Tres meses después de haber iniciado las clases en colegios de todo el territorio nacional, el régimen de Daniel Ortega finalmente reparó las escuelas públicas del Caribe Norte de Nicaragua que se vieron afectadas por los huracanes Eta y Iota: instaló techos, pintó las paredes y puso puertas. Sin embargo, se le olvidó que los niños están recibiendo las clases en el piso. De acuerdo con uno de los directores, los encargados de la obra le manifestaron que los pupitres «no estaban en el presupuesto».
Jerónimo José Lema, director del único centro educativo de la comunidad Wawa Bar, en Bilwi, confirmó a LA PRENSA que efectivamente el colegio fue restaurado, pero asegura que el gobierno dejó la obra «a medias». El cerco que divide el perímetro de la escuela sigue destruido y, por otro lado, requiere de la construcción de un comedor infantil para distribuir la merienda escolar.
«Ya se hizo la reparación del colegio, pero todavía el cerco está en el suelo, faltan pupitres, persianas, cielo raso, igual pedí una cocina para la merienda, estamos ocupando las aulas pero sin pupitres y los niños reciben clases en el suelo o utilizan los pocos pupitres que están dañados. Yo reclamé, pero el ingeniero me dijo que el presupuesto no incluye esas necesidades, solo el techo y pintura», expresó el director.
Régimen celebra mejora
En un escenario opuesto a la realidad que viven los centros educativos del Caribe Norte, el pasado 5 de mayo la vicepresidenta designada, Rosario Murillo, celebró la «inauguración» de varios colegios de Bilwi y sus comunidades, pese a que estos no fueron restaurados en su totalidad.
«En la Costa Caribe Norte, Región Autónoma, estamos inaugurando colegios en Wawa Bar, en Bilwi, y Trimbach en comunidad Krukira, en Bilwi también. Inversión de ocho millones», dijo escuetamente Murillo con relación al proyecto escolar en estas zonas.

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Araly Richinal, quien tiene a su hijo estudiando en el colegio de Wawa Bar, secundó el clamor del director de dicho centro y contradijo la versión que el oficialismo pregona. La comunitaria expresó que el problema ahora no radica en la estructura de la escuela, «porque se ve bonita», sino en las condiciones en que los niños están recibiendo las clases.
«La falta de sillas es el problema, no hay, los chavalitos se tienen que sentar en el piso. Solo repararon el techo y pintaron las paredes. Con la comida en el colegio, los padres de familia sí han estado cocinando y dándoles alimento a los niños», declaró Richinal.
Dicho colegio cuenta con una matrícula de 368 niños en dos modalidades, preescolar comunitario y primaria regular. Además tiene a su cargo 16 colaboradores, 14 de ellos son docentes de preescolar y primaria y dos del personal administrativo.

Colegios de Bilwi tampoco tienen pupitres
El panorama en los colegios de la ciudad de Bilwi es similar a lo que se ve en la comunidad Wawa Bar. Los colegios afectados severamente por los huracanes también fueron restablecidos. Después que en los primeros meses del año los estudiantes se acomodaban en los patios de las viviendas para recibir clases, ahora ya están en las escuelas, pero el problema es el mismo. Niños recibiendo clases en el piso.
Una docente de primaria del colegio Nueva Jerusalén 1, en esa ciudad, confirmó que ese centro de estudios ya fue restablecido, pero necesitan pupitres ya que los pocos que tienen están dañados. La maestra detalló que los ingenieros encargados de la obra le manifestaron que la restauración total del colegio «va por partes», ya que el presupuesto es limitado.
«Ya estamos establecidos en el colegio e impartiendo clases normales. Repararon el techo, pusieron las mismas puertas y pintaron las paredes. Estamos carentes de sillas, de ventanas, pero ellos (los ingenieros) dijeron que van por parte, que primero era la reparación de techo y pintura, y quedan pendiente los pupitres, ventanas (persianas) y cielo raso», explicó.

Pupitres para los puntuales
En el centro Nueva Jerusalén 1, los pupitres son limitados y los pocos que hay no están en buenas condiciones. A pesar de eso, según la maestra, algunos alumnos se esmeran en llegar más temprano para poder encontrar sillas disponibles, y los que llegan al horario establecido se quedan recibiendo clases en el piso, o bien, prefieren regresar a sus casas y no recibir clases porque no hay condiciones.
«Hay pupitres, pero son pocos. Algunos se sientan en el piso y otros se regresan a sus casas por falta de pupitres. Normalmente los puntuales llegan a las 10:30 a.m. para agarrar silla, de lo contrario el que viene tarde se queda en el suelo, pero los que son responsables se quedan recibiendo la materia correspondiente», expresó la maestra.
Materia pendiente
Un profesor del turno nocturno del centro escolar Julio Bucardo, anteriormente Instituto Nacional Rigoberto Cabezas, expone que su colegio sigue en construcción pese a que tenía previsto entregarse en marzo pasado. Dicho centro está en reparación desde antes del paso de los huracanes, o sea, hace más de siete meses.
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El docente aseguró que continúan impartiendo las clases desde un colegio prestado, sin embargo, también está sin techo y con pocas luminarias, lo que le afecta más por ser profesor del turno nocturno. «Hasta la fecha la mitad del colegio está sin techo, sin energía. En este colegio prestado hay tres secciones, pero nosotros impartimos clases en los pabellones donde hay bujías o debajo de un poste de luz», expresó.
Según un reporte del Ministerio de Educación (Mined), con fecha del 10 de diciembre, fueron más de 50 centros educativos los afectados en la Costa Caribe y sector minero, con el paso de los ciclones. Pese a esto, previo al año escolar —el uno de febrero—, el régimen aseguró que todo estaba preparado para el inicio de clases.