosos progresos de la humanidad a pesar de los retrasos y el déficit que en este campo tan importante quedan todavía por superar.

Equidad de género es la distribución justa de los recursos de la sociedad, de la participación laboral y retribución salarial, y del acceso al poder entre mujeres y hombres de acuerdo con sus derechos, necesidades y aspiraciones.

Consiste en asegurar a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres en todos los órdenes sociales y políticos de la nación y el Estado.

La idea y el propósito de la equidad de género quedó establecida por primera vez en 1945, en la Carta Fundacional de las Naciones Unidas, en cuyo Preámbulo “se reafirma la fe en los derechos fundamentales del ser humano, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres y de las naciones grandes y pequeñas”.

Desde entonces distintos instrumentos de derecho internacional como la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en 1966; la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, de 1979; la Resolución de la Conferencia de Viena de las Naciones Unidas, de 1993; los acuerdos de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, de Belem do Para, Brasil, en 1994; las resoluciones de la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, de 1995 en Beijing; y otros documentos internacionales vinculantes para casi todos los Estados del mundo, han sido importantes hitos en el lento caminar del mundo hacia la equidad de género.

Inclusive en Nicaragua ha habido avances en este campo, aunque aquí la equidad de género es más apariencia que realidad. Sin embargo, la existencia de leyes sobre la equidad de género facilitará la tarea de los gobiernos democráticos que deberán suceder al régimen autoritario, para llevarlas a la realidad. No puede haber una democracia moderna y justa en el mundo actual, sin equidad de género, pero una real no la aparente y falsa que simulan los gobernantes populistas autoritarios.

En realidad, la verdadera equidad de género que está practicando la dictadura de Nicaragua, es la represiva, el maltrato carcelario a las mujeres igual que a los hombres. Al respecto LA PRENSA publica en estos días la información y fotografías de las 10 presas políticas que hay actualmente en el país, de ellas dos con casa por cárcel.

Mencionadas por orden alfabético ellas son: Ana Margarita Vijil, Cristiana Chamorro, Dora María Téllez, Julia Hernández, María Esperanza Sánchez, Karla Vanessa Escobar, María Fernanda Flores de Alemán, Suyén Barahona, Tamara Dávila y Violeta Granera. Muchas otras mujeres han sido obligadas a irse al exilio o se encuentran ocultas para evadir la represión policial.

Esta publicación de LA PRENSA es una forma de demandar su libertad. Pero también es una referencia histórica, para decir que nunca antes en la historia de Nicaragua tan plagada de dictaduras de diversa clase, hubo tantas mujeres presas políticas como ahora.

Tal vez quienes detentan el poder se enorgullecen por eso. Pero la verdad es que debería ser vergonzoso para un régimen que, como hipócrita ironía, tiene a una mujer compartiendo la más alta posición gubernamental.

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