A las calles

Van a inhibir a Cristiana. Las razones son tan obvias que no necesitan repetirse. Todo el mundo, dentro y fuera de Nicaragua, las sabe. Pero al Gobierno no le importa. El “va con todo”. Esta confiado, seguro de su permanencia. Dispuesto a cualquier cosa antes que poner en juego su continuidad. La pregunta, entonces, es: ¿Qué nos queda por hacer?

Siendo evidente que torpedearán las elecciones, ¿qué alternativas nos quedan? La violenta es algo que muy pocos quieren contemplar. Por muy buenas razones: es costosa, inhumana, de resultados imprevisibles, e improbable (por el momento). ¿Tendremos que resignarnos entonces a vivir bajo una dictadura inmoral, gansteril, capaz de cualquier cosa antes que soltar al estado botín que aprisiona sus garras?

No necesariamente. Existen todavía formas de resistir, e incluso de vencer al régimen. Obviamente son costosas. No tanto como las guerras, aunque sí implican peligros, penalidades e, incluso, víctimas fatales. Formas que requieren, además, grandes dosis de valentía, patriotismo, y capacidad de sacrificio. Ninguna dictadura es fácil de vencer. “Es largo el camino a la libertad”, decía el líder de la liberación de África del Sur, Nelson Mandela, quien sufrió 27 años de cárcel. Pero pueden ser vencidas por pueblos dispuestos a desafiarlas; recurriendo no a las armas, sino a la “no violencia activa” o a la “resistencia pacífica”.

La inventó, en cierto modo, Mahatma Gandhi. Con ella logró que la India se independizase del imperio británico y legó al mundo una metodología de resistencia política novedosa: el luchar sin odio y sin oponer resistencia; sufriendo golpes, arrestos y más, pero nunca devolviendo golpe por golpe. Es un método de lucha no solo político sino espiritual, inspirado, según el mismo Gandhi, en las enseñanzas de Jesucristo. El amar al enemigo, poner la otra mejilla, y perdonar las ofensas, había sido considerado a través de los siglos como una enseñanza sublime, pero no aplicable a la política. Para asombro de todos, y de los mismos ingleses que lo perseguían, Gandhi la llevó a la práctica con éxito.

Desde entonces la resistencia pacífica ha sido aplicada en muchos países. A veces ha funcionado, a veces no. Ella no es, ni pretende ser, una receta infalible para botar dictaduras. Su éxito depende de la intensidad del compromiso, valentía y perseverancia de los no violentos, y de la naturaleza del régimen que enfrentan. Ante tiranos como Hitler o Stalin ni siquiera hubiera comenzado. Pero muchas veces ha sido eficaz en debilitar y botar aún dictaduras fieras, bien apertrechadas; más eficaz, al menos, que las guerras civiles.

Entre los ejemplos contemporáneos uno de los más emblemáticos fue la caída del dictador Marcos, en Filipinas, cuando tras 20 años en el poder se robó las elecciones de 1986. Confrontado por los cardenales Vidal y Sin, y con la participación del clero y religiosos, casi un millón de ciudadanos se tiraron a las calles de la capital provocando su caída. Otro caso fue la caída del sanguinario dictador serbio Milosevic, en el 2000, ante el desafío de la organización estudiantil no violenta Otpor (resistencia). Otro fue la llamada “revolución naranja”, en Ucrania, (2004-2005) donde masas de protestantes aguantaron al aire libre el lacerante frío de diciembre y enero hasta forzar el cambio de gobierno.

La insurrección popular nicaragüense del 2018 fue inicialmente pacífica, pero ante la represión tuvo matices violentos. No hemos tenido, todavía, una resistencia sostenida verdaderamente no violenta. Es el momento de intentarla. Imaginemos, por un momento, que millares de ciudadanos deciden salir pacíficamente a la calle (sin morteros, piedras, máscaras, y sin insultar) portando pancartas o banderas. La policía puede sofocar pequeños grupos aquí y allá, pero le costaría mucho hacerlo contra valientes que brotan de todos lados. Más si estos vuelven a la carga una y otra vez. Como dijese Karl Deutsch: “El poder totalitario solo es fuerte si no tiene que ejercerse con mucha frecuencia”. O como dijese Gene Sharp: “el grado de libertad o tiranía que existe bajo cualquier gobierno es, en gran medida, reflejo de la determinación ciudadana de ser libres y de su voluntad de ofrecer resistencia”.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión dictaduras Gobierno Mahatma Gandhi archivo
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