Aunque en el primer trimestre la economía despuntó 3.4 por ciento, esta recuperación no fue capaz de aliviar la agonía de las finanzas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que se encamina a su octavo año consecutivo de crisis. En ese mismo periodo, el déficit global del instituto se incrementó 110.7 por ciento, al situarse en 635.5 millones de córdobas a marzo, superior a los 301.6 millones de córdobas en igual lapso del año pasado, según muestran las recientes cifras divulgadas por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público en su reporte sobre Finanzas Públicas a marzo.
Tal es la magnitud de la crisis, que pese a que el instituto ha recortado drásticamente el gasto de inversión en activos no financieros, este hasta el primer trimestre de este año no pudo cubrir una necesidad de financiamiento de 564.5 millones de córdobas en su gasto operativo, superando los 167.8 millones de córdobas totalizados en el mismo lapso de 2020, lo que equivale a un aumento de 236.4 por ciento.
El déficit global del INSS este año no está tan alejado de lo registrado en 2019 (629.1 millones de córdobas), cuando el régimen de Daniel Ortega tuvo que optar por reformar el Seguro Social para cubrir los gastos que dicha entidad demanda, entre ellos el pago a los pensionados. La idea de la reforma era lograr una estabilización de las finanzas mientras se crean las condiciones para hacer mayores ajustes.
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Esta institución es una de las más afectadas por los efectos de la crisis sociopolítica, iniciada en 2018, y por la pandemia de Covid-19, debido a la significativa caída del empleo a nivel nacional, lo que provocó una disminución de afiliados, haciendo más grande el hoyo financiero. Es decir, el instituto no tiene capacidad para cubrir con sus ingresos sus totales obligaciones más básicas como la prestación de servicios médicos para sus contribuyentes y pensionados y el pago a los jubilados.

Una fuente especializada en el tema, que prefirió el anonimato por temor a represalias, aseguró a LA PRENSA que el actual déficit que experimenta el INSS significa que no tiene el dinero suficiente para poder pagar todas sus obligaciones. “Estas son grandes porque son los 300,000 pensionados que reciben cada mes su dinero y no tienen ni para eso, ni para todos sus gastos administrativos y operativos”, agregó.
“¿Por qué pasa esto? Es debido a la gran caída de asegurados que se dio desde abril de 2018 y no ha podido recuperar y esa falta es una cantidad enorme de dinero para el INSS. Eso va a ir creciendo porque la gente está buscando como irse de aquí, por las reformas también”, aseguró.
A criterio del especialista, para que el INSS pueda tener una mejora en sus números “ahorita debería estar llegando a entre 1.2 y 1.5 millones de asegurados activos; trabajando y cotizando. Para que eso ocurra debe cambiar toda la situación política que está en el país, para pensar que se puede tener un Estado de derecho y que puede venir la inversión extranjera a abrir fuentes de empleo para que la gente pueda trabajar. Esa es la vida del Seguro Social, sus asegurados cotizantes”, concluyó.

Según estadísticas oficiales, entre diciembre de 2017 (antes de la crisis sociopolítica en abril del 2018) y marzo de 2021, el INSS acumula una pérdida de 169,274 empleados y recuperar ese empleo no será tan fácil, tomando en cuenta que la llegada de inversión desde el exterior y la privada están semiparalizadas, ante la incertidumbre que aún continúa generando la crisis sociopolítica y las elecciones presidenciales previstas a realizarse el 7 de noviembre próximo.
Cifras del BCN revelan que, hasta marzo de este año, el INSS tenía en su base de afiliados a 752,617 trabajadores, por encima de los 723,206 hasta el cierre de diciembre del 2020. Pero aún está lejos de los 914,196 afiliados al cierre del 2017, antes del estallido de la crisis sociopolítica en abril del 2018.
Inclusive hay una mayor acumulación de afiliados si el análisis se extiende hasta abril respecto a diciembre pasado. Entre enero y abril de este año, el instituto ha conseguido afiliar 31,556 más respecto a lo que se tenía a diciembre. Hasta el cuarto mes de este año la base de contribuyentes al instituto se amplió a 754,762, pero eso no ha sido suficiente para ayudar a mitigar la crisis.
Ingresos y gastos
El informe revela que los ingresos que recibe el INSS están creciendo, pero no lo suficiente como para cubrir sus gastos y adquisiciones. En el primer trimestre de 2021, la cifra total de ingresos ascendió a 7,726.5 millones, por encima de los 7,552.7 millones de córdobas en igual periodo del año pasado. Y referente al mismo lapso de 2019, se contabilizó en 6,413 millones de córdobas.
De los ingresos totales este año, 7,321.4 millones corresponden a contribuciones realizadas por trabajadores y empresas. Lo restante (405 millones) hace referencia al rubro “otros ingresos”, donde se reflejan las ganancias en cuanto a inversiones.
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Por su parte, los gastos de este año se distribuyen en enero (2,612.7 millones de córdobas), febrero (2,605.7 millones de córdobas) y marzo (3,072.6 millones), lo que suma un total de 8,291 millones de córdobas, un 7.38 por ciento más que en el mismo periodo de 2020, cuando se contabilizaron 7,720.6 millones. En el 2019 estos gastos ascendieron a 7,020 millones de córdobas en igual periodo.
Con relación a la “compra de bienes y servicios”, que engloba la atención brindada a través de clínicas, la compra de insumos, medicinas, entre otras cosas, hasta marzo, esta institución gastó un total de 2,527.4 millones de córdobas, frente a los 2,227.6 millones en el mismo periodo de 2020. Es decir, hay una ligera mejora en este rubro.
Mientras, en las “prestaciones sociales”, que incluyen las pensiones que otorga el INSS, el gasto registró un aumento de 4.72 por ciento, pasando de 5,077.6 millones de córdobas en el primer trimestre de 2020, a 5,317.5 millones en el mismo lapso de este año.
Donald Soza, exfuncionario del INSS y asesor independiente en seguridad social, explica que en este caso los egresos son mayores a los ingresos por las diferentes prestaciones que otorga dicha institución, que debe soportar el aumento, por ejemplo, en la demanda de pago por pensiones, cuyo aumento no está en correspondencia con la evolución en el aumento de la base de afiliados.
Para notar un cambio con relación al monto del déficit, el asesor indica que “es como la economía doméstica, tenés que buscar cómo aumentar los ingresos que dependen de los salarios y de la cantidad de trabajadores o disminuir los egresos; habría que revisar en qué está gastando más y qué áreas son susceptibles de disminución, para que no sean tantos los egresos”, puntualizó.
Para este año el régimen proyecta que el déficit del Seguro Social alcanzará los 8,050.3 millones, cifra nunca antes vista. De hecho, un análisis de The Economist Intelligence Unit (EIU), correspondiente a mayo pasado, señala que este año el Gobierno tendrá que absorber los grandes déficits que seguirán registrando en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y otras empresas estatales.
Pero dice que posiblemente el próximo año se aplique una nueva reforma al Seguro Social. “Es probable que el Gobierno se embarque en una nueva ronda de reformas de la seguridad social, que ayudarán a reducir el déficit del SPNF al 2.1 por ciento del PIB en 2022. Sin embargo, es probable que la mejora de las finanzas del INSS sea de corta duración; creemos que en la ausencia de una resolución al conflicto político y mejoras significativas para el negocio medioambiente, el INSS no podrá ampliar su base de contribuyentes a un ritmo sostenible”, expuso.
A finales del año pasado el Gobierno inyectó 2,084 millones de córdobas al INSS, provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), para ayudar a la cobertura de los gastos de este, pese a ello, la entidad cerró con un déficit de 3,598.5 millones de córdobas.