Al cumplirse 43 años del asesinato de mi padre el pasado domingo 10, recuerdo que espontáneamente el pueblo le bautizó como el “mártir de las libertades públicas”, porque si algo lo distinguió toda su vida fue su lucha incansable por la vigencia de las libertades ciudadanas en Nicaragua.
Fue una lucha inclaudicable por la vigencia de los derechos elementales de la persona humana, comenzando por la madre de todas las libertades, la libertad de expresión, fundamento como él decía, de todas las demás libertades.
Lamentablemente, desde abril del 2018 han venido siendo conculcadas, al extremo que hoy en día podemos afirmar —con evidencia inequívoca en mano— que la situación de las libertades ciudadanas está peor que en tiempos de Somoza. En la última década, pero más acentuados durante los últimos tres años, hemos venido para atrás como el cangrejo en materia de derechos ciudadanos.
Un informe del estado situacional de la Libertad de Prensa y el acceso a la información pública presentado el pasado lunes por la Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH) da cuenta que en el año 2020 se produjeron 360 agresiones a la prensa independiente, un promedio de una cada 30 horas, o sea que solo en cinco días de ese año no se produjeron agresiones.
El informe de la FBVCH sobre la década 2010-2020 indica que esta década ha sido caracterizada por “un entorno agresivo hacia la libertad de prensa y el acceso a la información pública”. En ese período desaparecieron, cerraron, o fueron confiscados 20 medios de comunicación.
Entre las más recientes y arbitrarias confiscaciones, ya oficializadas, está la de las instalaciones de Confidencial y 100% Noticias, ni hablar de los dos recientes asaltos policiales a la casa de habitación del periodista leonés Aníbal Toruño, que resultaron en graves daños a la propiedad privada.
El informe de la FVBCH indica que “al cierre del estudio, Canal 12 —Nicavisión S.A.— va rumbo a convertirse en el medio de comunicación independiente número 21 en desaparecer”. Agrega el informe que “el gobierno ha endurecido el marco legal que sanciona faltas de honor, a contrapelo de lo que se propone internacionalmente. En tiempos recientes, personas afinas al gobierno han promovido juicios por incitación al odio, amenazas, injurias y calumnias contra periodistas”.
Si la prensa libre, que es la primera línea de defensa de la democracia, está viviendo tan malos momentos en Nicaragua, ¿qué diría Pedro —mi padre— en estos momentos, si pudiera alzarse de su tumba? Seguramente pensaría que todas las otras libertades han sucumbido ante una dictadura que él siquiera imaginó.
Los ciudadanos no se podrán movilizar libremente, no podrán hacer demostraciones al aire libre, como ocurrió un tiempo durante Somoza Debayle cuando privó el estado de sitio y la ley marcial; seguramente los ciudadanos no podrán reclamar justicia porque la justicia no será imparcial; los ciudadanos irán a la cárcel injustamente, acusados de delitos ficticios que no cometieron, incluso de traición a la Patria; los ciudadanos de ese país no podrán pedir cuentas a los gobernantes mucho menos cambiarlos en procesos electorales libres, transparentes, competitivos y observados.
Entonces… ¿todo está perdido? ¿Recogemos la tienda? No lo creo. Hay una semilla plantada que germinará y dará sus frutos, por eso su grito de guerra, con convicción de héroe: “Nicaragua volverá a ser República”.
Una república pluralista, donde alcancemos todos sin distingo de ideologías, que prive el respeto a las libertades ciudadanas, donde podamos elegir y ser electos libremente; una república con plena independencia de los poderes del estado y donde prive, sobre todo, la libertad de expresión.0
El autor es periodista, exministro y exdiputado.