No solamente el núcleo familiar del hogar es la familia, también existe la gran familia nicaragüense —todo el pueblo—, y la de todo el mundo. Se conoce a la familia como la institución más antigua que ha tenido la humanidad, y desde esa época la familia, sociedades han afrontado serios problemas, que dejaron sus sinsabores. Esto, ahora es pasado, imposible de cambiar. En esa época tenían sus propias razones, ideas, pensamientos, y sus ambiciones. Ahora, estamos en otro tiempo, la modernidad, que siempre destruye. En toda familia siempre afloran los problemas, pero al final como familia llegamos a una misma conclusión.
Actualmente, es alarmante el aumento de la drogadicción e inmoralidad, alcoholismo, prostitución, criminalidad de todo tipo, y etc. Sería excelente, que los gobernantes que estén de turno en ese momento, y la Iglesia católica, acordaran ir tratando de resolver ese síndrome canceroso, que corroe al mundo, especialmente a nuestra sociedad, para combatir esos arquetipos, que están enfermando, perjudicando el futuro de las familias y su desarrollo. Incluso, obstaculiza la manera de gobernar.
Veamos lo que dice George Orwell, en su obra La rebelión en la granja: “Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era el otro”. (Pág. 51. Industria Papelera Mercurio, SA Managua Nicaragua. Ediciones 1994). Es lógico, porque todos eran chanchos de la misma granja, con resonar de pies y patas. Es decir, las almas son como un ejército, tumulto de personas, los que se reconocen se hacen amigos y los que no se reconocen mejor se separan.
Proteger a la familia de las influencias sociales destructivas, requiere de mucho esfuerzo, por ello todos unidos hay que actuar y no estar lidiando en destruirse los “unos y los otros” por caprichos tontos, así no se logra nada, ni se construye. Se hace fomentando la concordia, echando andar proyectos de beneficio de toda índole, e inyectándole oxígeno económico fuerte, a la base económica social, a las familias de aquí y allá, para que inviertan en sus diversos negocios.
Es importante, el papel que jugaría la Iglesia católica, en apoyar contundentemente esta gran misión social, humanista, nacional y mundial, en comunión con los gobernantes de turno, las inversiones de la empresa privada nacional e internacional, es un espléndido punto de apoyo innegable, u cualquier otro ente, pero sin sacar ventajas, solamente el beneficio de prosperidad para las sociedades. Hay que cultivar el fruto del espíritu, viendo hacia el futuro, de todas las familias, ello debería importar, evitando estar de contencioso, “en todos los niveles”. Con volver a ver atrás, no se logra nada. El pasado ya pasó, dejó sin sabores por todos lados, eso ya no se puede cambiar. Lo que se trata ahora, es dar lo mejor a la gran la familia, extensivo a nuestra familia mundial. Así, se va sumando por la estabilidad. Todos somos seres humanos, que algún día cometemos errores.
Hay que voltear la vista hacia la base económica social, es la que mantiene, sostiene la superestructura económica, de lo contrario, conforme el tiempo, todo se va derrumbando. La Iglesia católica, gobernantes de turno, inversionista. Estos tres capitales actuando de buena fe, en nuestra sociedad acabarían con muchos problemas. Pero, si esta trilogía “viven en eternos conflictos”. No se avanza. La familia nicaragüense espera resoluciones a las alternativas del conflicto. El futuro es un nuevo tiempo, otra modalidad.
La verdadera riqueza del ser humano es lo bueno que hace al mundo. Esa es la sutileza del sabor de la búsqueda del bien.
El autor es abogado y notario público.