Con mucho de inquietud uno se pregunta: ¿Los políticos nos dan risa, nos dan pena, nos dan rabia o nos dan miedo? En Nicaragua, las tensiones de vivir en crisis tras crisis ha alterado los sentimientos de la gran mayoría y más cuando el régimen de turno ha incrementado la violencia estatal mediante la represión para la supuesta solución de los conflictos políticos que han derivado en problemas sociales, económicos y hasta en lo más interno de las familias.
Se sabe que la clase política está en crisis al volverse matreros, al degenerarse y haber perdido valores morales en gran naturaleza. El pueblo los tiene que son responsables en gran manera del mucho atraso y dolor que nos embarga; ante la variada y divertida fauna humana, abundan políticos desvergonzados en su servilismo sobrando los ambiciosos que en el afán de figurar dan mucho para reír o reírse de ellos. Lo anterior no deja a un lado a esos políticos enfermos del poder que se creen providenciales, que abusan distinguiéndose por sus arbitrariedades en el mantenimiento del poder, que el pueblo con algo de jocosidad, a esos que se eligen y se reeligen haciendo fraudes, al ya no soportarlos más, en vez de gritar “Ya no más”, a voces públicas manifiesta: “Esto ya no es joder, sino rejoder”.
En la historia política de nuestra triste Nicaragua, recordamos hechos y acontecimientos tomados como simpáticos ante las actuaciones de quienes pululan alrededor de los caudillos jefes omnímodos en el poder. Sobresalientes son las anécdotas de los serviles que en homenajes al general Somoza García, en Granada uno solicitó a los asistentes todos, tener un “Somoza for ever”, o del otro que al tomar la palabra, se quejó no haber nacido mujer para tener el privilegio de tenerle un hijo.
¡De los políticos serviles líbranos Señor!
Agua bajo el puente a raudales pasa. En la actualidad serviles de ese tipo sobreviven, y en el ámbito politiquero un camaleón su huella rastrera sobresale, al repasar por donde ha pasado. Las referencias peyorativas ante el desagrado popular de sus actuaciones abundan al referirse a su persona, desde arrastrado hasta de traidor.
Con respeto y una sonrisa, he querido compartir la anécdota que corre en los pasillos de la hacienda política, que este mismo personaje al inicio de su acercamiento a la compañera Doña, se portó caballero ante la pregunta:
— ¿Y qué edad tiene usted compañero diputado?
—Mi compañera Vicepresidenta, yo nací una hora antes que vuestra camarada ilustre, para testimoniar y certificar la grandeza de su innegable e inmejorable gobierno junto al jefe máximo. Se rumora que a partir de entonces, ese diputado que era de otra bancada porta carnet de militante.
Se conoce que Somoza le temía a Ge Erre Ene, por lo que prefería tenerlo cerca y calmo. Un día lo invitó a una de las haciendas ganaderas por Nandaime, cuando sentados atrás del vehículo, Somoza señalando le dijo: Ese ganado es mío.
Ge Erre Ene contestó: —Cachado será General.
Somoza sorprendido y mostrando enojo, dijo: ¿Qué decís Gonzalo?
—Lo que usted escuchó, General.
Los políticos se creen semidioses y mientras “chupan el hueso” y no ha faltado verlos caminar pavoneándose. Pero cuando se les descubre su pobre condición de monigotes, rastreros muchos lo son. Presente se tiene lo que se ganó aquel que llegó a ser Ministro, y adujo no tener tiempo para recibir a la que había sido su amiga en la ciudad.
—Pero Francisco si solo son dos palabras.
—Bien si es así, si te escucho.
—Come mierda.
La sonrisa nos asiste, al hacer praxis la filosofía del maestro Rabelais: “Más vale escribir de la risa que de lágrimas/ puesto que la risa es propia del hombre”. Cabe reírnos de los políticos, pero con risa liberadora, irreverente y saludable.
El autor es escritor.