Luis Carrion Cruz, Nicaragua, Daniel Ortega

Luis Carrión Cruz tiene 66 años y procede una familia adinerada. “De origen burgués”, le decían sus compañeros del Frente Sandinista. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Luis Carrión: «Estaba claro que el siguiente en la lista era yo»

El exguerrillero y uno de los comandantes de la revolución salió de Nicaragua junto a su esposa el martes. Antes de 2018, dice, era "impensable" creer que se convertiría en un perseguido político de Ortega

Con la ola de secuestros contra varios sectores de la oposición e incluso periodistas independientes, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo estaría buscando una negociación con Estados Unidos y obtener a cambio de estos «rehenes» el levantamiento de sanciones impuestas por la Casa Blanca, considera el comandante y exguerrillero Luis Carrión, exiliado por la persecución política del régimen.

En una entrevista concedida a LA PRENSA, el excombatiente habló sobre las razones que lo llevaron a tomar la decisión de huir del país junto a su esposa el martes recientes, las medidas arbitrarias que ha tomado la dictadura contra unos 20 opositores, entre ellos seis miembros de Unamos, antes MRS, y las condiciones que estaría previendo Ortega de cara a las elecciones de noviembre de este año.

«Una vez que capturaron a una parte de los directivos de Unamos, estaba claro que el siguiente en la lista era yo y luego se empezó a ver una cierta vigilancia en mi casa y comenzaron a preguntar por mí en diferentes partes y consideré eso suficiente aviso para tomar la decisión de salir del país», explicó Carrión.

La tarde del martes se conoció que Carrión, junto a su esposa, decidieron salir del país y continuar su lucha desde el exterior.

Rehenes por sanciones

«(Ortega) tiene la expectativa que estas personas secuestradas le sirvan de rehenes políticos para negociar a cambio del levantamiento de las sanciones con Estados Unidos, es decir, rehenes contra sanciones. Este es un esquema de cualquier banda de secuestradores. Es decir, yo secuestro para obtener una recompensa a cambio», sostuvo Carrión.

En los últimos 26 días, el régimen orteguista ha puesto tras las rejas y bajo custodia domiciliar a 20 nicaragüenses: cinco precandidatos presidenciales, líderes opositores, disidentes sandinistas, un periodista deportivo, un banquero, dos extrabajadores de la extinta Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH) y un conductor particular.

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Pese a que la dictadura tiene bien trazado su objetivo, dice Carrión, él no cree que Estados Unidos se preste a este juego de Ortega ya que ese país siempre ha tenido la política de «no negociar con secuestradores, ni se trata de sus propios ciudadanos norteamericanos, mucho menos con gente que no son nacionales de Estados Unidos, así que esa negociación difícilmente se podrá dar», aterrizó.

Esperaban redada

El exguerrillero aseguró que cuando comenzaron las capturas contra los precandidatos presidenciales — Cristiana Chamorro, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro y Arturo Cruz—, los miembros de Unamos previeron que en cualquier momento la dictadura iniciaba los secuestros contra sus directivos. Según Carrión, «todos estaban preparados». «Hugo Tinoco y Hugo Torres decidieron enfrentar eso y esperaron a la Policía en sus casas».

Para el disidente del Frente Sandinista, estos secuestros representan una medida «desproporcionada y abusiva de Ortega», que tiene como objetivo aplastar la lucha opositora e intimidar a la empresa privada con la captura de empresarios y, a su vez, pretende silenciar la voz de los periodistas independientes.

Carrión fue uno de los nueve comandantes sandinistas en los años ochenta. Actualmente es disidente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), dirigido por Daniel Ortega. Carrión es además dirigente de la Unión Democrática Renovadora (Unamos), antes Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

LA PRENSA
Los nueve comandantes de la Revolución sandinista: de pie, Carlos Núñez, Luis Carrión, Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Henry Ruiz y Humberto Ortega. En cuclillas: Tomás Borge, Daniel Ortega y Víctor Tirado. Plutarco Hernández salió de la Dirección Nacional del FSLN en marzo de 1979. LA PRENSA/ CORTESÍA/ IHNCA

El exguerrillero fungió como viceministro del Interior durante el primer periodo de Ortega entre 1980 y 1987. Posteriormente se desempeñó como ministro de Economía de 1988 a 1990, también durante el mandato del dictador. En el 2007, cuando Ortega retornó al poder, Carrión cerró filas en su contra.

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Hasta 2018 no imaginó ser un perseguido político

Como comandante fue uno de los principales dirigentes que lideraron la insurrección sandinista que en 1979 derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, y aseguró que hasta el 2018 le era «impensable» creer que se convertiría en un perseguido político de Daniel Ortega, con quien luchó para salir de la dictadura de Somoza.

«Hasta antes del 2018 no me imaginaba ser un perseguido político, del 2018 a esta parte realmente comencé a pensar en las posibilidades de que la represión me alcanzara (…) la represión ha venido incrementando, primero al nivel de los activistas que estuvieron en los tranques y las protestas, después amenazas en las redes y así fue que llegué a pensar, eventualmente, ser un blanco del régimen, pero si me hubieras preguntado hace cinco años, dijera que sería impensable», dijo Carrión.

¿Qué le espera a Nicaragua?

El disidente sandinista aseguró por ahora la única salida a la crisis que vive el país es que las fuerzas opositoras se unan para derrotar al dictador. Descartó que bajo este contexto las elecciones sean una salida a la crisis, «salvo que sean unas elecciones creíbles, justas, pero esta es una farsa que no dará salida a la crisis».

Agregó que si Ortega se reafirma en el poder, lo que le espera a Nicaragua es más aislamiento internacional, más sanciones. «Traerá todavía más crisis económica en el país, nadie va a querer seguir invirtiendo en un país donde no hay Estado de derecho y que en cualquier momento se pueden tomar represalias contra las personas y sus bienes».

A su vez aseguró que por su parte continuará denunciando los abusos y las violaciones de derechos humanos cometidos por la dictadura. «Afuera tengo una vocería más fuerte a nivel de los medios internacionales, que son importantes para la lucha que libramos los nicaragüenses. Esa es una de las líneas principales, ayudar en lo que pueda al activismo de sectores exiliados y ver qué puedo hacer desde aquí por mis compañeros que siguen en el país», concluyó.

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