Es tarea impostergable la unidad opositora

En las democracias consolidadas donde prima el Estado de Derecho y el respeto por la institucionalidad basados en los principios establecidos por Locke y Montesquieu, siempre los ciudadanos a la hora de escoger a sus gobernantes tienen el cuidado de escudriñar, sobre el pasado de los candidatos y candidotes que optan por aspirar a los más altos cargos de la administración gubernamental, sea por una simple ambición personal o por una verdadera vocación de servicio público.

Traigo esto a colación, porque después de escuchar el lunes 11 de enero pasado la intervención del dictador Ortega, en la que sibilinamente nos da a entender que después de la farsa electoral que ya tiene preparada para el 7 de noviembre próximo, él y su consorte, a pesar de que solo cuentan con el 20 por ciento del electorado de acuerdo con encuestadoras fidedignas, nos amenaza con seguir al frente del país por cinco años más, para ludibrio y vergüenza de los que nos sentimos orgullosamente nicaragüenses. Con ese porcentaje de respaldo está claro que Ortega y su pareja son políticamente cohetes quemados.

No obstante lo anterior, sería un craso error si la oposición democrática no se presenta unida en esas elecciones, porque ya sabemos que el FSLN y el binomio Ortega-Murillo padecen de cleptomanía crónica y no van a tener empacho en robarse, una vez más, las elecciones.

Si no se unen ahora, más adelante los colgarán separados, porque hay demasiadas evidencias de que tanto los gobiernos de Venezuela como Nicaragua se proponen seguir los pasos de Cuba, implantando regímenes totalitarios de partido único y cero libertades.

Los que aducen que no importa que vayan dos o tres bloques más del sector democrático a participar en dichas elecciones, porque en el 90 del siglo pasado, fuera de la Unión Nacional Opositora (UNO), participaron otras organizaciones con pretensiones de zancudear y que a pesar de ello la mayoría de los votantes se volcó a votar en la casilla de la UNO, los que piensas así, repito, no saben de lo que están hablando porque las actuales circunstancias no son las mismas que prevalecieron por aquel entonces. Por razones de espacio solo daré cuatro diferencias:

Primero: Como resultado de los Acuerdos de Esquipulas firmados por los cincos presidentes centroamericanos, los dirigentes de la UNO pudieron movilizarse tanto dentro como fuera del país. Hoy, los presidentes centroamericanos brillan por su ausencia y los líderes de la oposición tienen sus casas por cárcel.

Segundo: El Consejo Supremo Electoral (CSE) estaba presidido por una persona honorable, Mariano Fiallos Oyanguren, y uno que otro magistrado opositor, que no se iban a prestar a los chanchullos del FSLN. Hoy, ya sabemos la calidad de los individuos que presiden el CSE.

Tercero: La candidata de la UNO fue una persona respetada por la colectividad nacional, inmaculada en lo político y en lo social, que por su extraordinario estoicismo frente al vil asesinato de su marido Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se ganó la admiración de casi todos los nicaragüenses. Me refiero naturalmente a doña Violeta Barrios de Chamorro. Hoy, no tenemos a esa persona ideal.

Cuarto: Mientras los dirigentes de la UNO se dedicaban a organizar cívicamente todo lo concerniente al evento electoral en ciudades y pueblos, en las hirsutas montañas de Nicaragua más de 20 mil combatientes armados de la Resistencia Nicaragüense (RN) estaban listos para entrar en acción en caso que se consumara el fraude electoral. Hoy, no existe la presión de tal movimiento armado.

He puesto sobre el tapete estas disquisiciones porque es imperativamente necesario, si se está pensando realmente en el bienestar de nuestra patria, que apartemos nuestras diferencias y busquemos de una vez por todas la unidad de todo el sector democrático y de auténtica oposición al régimen orteguista, para que tengamos el día de dichas elecciones —si se dan las garantías necesarias— una votación arrolladora a favor del cambio, que no deje lugar a dudas de la voluntad mayoritaria del pueblo nicaragüenses de vivir con justicia, progreso social y con igualdad de oportunidades para todos. Cualquier aspiración personal por el momento es contraproducente y debe postergarse, porque primero está la patria, luego todo lo demás vendrá por añadidura.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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