19 de julio: nada que celebrar

El tiempo marca un aniversario más del triunfo no de los sandinistas, como los fanáticos pretenden hacerlo creer. Esa victoria le pertenece a todo el pueblo nicaragüense que luchó mucho tiempo contra la dictadura somocista que se mantuvo en el poder cuarenta y dos años (1937-1979). El general Anastasio Somoza García inauguró su sangrienta tiranía, y tres años de subir a la Presidencia de la República, cuando el 21 de febrero de 1934 ordenó asesinar a Augusto Calderón Sandino.

La revolución llamada sandinista impregnó la conciencia y el espíritu de muchos nicaragüenses, pero por las ironías de la vida impone los desengaños se posesionaron de las realidades. Esa revolución no tuvo jamás un carácter meramente nacionalista ni patriótico, pues pretendió establecer doctrinas comunistas y contrarias a la libertad importadas de Cuba y los países de la órbita soviética. Pero el pueblo de Nicaragua por razones de nacimiento tiene su propia idiosincrasia y los nueve comandantes conjuntamente con los círculos pudientes del sandinismo ortodoxo no pudieron inyectar esa teoría, la obra completa que al programa de la revolución le quisieron aplicar no dio resultado. Los sandinistas creyeron que con Nicaragua se podía hacer otra Cuba, y al final se dieron cuenta de que esos objetivos erróneos no podían cuajar, se quedaron con el proyecto sin poder cumplirlo. Tan es así que ya nadie quiere saber de revolución, mucho menos que se pretenda creer que ella nomás es una “opción” de cambio en una sociedad que como la nuestra no necesita tomar rumbos que solamente llevan a la destrucción moral, como ha quedado Nicaragua por culpa de un sistema político empeñado en promover los antivalores.

Se combatió a Somoza y al somocismo porque se creyó de buena fe que al irse del poder le venían a Nicaragua mejores tiempos. Pero resultó “peor la medicina que la enfermedad”, y en ese contexto de la historia al cual no podemos volvernos ajenos, se ha tenido que vivir experiencias muy complejas que tienen un costo muy considerable, llegándose a creer que superarlas es demasiado difícil. Las enseñanzas del pasado son sabias, solo que seguimos siendo malos alumnos de la historia, nunca aprendemos de ella y explícitamente nos remitimos a condolernos de los errores cuando ya están hechos y por consiguiente ya no hay nada que hacer. Los sandinistas cuestionan hasta la saciedad a la familia Somoza, endilgándole toda especie de abruptos, pero en la práctica se contradicen porque se vuelven repetitivos y han caído en iguales irregularidades. A tal extremo que pareciera que el somocismo se ha encarnado en ellos, en vista de que los vicios en su régimen han sido como una continuación con los sandinistas. Somoza violaba las leyes, estos también lo hacen; Somoza se robaba las elecciones, incurriendo en el fraude, Daniel Ortega hace lo mismo; Somoza llenaba las cárceles de reos políticos, Ortega de igual manera lo hace en el Chipote; Somoza mandaba al exilio a sus adversarios, Daniel comete igual tratamiento, y así sucesivamente vemos y constatamos que la historia nunca deja de repetirse, y de enseñarnos.

De manera que nada hay que celebrar el 19 de julio con una “revolución” que se quedó anclada en los puertos de la desesperanza, en vista de que sus conductores no supieron manejarla. El 19 de julio, por la estadística fatal de tantas muertes y encarcelamientos arbitrarios, ya no tiene importancia alguna en el alfabeto de la historia; para muchos es una fecha de dolorosos recuerdos, al igual que los sucesos del dieciocho de abril del 2018 en los que se convirtieron en verdugos de un pueblo que quiere la la libertad, la democracia y una paz verdadera fundada en la justicia, la equidad y el respeto a la dignidad humana.

Poco a poco, usando la paciencia como instrumento de inteligencia y cuando otros aires soplen en Nicaragua, el 19 de julio ya ni de referencia va a quedar. Son tantas las heridas sufridas y las lágrimas derramadas por las madres, esposas, novias y amigas, que tal efeméride sobre el cambio que le vino a Nicaragua en julio de 1979, solo invita a olvidarla. Cambios distintos y buenos vendrán para Nicaragua, porque traerán la paz y la democracia.

El autor es periodista de Somoto.

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