Y además
Cuenta Ovidio en el Libro IV de Las Metamorfosis, el mito romántico y trágico a la vez de las ninfas Leucótoe y Clitia, hijas de un rey persa llamado Órcamo, descendiente lejano de Zeus, y de la océanide Eurínome, una de las hijas del dios Océano.
Helios, dios del sol, se enamora de Leucótoe, pero no por casualidad sino por una intriga de Afrodita. Es que Helios vio a la diosa del amor teniendo una relación adúltera con Ares, dios de la guerra, y la denunció con su esposo que era Hefesto, el herrero del Olimpo. Para vengarse de Helios, Afrodita hizo que se enamorara de Leucótoe y que su hermana Clitia se enamorara a su vez de él.
Leucótoe se hizo amante secreta de Helios, pero Clitia, dominada por los celos la denunció con su padre, quien se enfureció por aquella relación ilícita de su hija y ordenó que como castigo fuese enterrada viva.
Al saber Helios de aquel terrible hecho bajó a la tierra y fue a la tumba donde estaba enterrada Leucótoe. Penetró en el sepulcro pero ya era tarde. La ninfa estaba muerta y Helios no la podía revivir, pues como un dios que era tenía muchos poderes, pero no el de resucitar a los muertos.
Helios lloró sobre el cuerpo de Leucótoe, y sus lágrimas, al tocarlo se transformaban en una sustancia resinosa que tenía un olor muy agradable. Al marcharse Helios le dio un beso en los labios y le dijo, aunque no pudiera oirle: —No importa que hayas muerto y que yo no pueda resucitarte. De cualquier manera subirás al cielo y estarás conmigo para siempre.
Se marchó Helios y al día siguiente, cuando regresó para ver otra vez el cuerpo de Leucótoe, ya no estaba en la tumba. En su lugar había una planta verde que tenía las hojas cerradas y un tallo leñoso. Helios tocó las hojas y estas se abrieron, tornándose de color verde y blanco y despidiendo un poco de humo que despedía un agradable olor. El humo aromático de aquella planta era el alma de Leucótoe en forma del incienso, que subió hasta el cielo donde se unió para siempre con Helios.
Desde entonces el aroma del incienso fue agradable a los dioses y se quema para honrarlos en la mayoría de las religiones del mundo. En la antigua religión hebrea, madre del cristianismo, el incienso se usaba para agradar a Dios y fue ordenado usarlo por el mismo Jehová, cuando dictó a Moisés las reglas, rituales y mandamientos de su culto.
Ciertamente, según el Libro del Éxodo del Antiguo Testamento, en el que Jehová da a Moisés las instrucciones precisas para que haga el arca y tabernáculo de su adoración, le ordena hacer “un altar para quemar el incienso”, y manda que quien lo queme debe ser Aarón, hermano de Moisés y primer sumo sacerdote de Israel. Después de Aarón el incienso solo debía ser quemado por otros sacerdotes.
Tan estricto tenía que ser el uso del incienso en el culto religioso, que en Levítico 10.1 se relata que Jehová castigó con la muerte a dos hijos de Aarón, Nadab y Abiú —los cuales eran sacerdotes—, porque al hacer la ofrenda no quemaron incienso verdadero, sino “un fuego extraño que él nunca les mandó”.
Pero volviendo a Leucótoe, la historia no terminó al convertirse ella en incienso. Como dije antes, Clitia había denunciado a su hermana por celos, porque estaba locamente enamorada de Helios pero este no le hacía caso.
Clitia cayó en un estado de profunda depresión y de debilidad física, porque se negaba a comer y beber. No dormía, y apenas Eos (la Aurora) descorría las cortinas del cielo para que Helios comenzara su recorrido luminoso, ella desde la ventana de sus aposentos pasaba el día viendo con pesar el brillo de su amado, desde el amanecer hasta el anochecer.
Poco a poco y con el paso del tiempo, los pies, las piernas y el torso de Clitia se fueron fundiendo con el suelo. En el largo y hermoso pelo de la ninfa se comenzaron a formar los pétalos de una flor que, como manifestación del intenso amor que Clitia sentía por Helios, dirigía sus pétalos a la luz del Sol conforme este se iba desplazando en el cielo.
Así nació la flor llamada heliotropo (de helio, sol, y tropo, volver o girar), de pétalos suavemente perfumados. Pero esto es un mito, los entendidos dicen que la flor es originaria del Perú.