Un día como hoy, pero de 2018 en el quinto día de protestas ciudadanas por los abusos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo la cifra de muertos había aumentado a más de 30. Los enfrentamientos entre los autoconvocados contra oficiales de la Policía y las turbas orteguistas se habían recrudecido. Ortega revocó las reformas al Seguro Social.El fantasma de la guerra parecía asomarse, los escenarios en Managua eran similares a los de 1979 con la insurrección que derrocó la dictadura somocista. La capital estaba llena de barricadas, piedras y largas filas para abastecerse de alimentos, medicinas y combustibles.
Ocurrieron asaltos a negocios y empresas un día después de que Daniel Ortega acusó a los estudiantes de participar en las manifestaciones contra el gobierno, junto a pandilleros. Políticos señalaron que se trataba de un plan urdido por el Ejecutivo, valiéndose de la Juventud Sandinista, la cual había participado hasta ese momento en la represión a los jóvenes autoconvocados.
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La policía mantiene la represión y el asedio contra estudiantes atrincherados en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) mientras celebraban una vigilia en memoria de los asesinados en las protestas.
Por su lado, el papa Francisco solicitó el fin de la violencia en Nicaragua. «Manifiesto mi cercanía en la oración a ese amado país y me uno a los obispos en el llamamiento a que cese toda violencia…», dijo el Pontífice.
La violencia, muertes y el luto de decenas de familias nicaragüenses hizo que el régimen de Ortega diera un paso atrás y anulara los cambios en la Seguridad Social, pero Ortega se mostró incómodo al hacer el anuncio y tener que rectificarse, incluso no dejaba de atacar a sus críticos y dijo que veía una «conspiración» camufladas de protestas.
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Mientras, la comunidad internacional reaccionaba y los gobiernos de Estados Unidos, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Perú expresaron su condena a la violencia y represión policial contra las manifestaciones ciudadanas.