/ Arnoldo Castillo

A propósito de los nicaragüenses de segunda

El pasado 21 de diciembre el señor Guillermo Miranda escribió en la sección de opinión, un artículo que tituló: Nicaragüenses de primera y nicaragüenses de segunda.

En dicho artículo reflejó las limitaciones que diferentes gobiernos han inventado para conculcarnos a los nicaragüenses que hemos emigrado de la patria nuestros derechos civiles. Entre ellos el derecho al voto, el mecanismo oficial para dotarnos de una cédula de identidad, documento indispensable para optar a cualquier cargo de elección popular, no se nos permite optar a la Presidencia si tenemos una segunda nacionalidad. Esto por mencionar algunos, pues hay otras restricciones que nos convierten en nicaragüenses de segunda exponía muy acertadamente.

Dicho artículo tuvo amplia difusión entre la comunidad nicaragüense en Estados Unidos (EE.UU.), donde resido, pues puso en el tapete una injusticia de larga data. Hasta donde tengo entendido ya existe la ley sobre el voto en el extranjero. Pero por algún motivo el organismo encargado de reglamentarlo (Consejo Supremo Electoral) no lo ha hecho. Puedo asegurarles que somos más de medio millón los nicaragüenses que hemos adoptado por otras nacionalidades. Los que deberíamos tener el derecho a votar por el candidato que a nuestro juicio sería el más capacitado para gobernar los destinos de nuestra sufrida Patria.

No se me ocurre una mejor manera de demostrar que a pesar de la distancia, seguimos pendientes de nuestras familias, de los acontecimientos nacionales y en especial de los políticos. Los casi 2 mil millones de dólares que entran al país anualmente producto de nuestras remesas lo confirman.

Acá en EE. UU., hay miles de nicaragüenses que se han destacado en las diferentes especialidades en las que se han desarrollado, los hay profesionales de las más variadas profesiones que regresan a la Patria y llevan consigo un cúmulo de experiencias que debería ser aprovechada por el Estado para el beneficio de nuestros compatriotas, pero hasta donde tengo entendido, no existe una ley que le permita a estos compatriotas convalidar sus títulos de manera expedita.

Podría escribir el doble del espacio permitido en este artículo, compartiendo con ustedes los beneficios que los que hemos emigrado podríamos aportar a Nicaragua, pero voy a centrarme en los siguientes. Sin importar el contorno social o económico en que nos desempeñamos, hemos aprendido la importancia del respeto a las leyes y del beneficio que conlleva para los ciudadanos, el vivir en un país democrático, en donde se respeta la independencia de los poderes del Estado, un país en donde se castiga la corrupción del funcionario público y en donde el ciudadano común sabe hacia dónde va el producto de sus impuestos. En pocas palabras hemos comprobado cómo una sociedad gobernada por políticos probos progresa. Todo lo contrario de lo que sucede en los países como el nuestro, gobernado de espaldas al pueblo y para el beneficio de una camarilla corrupta.

En escasos once meses Nicaragua tendrá elecciones en las que se elegirán presidente, vicepresidente y diputados.

Espero que en esta ocasión el voto en verdad se cuente, pues de no ser así estaríamos condenando a Nicaragua a otro período de oscurantismo que solo Dios sabe a dónde nos conduciría.

Mi humilde consejo a quienes aspiran a cualquiera de las posiciones en juego, es que cumplan lo que ofrezcan, pero, sobre todo, no se presten a una mascarada electoral con la peregrina idea de ser favorecidos por la dictadura.

Nicaragua y los nicaragüenses dentro de nuestras fronteras no se merecen otra traición a la democracia.

Mientras tanto, nosotros, sin importar dónde nos encontremos, seguiremos aportando en la medida de nuestras posibilidades por esa Patria libre por la que hemos derramado tanta sangre.

El autor es empresario

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