La estela de daños ocasionados por el paso de los huracanes Eta e Iota se extiende en el Caribe Norte. Además de la destrucción, poco acceso a alimentos, enfermedades y desempleo, los pobladores registran un aumento en la violencia y la situación también ha provocado que la niñez se sume a la fuerza laboral de la zona.
«Los huracanes generaron varias afectaciones a las familias costeñas, a corto y largo plazo. Se puede notar un aumento en el trabajo infantil porque los padres tienen que buscar el apoyo de la familia para que puedan generar ingresos económicos. En este caso, los niños y niñas se ven forzados a participar, a salir de sus casas por ejemplo a vender naranjas o algunas cosas que ellos puedan tener, aquí también son vulnerados por las condiciones», declaró Shira Downs, directora del Movimiento Nidia White.
El Movimiento Nidia White, que trabaja en la prevención de la violencia contra las mujeres y niñas, sostiene que la Costa Caribe es una de las regiones con mayores cifras de violencia, pero tras el paso de los ciclones se ha notado un incremento significativo tanto en los índices inseguridad ciudadana – que se refleja en el alza en robos o asaltos – y del trabajo infantil.
Las últimas estadísticas del trabajo infantil en Nicaragua datan del 2012. Para entonces, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) indicó, a través de la Encuesta Continua de Hogares del III Trimestre de 2012, que en Nicaragua trabajaba el 31.1 por ciento de los niños de 10 a 18 años, equivalentes a 396,118 niños de un total de 1,273,834 de niños de esos rangos de edad que se estimó que habitaban el país. Para la organización, en Bilwi la situación se ha agravado.
Respecto a la inseguridad ciudadana, Downs apuntó que ante el desempleo y las múltiples necesidades que van desde alimentos hasta agua, «hay mucha gente ha optado por alternativas dañinas para conseguir sus recursos». En la última semana según la directora del Movimiento Nidia White, han encontrado a dos jóvenes fallecidos en circunstancias asociadas a la violencia.
Hacinamiento: vulnerables a la violencia
Según Downs, otra de las situaciones que vulnera a que los niños y niñas sean víctimas de diversos tipos de violencia, es el hacinamiento en el que conviven las familias que a penas han logrado reconstruir de los escombros sus viviendas.
«Los espacios seguros para las niñas están todavía más escasos. Nosotros sabemos que los casos que atendemos, el 80 por ciento de abusos se comenten dentro de los núcleos familiares desde padrastros, papás, tíos, primos y abuelos. Si las familias tenían sus viviendas, cayeron tres viviendas y se reconstruyó solo una, ahora corren mayor riesgo porque no es solo una familia que vive en una casa, ahora son de tres a cinco y eso aumenta que puedan sufrir condiciones de abusos por el hacinamiento», compartió Downs.
¿Qué se puede hacer?
Para la directora del Movimiento de Mujeres Nidia White, urge tener conciencia y sensibilidad para esta realidad que requiere también acompañada del apoyo psicosocial en todos los niveles; para mujeres, niñez y adolescencia, a fin de trabajar la parte emocional con todo el conjunto de la familiar, e inclusive en albergues acondicionados.
«Si no tenés la sensibilidad naturalizás lastimosamente los casos de abusos y lo ves como normal, antes era alarmante una violación y ahora nos estamos acostumbrado a la frecuencia de los abusos que los vemos como normal. Unificar esfuerzos en favor a las niñas y niños, tenemos que ser coherentes y priorizar la prevención y atención a la violencia y abuso sexual a mujeres y niñas», afirmó Downs.
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Añadió que deben existir procesos y condiciones para desde ya y a largo plazo poder controlar el trabajo infantil y más grave aún, la explotación laboral. «Aquí hay dos escenarios, el primero la explotación laboral, porque algunos prefieren mandar a los niños que ellos salir a trabajar, y el otro caso es que las condiciones los están obligando a salir a trabajar, entonces urge definir estrategias que permitan generación de ingresos a las familias, pero es algo que requiere un proceso de acompañamiento y de formación», concluyó la directora.