Los huracanes Eta y Iota, que azotaron a Nicaragua en noviembre pasado, fueron dañinos para el sector forestal al punto que el país deberá esperar 30 años para recuperar la madera que se vino al suelo en menos de dos semanas en la Costa Caribe Norte y Sur de Nicaragua, según Óscar Danilo Blandón, presidente de la Cámara de Industriales, Comercializadores y Exportadores de Madera (Cafima).
Esta situación mantiene preocupado al sector que se dedica a comercializar madera y muebles a nivel nacional e internacional, porque la cantidad de madera que no se ha podido procesar por falta de permisos rápidos de la autoridades de gobierno podría echar a perder millones de dólares.
El 2020 no fue un buen año para los procesadores de madera, según Blandón, dado que debido a la pandemia del Covid-19 apenas se pudo exportar un cinco por ciento de la madera que se obtuvo y este año, aunque disponen de miles de árboles caídos por los cuales podrían sacar provecho, la falta de permisos urgentes de parte del Instituto Nacional Forestal (Inafor) mantiene en vilo sus operaciones.
«La Costa Caribe Norte tiene una extensión de 33,000 kilómetros cuadrados, de manera conservadora podemos suponer que afectó el 10 por ciento del área total, serían unos 3,300 kilómetros cuadrados devastados. Ahí se puede obtener madera preciosa y también pino, pero el Inafor está dando los permisos sin revisar que existe una emergencia para extraer la madera antes de que se pudra», explicó.
Y agregó: «Estamos en una emergencia y la madera está caída, no estamos haciendo daño a nadie y en vez de que se pudra deberíamos de aprovecharla; para la economía de las comunidades y del país sería de gran importancia». Al sector le preocupa la lentitud del instituto en la entrega de permisos, como si no existiese una emergencia para sacar la madera lo más pronto posible de las zonas afectadas.
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El 80 por ciento de las comunidades de la Costa Caribe Norte se dedica al aprovechamiento de la madera, de manera que esta gente está dejando de tener ingresos porque no hay un trato especial de parte de las autoridades estatales ante esta eventualidad, aseguró el presidente de Cafima.
«Tenemos el área afectada y hay un verano muy corto, ya solo nos quedan dos meses de sequía, por lo tanto si nosotros en las áreas afectadas lográramos trabajar el cinco por ciento de las 320,000 hectáreas afectadas, al menos tendríamos 160,000 metros cúbicos de madera en rollo en promedio, rollo quiere decir nada más el árbol cortado, y un metro de madera en rollo rinde 200 pies tablares, trabajables para exportación y para madera mueble, entonces ahí tendríamos una totalidad de 32 millones de pies tablares y eso equivale a 32 millones de dólares», detalló el titular de Cafima.
El apuro de Cafima de tener los permisos de extracción es también porque la madera suave solo durará dos años en pudrirse, mientras esté en el suelo. «Estamos pidiendo una reunión con el Inafor para que vea la emergencia, porque ellos parece que no han visto la emergencia total y llevan procesos lentos», lamentó.
El tipo de madera que se está desaprovechando es caoba, cedro real, cocobolo, pino caribea, guapinol, almendro, entre otras. «La mayor cantidad de madera caída corresponde al pino y ese se va a manchar en el primer año, o sea, que si lo sacamos hasta el próximo, solo vamos a recoger la mitad y si llegamos al tercer año sin agilidad, no vamos a recoger anda», manifestó.
Esta madera podría llegar a Estados Unidos, China, Corea, México y Europa. Nicaragua manda tablas de diferentes pulgadas o en dependencia de la medida que desee el importador, pero también manda muebles.
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El titular de Cafima lamenta además que en Nicaragua no haya hornos para secar la madera y poderla enviar bajo otros procesos de transformación que les demandan. «Aquí los únicos hornos que hay son para procesar 50,000 pies tablares, entonces a la madera ya trabajada en mueble le exigen una calidad de secado al horno», precisó.
En el país se carece de este tipo de instrumentos para secar la madera, porque algunas compañías que se dedicaban a esto cerraron desde el 2015, cuando hubo problemas con el negocio de la madera de pino y se les cerró por tres meses. De ahí que los inversionistas hayan dejado de ver ese negocio en Nicaragua.
«Nosotros estamos tratando de pedirles a financieras y al Banco Centroamericano de Integración Económica que nos financien hornos para poder exportar mejor la madera», detalló. Los hornos de los que habla Blandón pueden tener precios de 40,000 o 50,000 dólares.
En sus mejores tiempos han llegado a aportar 70 millones de dólares en divisas al país, después del 2015 han venido en decadencia completa, detalló el representante de este gremio. «Del 2015 hacia atrás fue mejor porque se instaló la trazabilidad y hubo más facilidades en los trámites porque aquí lo que nos atrasa es la burocracia, aquí para hacer una exportación recientemente nos tomamos un mes y medio», refirió.
Hasta diciembre de 2020 Nicaragua exportó 2.7 millones de kilogramos de productos de madera, eso significó nueve millones de dólares, mientras en 2019 se exportaron 3.9 millones de kilogramos por un valor de 10 millones de dólares. El Centro de Trámite de Exportaciones (Cetrex) también indica que se enviaron 11 millones de kilogramos de madera aserrada, lo que dejó 6.1 millones de dólares al país, en contraposición, en 2019 se enviaron 6.8 millones de kilogramos, representado cinco millones de dólares.