En 2021 habrá elecciones en 9 países de América Latina. En cinco de ellos (Ecuador, Honduras, Perú, Nicaragua y Chile, en ese orden) las elecciones serán generales, o sea que incluirán las de presidente de la República.
En El Salvador, México y Argentina las elecciones serán de legisladores, y en Bolivia subnacionales, o sea para elegir a gobernadores, legisladores departamentales, alcaldes y concejales de los municipios.
En todos esos países, salvo Nicaragua, las elecciones serán libres y limpias en términos generales. En Chile, sobre todo, los comicios serán ejemplares porque se trata de un país que con toda razón y derecho aspira a formar parte del primer mundo. Chile estaba a punto de alcanzar la categoría de país primer mundista, pero se lo impidió la explosión social de 2019 motivada por las desigualdades económicas y sociales hábilmente manipuladas por la poderosa y astuta extrema izquierda chilena, afiliada al Foro de Sao Paulo.
En cuanto a las otras elecciones presidenciales, no cabe duda de que la de Ecuador también será libre y limpia. La única expectativa preocupante en ese país es la posibilidad de que gane en segunda vuelta el partido socialista del expresidente autoritario y populista Rafael Correa; igual que ganó el partido de Evo Morales en Bolivia, el año pasado, por la división de los partidos políticos democráticos.
En Perú también habrá elecciones justas y transparentes. Allí el gran problema es el desánimo electoral de la población por la inestabilidad política, la cual ha motivado la destitución de tres presidentes en los últimos años por acusaciones de corrupción. La quiebra moral del sistema político peruano es tal, que los dos candidatos presidenciales principales, Keiko Fujimori y el expresidente Ollanta Humala, también son acusados e investigados por corrupción.
Incluso en Honduras las elecciones serán aceptables, con las consabidas fallas de un sistema político atrasado y de instituciones débiles, lo que en las elecciones pasadas, de noviembre de 2017, facilitó las maniobras fraudulentas del presidente Juan Orlando Hernández para reelegirse a un segundo mandato presidencial.
El pato horrible de la fiesta electoral latinoamericana de 2021, es Nicaragua. Todo indica que Daniel Ortega se impondrá para un cuarto período presidencial consecutivo, aparte del que ejerció en los años ochenta y de la jefatura de la Junta de Gobierno que se instaló con el triunfo de la revolución sandinista. 26 años en el poder, hasta ahora.
En mayo próximo se vencerá el plazo que la OEA puso a Ortega para que haga las reformas electorales y restablezca las garantías constitucionales que garanticen elecciones justas y transparentes. Y que legitimen su resultado. Al respecto un alto miembro de la dictadura declaró hace poco que habrá reforma electoral en mayo, pero no porque lo pida la OEA. Habrá que ver de qué calidad serán esas reformas.
En cualquier caso, las elecciones del 7 de noviembre serán cruciales para Nicaragua. De ellas dependerá que se pueda tomar la ruta que conduzca a la recuperación de la democracia, o el camino que lleve a la consolidación de la dictadura y a un modelo de poder político totalitario, como los de Venezuela, Cuba, Corea del Norte y China comunista.