¿Por qué Funides?

El gobierno actual ha hecho muchas cosas que desafían la imaginación. Pero ninguna más sorprendente que su inexplicable ofensiva contra Funides (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo), un centro de pensamiento totalmente profesional, reconocido internacionalmente como uno de los más ejemplares de América Latina.

Uno podría entender, aunque nunca justificar, por qué el Gobierno desató su furia y calumnias contra la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. Aunque esta venía operando con total transparencia y apego a las leyes, el régimen no le perdona que haya financiado a periodistas críticos y organizaciones independientes —cosa que sería normal en cualquier democracia, pero que para las dictaduras es pecado mortal—. Pero es más difícil de entender, si no imposible, por qué ahora la furia se ha dirigido contra una institución —y sus miembros— cuya única función ha sido proveer al país, y al propio Estado, de análisis socioeconómicos y estudios sectoriales orientados a promover el desarrollo.

El profesionalismo de Funides le valió ser ranqueado en el cinco por ciento superior de los centros de pensamiento con mejores prácticas en el ámbito latinoamericano. Su prestigio llegó a ser tal que logró considerable apoyo de países con los cuales Nicaragua tiene relaciones y que han brindado al país distintos financiamientos. Desde 2006, año de su fundación, hasta el presente, la organización siempre presentó puntualmente sus estados de cuentas al Ministerio de Gobernación y sus periódicas auditorías mostraron un apego impecable a los más exigentes estándares de transparencia y probidad.

Es cierto que, en algunas ocasiones Funides expresó su preocupación por el deterioro institucional del país, pero esto lo hacía desde la óptica de un centro preocupado por acciones que podían dañar el clima de inversiones y el avance económico y social que tanto necesitan los nicaragüenses, sobre todo los más pobres.

¿Sería eso su pecado? Porque ahora, y para asombro de todos, el Gobierno, a través del Ministerio de Gobernación y su obediente Fiscalía, busca acusarlo del absurdo delito de lavado de dinero, y ha emprendido acciones punitivas contra sus directores que van, desde congelamiento de cuentas y retención migratoria, hasta órdenes de captura con los correspondientes allanamientos de moradas.

En un afán de justificar lo injustificable, el vocero más vitriólico del orteguismo, William Grigsby, transmitió un perfil de nosotros, los trece directores de Funides, repleto de calumnias y mentiras absurdas. Conmigo no fue tan vitriólico. Tras calificarme de tan dañino como los Somoza, dijo que una vez yo puse una bomba en el metro de Madrid contra el dictador Franco, quien me apresó y luego deportó a Francia. Cuando lo oí me tiré una gran carcajada y confieso que hasta me gustó: nadie jamás me había inventado una historia tan pintoresca y anovelada. Oyendo su perorata alguien a mi lado comentó que Grigsby debería recibir el Óscar del más tapudo.

Pero, en fin, esto sería cómico si no fuese por su lado también trágico. Porque realmente es deplorable que, en un país como Nicaragua, tan necesitado de agencias serias que promuevan el desarrollo con estudios de primera, la mejor de ellas sea perseguida sin causa alguna. Curiosamente, el mismo Grigsby, que parecía manejar legajos de informaciones secretas que “destruían” a los trece directores, en ningún momento pudo decir nada contra la institución.

Es deplorable también, que un vocero a sueldo del orteguismo tenga la encomienda de inventar historias para enlodar a empresarios y profesionales de prestigio cuya única motivación para participar en Funides ha sido servirle a Nicaragua. No es deplorable, en el sentido de que dañe la reputación de nadie, porque la credibilidad de Grisby es cero, sino porque indica la existencia de un régimen a quien ya no le importa perjudicar al país ni a él mismo. Porque una resultante clara de este asalto contra el pensamiento, y contra la flor y nata del empresariado nacional, es que perjudicará la imagen del gobierno ahuyentando aún más las inversiones y atrayendo dañinas sanciones.

Dicen que Dios confunde a los que quiere perder. Pereciera ser el caso. Una dictadura que serrucha sus pies cada vez que actúa arriesga mucho.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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