Cristianos en búsqueda

Todos en nuestro interior tenemos siempre la actitud de búsqueda: buscamos cosas distintas, buscamos otros objetivos a los demás. Vamos en búsqueda de nosotros mismos.

Nuestra vida es una constante búsqueda: unos buscan tener más dinero, placer o tener. Otros buscan ver cómo pueden solucionar sus problemas.

Otros buscan un trabajo para poder subsistir. Otros buscan ver cómo terminar su carrera y llegar a ser un buen profesional. Los solteros buscan su pareja y casarse. Las familias buscan la armonía y el educar a sus hijos con amor y sacrificio.

Otros buscan encontrar paz, encontrarse con Dios, otros buscan amar y servir. Cada uno de nosotros tiene su propia búsqueda…

También los discípulos iban buscando algo; por eso, Jesús se acerca a ellos y les dice: “¿Qué buscan?” (Jn. 1, 37). Pero los discípulos no buscaban cosas; su interés era Jesús y lo encontraron y se quedaron con él (Jn. 1, 39).

Su felicidad fue tan grande que no se conformaron con ello, sino que empezaron a proclamar ante sus amigos: “Hemos encontrado al Mesías, al Cristo” (Jn. 1, 41). Y aquella búsqueda terminó en encuentro y el encuentro en un seguimiento (Jn. 1, 40).

Los cristianos somos, como cualquier otra persona, gente en búsqueda. No buscamos nuestros intereses: “Que nadie busque su propio interés, sino el del prójimo (1 Cor. 10, 24).

No buscamos nuestra gloria, como tampoco la buscó Jesús (Jn. 8, 50). Ni recompensas algunas, como tampoco las buscaba San Pablo: “Desde luego no busco regalos” (Filip. 4, 17).

Tampoco buscamos las apariencias ni las alabanzas: “No buscamos la gloria de los hombres”. (1 Tes. 2, 6). No vivimos interesados en los milagros, como reprochaba Jesús a quienes les buscaban porque habían comido pan gratis (Jn. 6, 26).

Ni siquiera hacer lo que nos venga en gana: “No busco hacer mi voluntad” (Jn. 5, 30). Nosotros, los cristianos, como los discípulos, buscamos a Jesús, al Cristo, para encontrarnos con él y seguirle.

Esto es ser cristiano. El cristiano es el hombre: que al ir en búsqueda, se ha encontrado con una persona llamada Jesús. Que al encontrarse con Jesús, ha sentido una experiencia tan maravillosa con él, que no ha podido sino seguirle.

Encontrarse con Jesús supone una nueva forma de vida, de ver las cosas, de relacionarme diferente con mis seres queridos y amigos, es tener un corazón solidario con los que están en problemas, enfermedades y dificultades.

Lo que distingue a un cristiano de quien no lo es, es el seguimiento a Jesús. Es conformar nuestra vida con la de Jesús y hacer posible una nueva vida personal, familiar y comunitaria. Que busca amar y servir a Dios en sus hermanos.

El autor es sacerdote católico.

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