El castigo a la “gran mentira” de Trump

¿Cómo se castiga políticamente a alguien que acaba de recibir 74 millones de votos? Donde realmente duele… En la bolsa. Este pareciera ser el corolario que está dejando en su salida el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, luego de que perdiera las elecciones del pasado 3 de noviembre, que mintiera sobre quién ganó, que incitara a sus seguidores para que boicotearan la respectiva certificación de votos en el Capitolio, y que finalmente dejara la Casa Blanca recibiendo su segundo “impeachment” como castigo moral.

Con la suspensión definitiva de la cuenta del señor Trump en Twitter y luego del anuncio de varias empresas para sancionarlo a él y a los legisladores que le respaldaron en rechazar la victoria de Biden arbitrariamente, sin ninguna evidencia de fraude, estamos viviendo algo histórico: un fenómeno nuevo, que cada vez se está haciendo más común, como lo son los castigos del “gran capital” en EE. UU. a los flagrantes abusos de una clase política impúdica.

Así, pues, a manera de castigo de la “gran mentira” (que es como se está llamando a los alegatos de Trump de que supuestamente ganó los comicios), el sector privado está materializando el principio de que a los políticos lo único que les duele es el dinero, el que literalmente sirve como oxígeno para sus campañas.

Y en el caso concreto de Trump, luego que deje la Casa Blanca, se prevé que estará al borde de un cataclismo financiero solo comparable con las seis bancarrotas que tuvo a partir de 1991. Incluso, si se “autoamnistía” como presidente (lo cual implicaría una aceptación de culpabilidad criminal), entonces se estaría allanando, de hecho, ante cualquier demanda civil millonaria que puedan introducir las víctimas de los delitos autoamnistiados.

Y, de manera concreta, ¿quiénes dentro del sector privado están rechazando el “autogolpe” trumpista? La revista digital estadounidense Vox detalla que las siguientes corporaciones y transnacionales públicamente han anunciado que castigarán directamente a Trump, y/o que dejarán de aportar a las campañas políticas de quienes votaron en el Congreso por desconocer la legítima victoria de Biden:

Amazon, American Airlines, American Express, AT&T, Bank of America, la ponderosa Cámara de Comercio de EE. UU. (el grupo de cabildeo más grande del país), Citibank, Coca-Cola, Facebook, Ford Motor Company, General Motors, Google, la cadena de hoteles Hilton, la cadena de hoteles Marriott, tarjetas Mastercard, McDonald’s, Microsoft, Nike, tarjetas Visa, Walmart y Walt Disney Company.

Y ahora que Trump ya no es presidente, que no estará en las redes sociales y que probablemente en un futuro cercano va a ser perseguido por responsabilidades civiles y penales de parte de autoridades tanto federales como estatales (cuyas investigaciones estaban suspendidas debido a que don Donald aún ocupaba la presidencia), cabe la pregunta… ¿Habrá valido la pena todo lo que hizo para intentar cambiar “por sus pistolas” los EE. UU.? Si Biden y las cortes empiezan a desmontar uno a uno los bloques legales que deja su gestión dentro de poco, creo que no es grande el impacto que va quedar de él, eventualmente.

Y este írrito legado es todo lo que heredarán sus seguidores, quienes confundieron el “anticomunismo” mesiánico que Trump ofreció a diestra y siniestra, con el cruel racismo de una minoría retrógrada, algo que muchos latinos en el sur de la Florida, nicaragüenses entre ellos, parecen aún no entender.
El autor es emprendedor.

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