El fuego que arde debajo de la tundra

Las manifestaciones de protesta contra la tiranía comunista de Cuba, ocurridas en la Isla el domingo 11 y el lunes 12 de julio, sorprendieron al mundo. Algo así no ocurría desde el llamado “maleconazo” de 1994, cuando una multitudinaria manifestación de cubanos causada por el descontento político y social, colmó el Malecón de La Habana.

Pero las protestas de ahora han sido más masivas y además ocurrieron de manera simultánea en más de 40 ciudades del país. Nadie las organizó ni las previó, fue un estallido social absolutamente espontáneo como el del abril de 2018 en Nicaragua, aunque la tiranía castrocomunista de Cuba, igual que aquí la dictadura sandinista de Daniel Ortega, digan que son intentonas golpistas instigadas por Estados Unidos y ejecutadas por “mercenarios y traidores a la patria”.

Gracias a los modernos medios de comunicación social todo el mundo ha podido ver lo ocurrido en Cuba. Como ha escrito la periodista independiente cubana Yoani Sánchez en su medio digital 14 y medio: “salieron a la calle los jóvenes que crecieron con la falta de sueños, los apagones y el lavado de cerebro constante en las escuelas. Salieron las amas de casa, cazuela en mano, para al menos hacer sonar unas ollas en las que apenas hay algo que echar.

Salieron los padres de familia y sus nietos; los primeros, parte de una generación que ayudó a construir el actual modelo autoritario, y los segundos, potenciales balseros en el Estrecho de Florida. Salió la gente”.

Impresionantes ha sido que los gritos predominantes en estas protestas fuesen: “¡Queremos libertad! ¡Abajo la tiranía!”. Esto a pesar de que la chispa que el domingo 11 de julio se encendió en San Antonio de los Baños y se propagó en casi todo el país, fue el agravamiento de la pobreza, la escasez de alimentos y medicinas, la falta de vacunas y de todo.

También impresiona ver cómo a pesar de que los cubanos de la Isla han vivido más de 62 años sin saber lo que son los derechos de ninguna clase, perciben claramente que solo con libertad y democracia podrían cambiar de vida, mejorar sus condiciones de existencia, trabajar para progresar, salir de la barbarie primitiva en que viven bajo el régimen comunista y acceder a la civilización y la modernidad.

En Cuba no hay libertad de prensa. No existe el derecho de organización política ni sindical de manera independiente. Los cubanos no tienen derecho ni libertad de elegir, solo obligación de votar por los candidatos que propone el todopoderoso y omnipresente Partido Comunista. Asfixia ese sistema.

Una estudiante de medicina retirada, llamada Ruhama Fernández, dijo por teléfono a un medio de comunicación internacional que la entrevistó en una calle de La Habana, donde se manifestaba junto a miles de personas, que en Cuba los que detentan el poder deciden desde arriba lo que se puede y se debe comprar y comer, cómo vivir, qué y donde estudiar y hasta lo que se puede decir y lo que se debe callar.

Pero ¿cómo es que en un país donde desde hace más de seis décadas la gente no sabe qué es la libertad ni cuáles son sus derechos, de repente sale a la calle reclamándolos a gritos y desafiando a una tiranía criminal y despiadada?

Es que la necesidad de libertad está en la naturaleza humana, subyace en el interior de las personas aunque vivan oprimidas y de repente irrumpe a la superficie. Es como el fuego que arde bajo la tundra, como se llaman las extensas llanuras con hierba pero sin árboles del extremo norte de Rusia, Alaska, Canadá y la costa ártica de Europa. Debajo de la tundra el fuego que hubo en el verano se mantiene encendido de manera oculta durante el invierno, bajo las capas de hielo y nieve, y al llegar la primavera vuelve a arder en la superficie.

Debe ser por eso que a los estallidos libertarios de la gente en los países subyugados por tiranías, se les suele llamar las primaveras de los pueblos.

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