La semana pasada leí parte de un libro Lo uno y lo diverso, publicado por el prestigioso Instituto Cervantes de España que destaca la unidad dentro de la diversidad de nuestra lengua española recopilando dichos peculiares y anécdotas de países latinoamericanos que nos recuerdan y explican un grupo selecto de escritores de la región.
En este grupo selecto están los nicaragüenses: Sergio Ramírez, Gioconda Belli e indirectamente (por la letra de sus canciones) Carlos Mejía Godoy.
Independiente de diferencias políticas pasadas o presentes, estos tres nicaragüenses son ejemplo de la inteligencia y excelencia de los nicas y, con sus escritos y canciones, nos recuerdan lo lindo que es Nicaragua, su historia, su gente, y sus dichos populares. Las canciones de Carlos nos recuerdan además la viveza del nicaragüense y como batallan nuestros pobres con sus dificultades diarias que se han multiplicado en estos tiempos de la doble plaga del orteguismo y la pandemia.
En el libro, mi amigo Sergio se refiere extensamente a la palabra “cabanga” que es muy nicaragüense y que me revivió la nostalgia y tristeza que todavía siento después de 42 años de haber tenido que salir al exilio ante la invasión de los nuevos filibusteros. Como bien dice Sergio, cabanga es la nostalgia que se siente por el país (él dice ciudad) del “que vientos contrarios nos alejaron”.
Gioconda por su parte comenta también extensamente sobre la canción de Carlos: Son tus perjúmenes mujer, también muy nicaragüense con sus palabras autóctonas que destacan el lenguaje e identidad de nuestro pueblo como los ojos de Ángela Carrasco “que te sulibeyan, aleteyan y almareyan”.
La referencia a los Perjúmenes me recordó canciones de Carlos como Quincho Barrilete, María de los Guardias, y la Misa Campesina que retratan muy bien el ingenio y la pobreza de nuestro pueblo.
No se me olvida cuando hace casi 44 años, en noviembre de 1977, me sentí emocionado y orgulloso de que Quincho ganara el premio de la Organización de Televisión Iberoamericana (OTI). Quincho, nuestro héroe infantil, que pobre pero contento y sin tener aun diez años le ayudaba a su mamá para que sus hermanos pudieran estudiar.
La María de los Guardias que, siendo guapa y con la viveza y gracia de la mujer campesina nicaragüense, se acostaba por ignorancia con cinco batallones de guardias tan pobres y sin educación como ella.
Y en especial la Misa Campesina que aparte de su motivación política nos recuerda que Jesús es particularmente el Dios de los pobres, humano y sencillo, y de rostro curtido y trabajador como ellos.
Estas canciones de una forma u otra nos hablan de nuestra pobreza que desafortunadamente se multiplicó por mucho en 1980 ya que el famoso gobierno solidario de los pobres que debutó a mediados de 1979 nos hizo más pobres con su ineptitud, falsas promesas, hipocresía, y corrupción. Y que, en su reencarnación desde el 2007, luego del famoso gobierno desde abajo, no solo nos hizo aún todavía más pobres sino que nos reprimió.
Debemos y tenemos que cambiar esto muy pronto.
No queremos volver a ver a ningún Quincho mendigando en las calles de Nicaragua, ni a ninguna María acostándose por ignorancia, ni a nicaragüenses con cabanga por estar fuera de su Patria ya sea por pobreza o por política.
Debemos y tenemos que construir una Nicaragua libre, justa, próspera, y aun más linda con la solidaridad del Cristo de la Misa Campesina para no tener ni más Quinchos, ni más Marías, ni más exiliados
Esto tiene que ser un esfuerzo de todos nosotros los nicaragüenses que, bajo el mismo cielo, la misma bandera, y la misma lengua, debemos unirnos respetando nuestra diversidad para salir de los nuevos filibusteros.
Pero, como debemos hacerlo en paz, lo principal es que don Daniel, nuestro querido presidente, que es el causante de tantas últimas desgracias, lea la historia que enseña lo que al final le pasa a los autócratas y sus secuaces y se retire en paz muy pronto junto con ellos.
Así comenzaremos a construir una nueva Nicaragua con lo que yo llamo la trinidad, libertad, empleo, y Responsabilidad Social todo basado en instituciones sanas en todos los poderes del Estado.
El autor es bachiller del colegio Centro América de Granada