Los telquines de Rodas

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Robert Graves (1895-1985) cuenta una historia curiosa sobre el origen de Rodas, la isla que fue famosa en la antigüedad por el Coloso de Rodas, una enorme estatua de hierro forrado en bronce, de 42 metros de altura, que representaba a Helios, dios del Sol.

El Coloso de Rodas era una de las siete maravillas del mundo antiguo, pero no estuvo mucho tiempo en pie. Fue erigido en el año 280 antes de Cristo y derribado por un terremoto en el 226 AC, 54 años después.

La estatua no fue reconstruida, los rodios la dejaron en tierra porque creían que era sagrada y que si cayó fue por designio del mismo dios del Sol. Así permaneció hasta el siglo VII de nuestra época, cuando los musulmanes invadieron la isla y desarmaron la estatua para robarse el bronce y llevárselo a su tierra, o comercializarlo.

Pues bien, cuenta Graves que cuando Zeus repartió las islas y ciudades a los dioses, se olvidó de Helios. Pero este le dijo que no se preocupara, pues pronto emergería del fondo del mar una nueva isla y esa sería la suya. En efecto, poco después salió una a la superficie y Helios se posesionó de ella. Allí engendró siete hijos —seis varones y una hembra— con la ninfa Rodo, hija de Poseidón. En honor de Rodo, que significa Rosa, Helios llamó Rodas a aquella isla.

Se cuenta que una vez Afrodita, diosa del amor, pasó por Rodas, viniendo de Citeras y yendo a Pafos. Al pasar Afrodita los hijos de Rodo se burlaron de ella, porque siendo casada con Hefestos había tenido una relación con Ares. Pero Helios, que todo lo miraba, acusó a los amantes furtivos ante Zeus y este los castigó colgándolos desnudos dentro de una red.

Afrodita cobró la afrenta enloqueciendo a sus ofensores y haciéndoles cometer crímenes abominables, incluyendo la violación de su propia madre. Entonces el castigo fue de Poseidón, quien tenía una relación amorosa con Halia, la única hembra de los siete hijos de Helios con Rodo. Poseidón los hundió en la profundidad de la tierra, pero fueron rescatados por su padre y reinaron en Rodas uno tras otro con el nombre de los Helíades.

Pero aquella isla que fue llamada Rodas por Helios no nació de la nada, existía desde antes y fue hundida en el mar por los dioses debido a las maldades de sus pobladores primitivos. Telquinia se llamaba la isla antes de ser Rodas y, según Francois Michel Nöel (1756-1841), sus habitantes —los telquines— tenían la parte inferior del cuerpo en forma de pez o de serpiente. Poseían poderes mágicos y hacían llover cuando querían, inclusive granizo, manipulaban los fenómenos naturales y cometían toda clase de fechorías.

Una vez los telquines tomaron agua envenenada del Estigio, el tenebroso río del mundo de los muertos, la mezclaron con lluvia y la hicieron caer sobre la tierra, causando pestes que arruinaron las cosechas y mataron masivamente gente y animales. Enojado por sus tropelías, Zeus los convirtió en rocas y hundió su isla en el mar.

Otra versión sobre los telquines mencionada por el mismo mitógrafo francés es atribuida a Diodoro Sículo (o de Sicilia), historiador griego del siglo I. Según Diodoro, los telquines eran hijos del cielo y del mar a quienes educó Poseidón y los hizo grandes navegantes. Los telquines también tenían grandes habilidades artesanales y en el trabajo con los metales. Según una leyenda, ellos habrían forjado la hoz con la que Gea armó a Cronos para que cortara los genitales de Urano, porque devoraba a sus hijos cuando nacían. Y además forjaron el tridente maravilloso de Poseidón.

En Beocia, la región griega donde estaba y sigue estando Tebas y tuvieron lugar los mitos de Cadmo y Edipo, se creía que Atenea —la diosa de la sabiduría y de las artes— era la madre de los telquines y por eso allí la llamaban Atenea Telquinia.

 

Opinión Robert Graves Zeus archivo
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