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La mayoría de las familias cubrieron sus pequeñas casas con plástico negro. Pese a que recibieron láminas de zinc, los comunitarios expresan que no tienen madera u otros materiales para terminar de levantar sus viviendas. LA PRENSA/CORTESÍA

Plaga de moscas y zancudos afectan a comunidades de la Costa Caribe Norte

En Wawa Bar, la mayoría de las familias ya dejaron los albergues y se encuentran de regreso en la comunidad. Ahora son azotados por la malaria, moscas y zancudos

A dos meses del paso del huracán Eta por el Caribe Norte de Nicaragua, las familias poco a poco tratan de retomar la normalidad de sus vidas. En Wawa Bar, comunidad azotada fuertemente por el ciclón y situada a una hora en lancha de Puerto Cabezas, las personas han levantado pequeñas champas, un poco láminas de zinc, un poco de plástico negro y trozos de madera.

Más de la mitad de las familias ahí han cerrado sus casitas con plástico, mientras que otros lo han hecho con zinc debido a que no tienen las herramientas necesarias ni la madera suficiente para volver a erguir sus casas como antes. A pesar que no ha sido fácil el inicio de la reconstrucción, las familias dicen estar felices de volver a sus tierras.

Cándidas Tebas, una comunitaria de Wawa Bar, afirma que todas las familias ya dejaron los albergues y se encuentran en la comunidad, y que aún en medio de las limitaciones, los hombres  salen a trabajar en alta mar para poder llevar un poco de sustento a sus familias.

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Tebas aclara que si bien el gobierno brindó 20 láminas de zinc a cada familia – con las cuales se instaló el techo a las casas – y una provisión de arroz, frijoles y aceite hace más de un mes, hay ausencia de las autoridades correspondientes para atender los problemas que aún enfrenta la comunidad, como es la instalación de más pozos para abastecerse de agua o una provisión regular de alimentos.

«Ahorita lo que la gente está haciendo es ir al mar (a trabajar). Aquí (en Wawa Bar) no hay nada (de alimentos), ni coco y lo que tenemos que hacer es conseguir dinero pescando y con lo que se gana ir a comprar a Puerto (Cabezas), estamos tratando de volver a la normalidad», dijo Tebas.

Familias no logran tener las condiciones que tenían antes de los huracanes Eta y Iota. La falta de herramientas para trabajar, como lanchas, les imposibilita obtener ingresos. LA PRENSA/CORTESÍA

Malaria azota

Tebas asegura que en la comunidad ya casi no hay lugares inundados ni el hedor a animales muertos, y aunque rebuscan cómo conseguir el pan de cada día y acondicionar sus casitas, la mayor preocupación por ahora es una «plaga» de moscas y zancudos. De acuerdo a Tebas, hay casos de malaria grave en esa comunidad.

«Es un mosquero y un zancudero que no nos deja en paz, y de noche se pone peor. Ahorita de lo que se está enfermando la gente es de malaria», expresa Tebas.

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Un primo de Tebas recientemente fue diagnosticado con malaria Falciparum, el tipo más grave de esta enfermedad. Y pese a que estos casos se están dando en ese lugar,  no hay una brigada de salud para atender a los pacientes, relata Tebas. Según la ciudadana, hay un grupo de personas voluntarias que manejan las pruebas y medicamentos para esta enfermedad pero no hay una atención médica formal.

Buscando la sobrevivencia

Juana Bilbano,  directora del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), hizo énfasis en que las comunidades indígenas, como Layasiksa o Kukalaya, de la Costa Caribe Norte, siguen necesitando apoyo y ayuda para volver a la rutina de vida que tenían las familias antes de los huracanes.

Bilbano señala también que si bien las familias recibieron de parte del gobierno láminas de zinc -aunque otras no contaron con esta ayuda – están de manos cruzadas porque no tienen nada para poder levantar sus casas y menos ingresos económicos que permitan hacerlo.

Pero este escenario se ve agravado porque se suman las enfermedades que están azotando a los comunitarios, como diarrea, sarpullido, vómitos, fiebre. Esta situación se repite en las comunidades de Río Coco abajo.

«Hay comunidades que están muy mal», declara la defensora de derechos humanos, refiriéndose además a la proliferación de enfermedades, contaminación del agua y falta de alimentos.

«Estamos pidiendo como organización de derechos humanos que atiendan la parte de la contaminación del agua y atención de salud de todas esas comunidades, como la del Río Coco abajo», dijo Bilbano, quien señala que estos lugares no recibieron ayuda del gobierno.

Nacionales comunidades indígenas Costa Caribe Nicaragua archivo

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