A la mujer: unas palabras y un sentimiento

Al celebrarse el lunes 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, estimo necesario sacar de la quietud del pensamiento unas palabras para la mujer nicaragüense, sinónimo de virtud y belleza. Estos atributos la vuelven respetable ante quienes valoramos su condición femenina, pues ella encarna como referencia humana los ideales más calificados que se conciben alrededor de su respetable ser y figura.

Hablar sobre la mujer significa una motivación especial; es darle a su género las expresiones selectivas que emanan del corazón, y afirmarle con ellas lo mucho que encierra su dignidad en el mundo soñado de nuestras caras intenciones. La mujer posee amplios espacios en el esquema de la sociedad, donde reiteradamente recibe positivas adulaciones que la hacen sentirse indispensable, que por cierto lo es, sin discusiones ni objeción alguna, ya que en cada fémina se individualiza la obra genial del Creador al embellecer con su presencia lo más amado que distingue al medio con naturales atracciones de las que somos permanentes devotos. La mujer tiene por distintivo los merecimientos de su alma inquieta, y la razón que le asiste para sentirse dueña de cuanta admiración se suele ganar.

En cada responsabilidad de la vida cotidiana, la mujer juega un papel muy importante, y es receptiva de sus propias obligaciones cuando la disciplina le determina una función a seguir. En la oficina, en la empresa, en los quehaceres domésticos, o en las labores agrarias del campo, la mujer tiene una tarea que cubrir. Y dadas su capacidades y versatilidad cumple con disciplina lo que es competencia suya. Nadie, ni nada, puede subestimar la genialidad de la mujer frente a los tratados de la vida común, y si por cuestiones de apreciaciones equivocadas se pretende restar importancia a su hermosa y creadora labor, debemos tener la voluntad de hacer posible una cariñosa excusa que a tiempo llegue, o que al tiempo mismo llegare a ser oportuna. En toda mujer, en dependencia de la cultura que hay, o pueda existir en ella, se aprecia la capacidad del diálogo, de la amena conversación que cultiva la amistad como patrimonio indudable en sus objetivos.

Pienso que la mujer tiene la vocación de ser un elemento sociable, una persona de agradables concepciones en dependencia del trato humanista que se le conceda. No podemos esperar flore donde lanzamos espinas, y si por determinadas debilidades de carácter, o de vanos impulsos a los cuales todos somos susceptibles caemos en la comisión de un error involuntario, es preciso superar la actitud irrazonable de una falla, aportando la explicación que en estos casos compete.

Es necesario que los hombres sepamos entender a la mujer. ¿Cómo? Sencillamente apreciándola, sin pensar que los hombres somos dueños de la razón, o pontífices de ella. Siempre, en cualquier situación que nos encontremos es necesario saber que la mujer es portadora de sus propios juicios, o pareceres, y tenemos que ser flexibles hacia ella para llegar en conclusión a una saludable armonía que nos permita tener en nuestro fuero interno una agradable satisfacción.

La inteligencia es en la mujer un elemento básico que la lleva a tener sus propios fundamentos, siendo persuasiva en la formación de sus criterios cuando de entablar su punto de vista se trata. Y por ese análisis que la distingue, o ese detalle que es muy característico en todo ser femenino, es apropiado citar las palabras del genial filósofo contenidas en el Diccionario Antológico del Pensamiento Universal: “Las mujeres poseen un sexto sentido que las hace descubrir al hombre que las ama”.

El autor es periodista de Somoto.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí