La campaña electoral inició

Nicaragua enfrenta su escenario más complejo en material electoral este año. 2021 es un desafío político para ambas fuerzas: la oficialista dictadura y la oposición nicaragüense. Ambas tendencias están conscientes de que con las debidas reformas electorales y la realización de elecciones conforme a los estándares internaciones, cualquier líder de la oposición ganaría con mayoría abrumadora. Sin embargo, la fortaleza del régimen es el control de los recursos, del poder electoral y decidirá qué voto será para Daniel Ortega y cuál para la oposición.

Naturalmente, refiero como oposición a la amplia mayoría del pueblo nicaragüense que desde el 2018 ha mostrado su descontento, ruptura y ha desafiado el terrorismo estatal por orden de El Carmen. Los años anteriores han postergado un eslabón primordial para hacerle frente al FSLN en noviembre de este año: ¡la unidad! No obstante, ¿a qué unidad me refiero? Precisamente, a esa unidad que exige el pueblo nicaragüense, que es la unidad con inclusión, sin exclusiones de ningún tipo y que de esta salga una fórmula electa entre las bases y no impuesta.

Por supuesto, la Alianza Cívica y su gremio joven (aun) han iniciado la campaña electoral: alientan la unidad, la organización y la cedulación masiva con caricaturas, pero dudo que cercanas a la realidad. Aún hay mucho por hacer y con estas propagandas no se logra más que una crítica generalizada. Cuestiono esto porque ambos gremios han dado señas de que optan por una unidad a la medida de los grupos fácticos y no de la que espera el pueblo nicaragüense.

No tenemos ninguna garantía para creer que las próximas elecciones van a desarrollarse como una fiesta cívica donde la praxis de la democracia sea la intención de las fuerzas políticas. Imaginemos un escenario represivo, sin opciones para hacer actos de campaña, un continuo asedio y criminalización de derechos y libertades como lo ha dejado claro la dictadura. ¡En Nicaragua no hay condiciones para tales elecciones! Sin embargo, tampoco el panorama debe prestarse para alentar a la abstención cuando puede ser una de las principales “legitimidades” del profético fraude que se gesta desde ya.

La oposición nicaragüense tiene referencias claras de fracaso: la de Venezuela y la de Bolivia. Una oposición débil, sin unidad, sin un proyecto de nación, sin ninguna propuesta clara y presión cívica y pacífica que obligue a la dictadura a realizar las reformas demandadas, tales elecciones sería una crónica de muerte anunciada; por ende, la prolongación y, temo, sin fin, de una dictadura a la mejor imitación de la castrista y chavista.

Esa unidad con proyecto de nación para hacer una “Nicaragua posible” es nuestro principal objetivo previo a campañas electorales absurdas y nefastas cuando aún hay presos políticos y exiliados. Sin ello, no habría el cambio que exigimos.

El autor es nicaragüense exiliado.

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