La vicepresidenta designada y vocera del régimen, Rosario Murillo, arremetió una vez más contra los líderes opositores encarcelados, señalándolos de pedir dinero «para la muerte» y luego «repartirlos alegremente entre ellos».
En su acostumbrado discurso del mediodía que se transmite en los medios oficialistas que administran sus hijos, Murillo expresó que «ya es hora que respondan por toda esa continua difamación y denigrar a su patria», en alusión a los líderes opositores y precandidatos presidenciales encarcelados en los últimos días.
«Gente que alguna vez fue digna, alguna vez, pero bueno uno es digno hasta que quiere ser digno y después se convierte en un vulgar vendepatria, en un vulgar soldado de fortuna, que les pagan para sembrar muerte, destrucción y odio. El odio que es el pecado capital más grave porque atenta contra los principios y valores de nuestras fe», dijo Murillo.
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En las últimas dos semanas, el régimen de Daniel Ortega ha detenido a al menos ocho líderes opositores, entre ellos cuatro precandidatos presidenciales, Cristiana Chamorro, Arturo Cruz, Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro.
«No robar dicen los mandamientos de la ley de Dios, ¿puede algún representante eclesial aprobar el hurto, el robo, la zanganada?, con los recursos que piden para la muerte, que piden para regar sangre en las comunidades nicaragüenses que amamos la paz, que queremos la paz. Que piden y luego se reparten alegremente entre ellos, y cada uno de ellos pretenden con vozarrones ridículos seguir instalando el odio en nuestra Nicaragua», agregó.
Murillo también señaló que la justicia de Dios tarda, pero llega. «Y como cristiano nuestro deber es no desearle el mal a nadie, y así vivimos procurando el bien de todos. Esa ha sido nuestra historia, esa es la memoria que tenemos, la lucha por el bien de todos, para que vivamos sintiéndonos orgullosos de sabernos libres, soberanos y de sabernos patriotas», agregó.
Durante su discurso insistió constantemente en que «alguna vez algunos supieron algo del patriotismo y de la valentía, pero uno es patriota y valiente hasta que quiere, y después puede convertirse en una piltrafa que da vergüenza y que queda registrada en la historia como una vergüenza nacional».