Después de tres meses del paso de dos huracanes, las familias todavía continúan levantando sus casas. LA PRENSA/WILMER LÓPEZ

Así está el barrio El Muelle, en Bilwi, a tres meses del paso de Eta e Iota

En una visita que hizo LA PRENSA en el barrio el Muelle, a escasos metros del mar, se constataron las graves secuelas del paso de los dos huracanes.

Sentada en un tronco viejo, en la costa vecina al muelle de Bilwi, Caribe Norte de Nicaragua, doña Carmen Rocha observa su casa. La mira y recuerda cómo los potentes huracanes Eta e Iota azotaron todo. La vivienda siempre ha sido de dos niveles, pero la planta baja fue arrasada por la furia de los huracanes y la planta alta quedó completamente destechada. «Se fueron más de 20 láminas de zinc», cuenta Rocha.

La casa estilo «mini falda» quedó sin fachada. «Se ha hecho difícil seguir metiéndole porque he estado enferma y he tenido que viajar a Managua y usted sabe que eso genera gastos», expone Rocha. El dinero le alcanzó para reforzar las bases de concreto y reconstruir la fachada. Pero Carmen es una de las pocas afortunadas que tiene su casa parcialmente restaurada tras el paso de los ciclones. No todos han logrado «levantar cabeza» después de la desgracia.

En una visita que hizo LA PRENSA en el barrio el Muelle, a escasos metros del mar, se constataron las graves secuelas del paso de los dos huracanes. Mientras algunas familias apenas construyen sus casas con algunos materiales, otros se auxiliaron de bolsas negras y zinc viejos que recogieron de los escombros para armar sus «champitas». «Aquí nadie nos viene a ayudar», repiten unos y otros. Es la queja popular.

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Según Carmen Rocha la mayoría de los pobladores del barrio vecino del mar sobreviven totalmente de la pesca, ese es su negocio, pero desde noviembre la venta de este producto «está baja» y los botes solo están llevando pescado cada 15 días.

Carmen Rocha, habitante del barrio El Muelle, en Bilwi, Caribe Norte de Nicaragua. LA PRENSA/WILMER LÓPEZ

Durante el recorrido que realizó este Diario, la mayoría de las personas consultadas insistió en que del gobierno no han recibido ninguna ayuda en materiales de construcción, y que ha sido por el esfuerzo propio y a pesar de la pobreza en la zona, que han resurgido en medio de los escombros.

«Si no salen los botes nosotros no comemos. Dependemos de la pesca y si el bote no sale, entonces no hay nada. En Puerto Cabezas no hay trabajo y el gobierno no nos ayuda, solo cuando pasó el huracán nos entregó zinc y de ahí nada, por eso la gente está levantado sus casas como puede. No hay madera, ni comida, pero del gobierno no ha venido más ayuda», sostuvo Rocha.

Tres meses de sed

Otro de los problemas que persiste en el barrio el Muelle es la falta de agua potable, algunos pozos están secos, otros contaminados. Según Rocha tienen que estar comprándole a un camión que vende en 50 córdobas el tanque. Compra el que tiene, aclara.

«El 10 de enero fue la última vez que nos vinieron a dejar agua, no podemos tener inodoro, mi pozo no me da agua y ni modo, para beber tenemos que comprarle a la pipa y si la gente no tiene dinero, ¿cómo va a comprar?», cuestionó Rocha.

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Este drama lo viven muchos pobladores del barrio el Muelle. Antes de los huracanes, eran más de 300 familias las que habitaban en el lugar. Ahora apenas se percibe un poco más del 50 por ciento, sin tomar en cuenta que no todas son casas, sino champas alzadas en los costados y patios de los que fueron sus viviendas.

David Hodson lo perdió todo. Fueron cinco casas en hilera las que se llevó el huracán, entre ellas la de su papá, la de su hermana y la de otros familias. Del total de viviendas afectadas, comenta Hodson, solo una de ellas ya fue levantada.

Los pobladores aseguran que han levantado sus casas con sus propios esfuerzos, sin ayuda del gobierno. LA PRENSA/WILMER LÓPEZ

«La gente está luchando demasiado para construir sus casitas. Los que pueden hacen sus viviendas y los que no resuelven con champitas. El gobierno al comienzo solo alimentos nos dio, pero nada de madera. El huracán se nos llevó todo y por ahora solo mi papá tiene construida su casa, pero mis hermanas están con champas», relató Hodson.

«Solita hice mi casa»

Otra ciudadana, quien prefirió omitir su nombre, comentó que nunca fue beneficiada por los diferentes «plan techo» que el régimen de Daniel Ortega ejecutó durante noviembre y diciembre tras el paso de los ciclones. Ella apenas pudo levantar su champa con plástico negro y láminas de zinc que le regalaron.

«¡¿Gobierno?!» cuestionó. «Yo solita hice mi casa, pero todavía no la he terminado, pero por parte del gobierno no he recibido ningún plan techo ni nada. A mí me ayudó mi jefe con ese plástico y con el techo», contó la ciudadana.

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Aunque no hay un registro oficial del total de viviendas en el barrio el Muelle, de acuerdo a los pobladores fueron más de 300 viviendas las que Eta e Iota borró de la zona y que ahora la misma población anhela redibujar en la costa.

Si bien ha habido un avance en la reconstrucción de este caluroso barrio que se asienta sobre la playa, en el lugar el panorama es de casas derrumbadas, cerros de tablas, escombros de todo tipo y basura que arrojó el mar.

LA PRENSA/WILMER LÓPEZ

Del muelle, severamente dañado, se fueron desprendiendo áreas por los embates de las olas. Tras el paso de los huracanes la gente aprovechó para tomar los pedazos desprendidos de él para extraer la madera y utilizarla en la reconstrucción de sus viviendas. Todo cuanto han rescatado lo utilizan para ayudarse un poco, dicen, por aquí la ayuda del gobierno llegó para posar ante las cámaras, pero después de ser noticia se fue y no volvió.

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